Referiré acá lo sucedido en 1979 y años inmediatos dentro de mi activismo político revolucionario comprometido en Caracas y luego en otro destino. Reafirmo que estos años representaron una dura etapa coyuntural de gran represión gubernamental, la cual describí anteriormente. Me referiré esta vez a contradicciones personales que considero existen en todos nosotros como seres humanos.
Mientras realizábamos esa intensa actividad política en Caracas, con largas jornadas propagandísticas en la que normalmente amanecíamos en los espacios de la UCV, elaborando pancartas e imprimiendo volantes o manifiestos en los viejos multígrafos de entonces, en Maracay, y expresamente en la UCV Agronomía, sucedían múltiples situaciones que cambiaron radicalmente la correlación de fuerzas en lo político dentro de la conducción formal de dicha entidad ucevista de donde yo provenía (años 1978-1979).
Luego de mi expulsión a finales de 1974, ya cursando el octavo semestre, como plantee inicialmente, asciende al decanato de Agronomía otro docente adeco por los cuatro años siguientes (1975-1978). Ya decía que esta nueva autoridad fue un individuo que políticamente estuvo vinculado a la izquierda, ya que fue del MIR a inicios de los años ’60, y posteriormente se “devolvió” a su militancia adeca años más tarde. Este nuevo decano intentó desarrollar una política digamos menos intransigente que su antecesor (el anterior decano que nos expulsó, Pompeyo Ríos, hoy ya fallecido, entre otras cosas se jactaba de ser hijo natural de Juan Vicente Gómez y en correspondencia actuaba).
En medio de esta especie de etapa de distensión, los sectores progresistas consecuentes de Agronomía UCV, que estaban encabezados por unos 11 profesores, en su mayoría exmilitantes del MIR, que habían mantenido una beligerancia opositora a la gestión adeca (rechazaron pública y valientemente las expulsiones en 1974), lograron una recomposición de fuerzas, que incluyó una alianza con sectores disidentes socialcristianos, con la que se presentaron a las elecciones, ganando el decanato con una figura del progresismo humanista, el recordado profesor José Rafael Rodríguez Brito (fallecido en 2018, a sus 90 años), con lo que se abrió una perspectiva de cambios en dicho ámbito.
Ya para inicios de 1979, con las nuevas autoridades en ejercicio, unas de las medidas fue la de resolver la transición entre el plan de estudios vigente y un nuevo pensum ya aprobado. Esto era significativo para quienes como yo teníamos años ya adelantados, pero sin culminar la carrera. Es así como para ese año 1979 recibí la información desde Maracay, de quien se desempeñaba como director de escuela en Agronomía UCV (encargado de toda la parte académica) referido al exhorto que estaban realizando a todos los estudiantes con materias pendientes para que culminaran definitivamente sus estudios, en el entendido de que al implementarse el pensum nuevo aumentaría el número de materias a cursar y se agregaba la tesis de grado, que para ese momento no se hacía.
Me faltaba aprobar unas doce asignaturas, que estimaba podía culminar en unos tres semestres como máximo (cursando en forma flexible). Con esta información recuerdo que tuve varios días pensando cómo abordarlo en mi organismo de militancia. Finalmente planteé la situación señalando que pedía ser asignado de nuevo a Maracay, para poder combinar las tareas políticas que debiera cumplir con estos estudios finales, que me permitirían obtener el grado académico al que siempre había aspirado. Esto causó un gran revuelo y fui “reprendido” por lo que se consideró “debilidad ideológica” al jerarquizar lo personal ante el compromiso militante asumido. Entiendo que dado que estaba incorporado a la “Coordinación Nacional” de los CLP, se me imputaba que no era procedente solicitar “rebajar” las responsabilidades o así se interpretó.
Conscientemente uno asumía la llamada disciplina militante y tampoco era mi interés renunciar o desertar. Acepté lo decidido, que fue una sanción en cuanto a no ser ya parte del organismo nacional, aunque las tareas que cumplía, principalmente en materia propagandística, continuaron en igual intensidad. Para finales de 1979 vendría la propuesta de que a partir de 1980 me asignaban al estado Lara, a reforzar el trabajo legal como CLP, además de estar “autorizado”, si era mi interés, para continuar estudios de Ingeniería Agronómica en la “Universidad Centro-Occidental Lisandro Alvarado” (UCLA) con sede en Barquisimeto.
Todavía a inicios de 1980, cuando fui a Maracay UCV a solicitar mis notas para realizar una equivalencia de estudios en la UCLA, el director de Escuela (que luego fue decano en el período siguiente), Arnaldo Badillo Rojas, docente amigo fallecido en 2008, me insistió en quedarme en Maracay. Le pedí me elaborara una carta que facilitara la gestión de equivalencia de estudios. Así lo hizo y con esos recaudos me fui a Barquisimeto.
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Para mediados de 1980 estaba ya integrado a las tareas políticas en Barquisimeto, junto a la “compañera de siempre”. Había también adelantado las gestiones para ingresar a la UCLA. El trámite de la equivalencia resultó largo, y fue a mediados de 1981 cuando recibí respuesta. Me reconocieron las materias aprobadas en UCV, restándome igual unas 12 asignaturas por cursar. Pero, además agregaban otras 5 materias del llamado “Ciclo Básico Superior”, que debía aprobar antes de ingresar a la UCLA (en la UCV se hacía un “propedéutico” inicial, ya cumplido). Con esa limitante me dispuse a avanzar desde el “Básico”, aprobando 4 de esas 5 materias iniciales. Vendría posteriormente una razzia represiva nacional contra la organización (de mediados a finales de 1982), que significó la clausura, impuesta por las circunstancias, de estos estudios académicos.
La reflexión que comparto es sobre las decisiones de vida que uno debe tomar, consciente de lo que pretende jerarquizar en determinado momento. Para mí, más allá de la aspiración de concluir unos estudios universitarios, estuvo en esa etapa el deseo de cumplir unas tareas políticas que asumí convencido de su necesidad, ya que significaba la vinculación de una vanguardia insurgente para ese entonces, con el pueblo a través de los instrumentos organizativos que se habían creado.
Esto es lo que hace que hoy día esté lejos de arrepentimientos y de posiciones lastimosas. Se hizo un trabajo político para el que estábamos ganados y cumplimos (con aciertos y desaciertos siempre) y luego cuando se pudo o fue posible, se logró también culminar unos estudios académicos en momentos y tiempos distintos…
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“…ha emergido una nueva metodología de conocimiento de lo social que se apoya en la experiencia de lo vivido, en la subjetividad como forma de conocimiento, tan válido como los números, los modelos, las curvas o cualquier otro instrumento estadístico”. (Profesor Víctor Córdova. UCV, 2003)
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José David Capielo Valles es ingeniero agrónomo y magíster en Desarrollo Rural, egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Campus Maracay. Nacido en Coro, estado Falcón, en 1949. Es docente jubilado de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Núcleo Canoabo (2016). Es locutor, comunicador alternativo y colaborador de Ciudad Valencia desde 2014.
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