SOAPIE
Px: M.R.L.
Edad: 42 años
S: Paciente refiere: «Siento que las palabras no me salen. Nado en un mar de temas posibles y no logro decidirme por uno. Debo entregar el texto de mi columna esta semana. Ya se acerca la fecha de entrega».
O: Paciente femenina, en regulares condiciones generales, afebril, fascies de cansancio, ojerosa y lenguaje pausado. Signos vitales: Temp: 37 Resp: 20x’ Pulso: 68x’ T/A: 110/70mmHg.
A: Proceso de planificación ineficaz relacionado con demanda del entorno manifestado por expresión de incertidumbre y dificultad para tomar decisiones.
P: La paciente logrará una estructura de texto en las próximas dos horas.
I: Se facilitó un ambiente de silencio, aplicando técnica de escucha activa y autorreflexión.
E: Paciente refiere mayor calma; inicia la redacción de su columna escrita.
DE LA MISMA AUTORA: MANIOBRA DE SUPERVIVENCIA: AUTISMO SIN ESCARCHA
El guiño
La frase cayó un día cualquiera de la niñez con el peso de lo que no tiene remedio: «el defecto». La madre lo dijo sin saña, por pura ignorancia, y la niña se tatuó la sentencia detrás de la mirada. Desde entonces, el cuerpo dejó de ser propio para volverse un espectáculo público.
Masticar delataba. Bostezar, una exposición. Tomar jugo con pitillo. La niña sobre una silla de consultorio oftalmológico, que subía y bajaba, no entendía eso que decía su mamá, mientras los ojos de los otros —médicos, extraños, vecinos— señalaban el fenómeno. Aprendió entonces el arte del camuflaje. A medida que crecía, desarrolló una coreografía del disimulo: masticar con una lentitud ensayada, buscar siempre el ángulo de sombra en las reuniones, bajar la cabeza justo antes de que el nervio la traicionara.
Se volvió experta en habitar los bordes de la mirada ajena, tratando de que nadie notara ese baile eléctrico que ella no había pedido. Volteaba hacia los lados. Pelaba los ojos. Un cortocircuito en el rostro que la obligó a domesticarse. El mecanismo ha sido ese: la mandíbula baja, el nervio traiciona y el párpado trepa solo. Un cortocircuito en el rostro.
Creció así. Se puso un uniforme blanco. Se hizo enfermera para cuidar cuerpos ajenos, o quizá para entender el sabotaje del propio.

Un lunes, en el hospital Dr. José Francisco Molina Sierra de Puerto Cabello, mientras hacía una suplencia en el área de consulta, le tocó cubrir la del oftalmólogo Shaddy Gannan. El hombre era una referencia en el área; además de su don de gente, militar asimilado que escondía el uniforme de campaña bajo la pulcritud de la bata y que una vez le había vaciado a la madre un oído invadido por un cuerpo extraño. La mujer —que ya no era la niña del defecto— se detuvo ante él. No buscaba consuelo, buscaba el nombre de la cosa.
Gannan la miró. No hubo lástima, solo técnica. Le dio el diagnóstico como quien entrega una pieza de motor: Sincinesia mandíbulo-palpebral. Síndrome de Marcus Gunn. Una conexión errónea en los cables de los pares craneales. Algo que se puede operar, pero con lo que se puede vivir. A menos que la caída del párpado sea severa.
—Imagina, Marhisela —dijo el médico— que le estás guiñando el ojo a quien tienes enfrente. Ese es tu sexappeal.
Fue un exorcismo. La palabra del doctor no curó el nervio, pero cambió el relato. El estigma tenía nombre y apellido. Este rasgo lo comparte con su hermana, con un compadre. Ahora, cuando el párpado sube al ritmo de la mandíbula, la mujer no baja la cara. Sostiene el pulso. Sonríe. Sabe que el defecto es el carné de un club exclusivo que dejará de existir si se opera, porque para escribir este mundo se necesitan los ojos bien abiertos, la persiana no puede estorbar a la mujer que caza imágenes. El quirófano será el escenario de la libertad.
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Marhisela Ron León (Puerto Cabello-Carabobo-Venezuela): Poeta, licenciada en Enfermería por la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada.
Ha realizado Talleres de poesía a través del Instituto Municipal de Cultura de Puerto Cabello; también de escritura creativa con Nanda Nieves y de narrativa en Corrección Perpetuum, Escuela de Escritores de Caracas. Íntimo (2010) Bonus (2022).
Ciudad Valencia/RN/Fotografía de la autora Serge Páez













