Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: Una de las resoluciones aprobadas en el 17mo Congreso Nacional y 4to Internacional de Historia, realizado en el estado Miranda el pasado mes de junio, propuso la revisión de los pensum y programas de estudio, así como la elaboración textos escolares que contribuyan a la descolonización de la memoria histórica.
La propuesta, que es reiteración de lo aprobado en el anterior congreso, está unida al debate sobre un concepto historiográfico que procura mirar los mismos hechos históricos desde una óptica diferente para visibilizar personajes, acontecimientos y procesos subestimados e ignorados por la historiografía tradicional. A ese concepto lo llamamos: Historia Insurgente.
El hecho histórico no cambia
En el común de las personas es posible advertir, cuando hablan de historia, que suelen referirse a acepciones distintas:
1) la historia como acontecimiento, como hecho del pasado: el 19 de abril de 1810, el fusilamiento de Manuel Piar, la disolución de Colombia.
2) la historia como disciplina científica, regida por un método para estudiar del pasado.
3) la historia escrita por los historiadores (la historiografía) es la disciplina centrada en el estudio y análisis de los hechos históricos, sus causas y consecuencias, con base en enfoques teóricos, conceptuales y metodológicos. Ejemplo: cuando se afirma que los Tratados de Trujillo, firmados entre Simón Bolívar y Pablo Morillo en noviembre de 1820, constituyen la base del moderno Derecho Internacional Humanitario, se está haciendo una interpretación historiográfica, fundamentada en la comprensión, análisis y explicación que de ese hecho histórico realiza un historiador; porque los Tratados, en sí mismos, no podían tener relevancia sobre hechos que aún no habían ocurrido. Es el historiador quien se la asigna basado en su interpretación desde el presente.
La diferenciación resulta importante porque la historiografía junto a la historia oral son pilares fundamentales en el forjamiento de la conciencia histórica. Nuestra visión del pasado se construyó con base en la imagen que de ese pasado realizaron, primeramente, los cronistas durante el proceso de invasión y conquista; luego quienes dejaron testimonio de los procesos de que fueron testigos o protagonistas; los que escribieron historias para congraciarse con el poder; hasta quienes con rigor científico y metodológico realizaron y realizan estudios interpretativos del pasado.
Las visiones historiográficas siempre estarán sujetas a debate e interpretación a la luz de nuevas fuentes, enfoques, concepciones, teorías y conceptos. El hecho histórico no cambia, en sí mismo es inmodificable: los españoles fueron derrotados en el campo de Carabobo en 1821, Ezequiel Zamora fue asesinado en 1860; eso son los hechos. Lo que cambia es la forma en que los entendemos, la interpretación sobre las causas y consecuencias, su trascendencia histórica y la relevancia que le asignamos en nuestro presente. Eso es lo que está sometido a constante debate y revisión.
El concepto “Historia Insurgente” pretende ser una herramienta conceptual y teórica que contribuya a mostrar nuevas miradas sobre nuestros procesos, hechos históricos y personajes, invirtiendo el lugar de enunciación desde el cual se ha escrito la historia, esto es, contarla desde los sectores invisibilizados, desconocidos, estigmatizados por la historiografía tradicional. Romper la concepción epistémica que establece como verdadera solo una parte de la historia: la contada por los cronistas, los hombres de leyes, los gobernantes, los personajes con poder: político, económico, militar o religioso.
Esas historias, escritas bajo la óptica del vencedor, contribuyeron a justificar el orden colonial establecido por la metrópolis española y, al mismo tiempo, desconocieron la cosmovisión de los pueblos originarios, negándolos y desvirtuándolos en su significación: histórica, antropológica y social. Con base en esas ideas, los europeos inventaron parámetros políticos, sociales, culturales y religiosos para definirlos a partir de lo que no eran, basados en los valores y creencias del conquistador.
Visto así, los pueblos originarios no eran personas, sino seres primitivos; no tenían religión, eran paganos; no tenían dioses, eran idólatras; no tenían cultura, eran salvajes; no tenían lengua, sino dialectos; no poseían conocimientos, eran atrasados; no seguían instrucciones, eran rebeldes; no eran racionales, eran brutos; entre otras adjetivaciones. Igual estigmatización ocurrió con los pueblos africanos traídos forzosamente a estas tierras. Son esas concepciones historiográficas que presentan al llamado proceso de conquista y colonización como un suceso beneficioso que sacó a nuestros ancestros de la barbarie, las que continúan siendo utilizadas (¿escasamente?) en los procesos de formación en el sistema educativo.
Mirada descolonizadora
Frente a esa concepción historiográfica hegemónica fundamentada en el eurocentrismo se procura construir nuevas interpretaciones que develen la historia de un pueblo invisibilizado y estigmatizado, que ha sido protagonista de primer orden en las grandes trasformaciones sociales, en la lucha por la libertad e igualdad. La Historia Insurgente privilegia la historia de las mujeres, los esclavizados, los excluidos, los derrotados, los sectores populares, en contraposición a la historia de las élites, pero no desde la caracterización elaborada por el colonizador con base en el orden metropolitano, o por las oligarquías criollas de la etapa republicana; sino desde la propia significación que tuvieron esos sectores de sus luchas, su cultura, sus aspiraciones.
Develar esas historias requiere mirar los mismos hechos desde perspectivas distintas. Mostrar el ángulo oculto del paisaje que no es captado por la fotografía. Quizás así podamos descubrir que las llamadas rebeliones y conspiraciones de zambos, negros y pardos eran luchas por la emancipación, contra el orden colonial, y no por la destitución de un funcionario discrecional y arbitrario o por la derogación de determinadas leyes u ordenanzas.
Quizás podamos descubrir que sí han existido proyectos de nación alternativos al colonial y al formulado por sectores criollos que se hicieron del poder una vez concluido el proceso independentista y disuelta Colombia (la grande); que no han sido considerados como Proyectos Nacionales porque los documentos, las categorías, los criterios, las concepciones utilizadas para estudiarlos y analizarlos han sido los aportados por los grupos de poder; ignorando, subestimando y despreciando los planteamientos, aspiraciones, visiones y concepciones de los sectores dominados y excluidos.
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Una mirada descolonizadora de la historia pasa por develar la continuidad de las luchas de los pueblos originarios, los esclavos y pardos, los campesinos y obreros, las mujeres, las luchas por el derecho a la tierra y al trabajo, las luchas estudiantiles, la insurrección armada, entre otras; bajo un hilo conductor que tiene a la opresión y la dominación como su denominador común. Estudiar esos procesos desde la mirada de los que nunca han sido considerados protagonistas de la historia, “los nadie”, como decía Eduardo Galiano, contribuirá a mostrar la otra historia de lo que hoy llamamos Venezuela, y abrirá nuevas perspectivas para entender nuestro pasado y comprender el presente nacional y nuestroamericano.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
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