Con 750 hombres, mujeres y niños migrantes, una embarcación naufraga frente a las turísticas costas griegas, son una cuenta más del rosario de muertes que la humanidad deja caer al mar. Seres humanos tan necesitados que el tema de la muerte había dejado de ser importante, para ellos el tema era vencer el mar como odiseos comunes y corrientes; provenientes de Siria y Libia países destruidos por las naciones que irónicamente trataban de alcanzar.
Casi simultáneamente, Hamish Harding, un archimillonario británico residente en los Emiratos Árabes Unidos, junto a otros cinco acompañantes, paga un flete abultadísimo en dólares en el minisubmarino «Titan», cuya misión era sumergirse 3.000 metros en el océano Atlántico y disfrutar la magia de ver los escombros del lujoso trasatlántico «Titanic», hundido en abril del 1912, pero se pierden en la oscuridad marina.
Por un lado del mar océano naufraga nuevamente el fruto de la incontrolable codicia. Del otro lado del mar naufraga una multitud hecha de amor, trabajo, soledad y de todas las cosas. Los intrépidos migrantes comparten su infortunio como quien comparte la música.
El descomunal contraste es muestra de un camino cuesta abajo, recorrido por la actual sociedad en las laderas de una degradación ética, moral y humana inimaginable.
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Sin que nadie lo note, el foco informativo se concentra en la suerte corrida por el lujosísimo submarino «Titan», mientras los cientos de cadáveres perdidos y tragados por el griego mar insólitamente dejan de ser «noticia» y contrariamente comienzan a llegar detalles de la excéntrica vida del riquísimo Harding. Quizás la cifra de muertes entre los náufragos árabes aumente, pero ahora el problema es Harding. Comienza el mito, su leyenda de ociosidades caras. El vértigo sin fondo de los que buscaban vivir se opaca ante la novel leyenda del hombre tentador, a falta de mejor oficio, de la muerte.
Tratando de salir a flote de esta asfixiante situación, vale preguntar: ¿Acaso los 5 náufragos del «Titan» y los cientos de ahogados migrantes no son igualmente víctimas del mismo sistema de la acumulación y codicia ilimitada?
Douglas Morales Pulido / Ciudad Valencia













