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Reseña a «Mamás por Whatsapp» de Sol Linares

«Soy una conjugación de miedos y silencios / que desgastan mis huesos y este espíritu aventurero / que me asalta a cada instante». Linda López: Yo en cinco tiempos.

Silvia Buenafuente trata de refundar sus alrededores como si se tratara del ajuste zigzagueante de un modo de vida religioso. Al casarse tenemos el fetichismo electrodoméstico y de línea blanca revuelto con sus ínfulas culturales, claro está, que exceden afán de figuración y reconocimiento social. Es súper Yo en cuestionamiento incesante. El divorcio conlleva una pelea a dentelladas con el lenguaje propio por consolidar en la banalidad mediática y de las redes sociales. La incomunicación electrónica nos retrotrae a Ionesco, Jarry y Beckett diluidos en la mar artificiosa de la pantalla de cristal líquido. Asimismo la candidez envenenada del Don Camilo de Guareschi. «Google debería llamarse Godgle. Al final es como hablar con God». En este caso, no se trata de colocar los caballos delante de la carreta, sino de montarlos pasajeros tirados por la confederación de Almas que agobia a la protagonista.

Al igual que Silvia, algunos nos hemos encontrado y extraviado en el Laberinto de Whatsapp. Desde un sonetista compulsivo que perdió a su Beatriz reencontrando a Gea para mayor gloria de Dios trino liberador, hasta una poeta Linda del verde Yaracuy que arrulla a sus hijos con el Gloria al Bravo Pueblo y Asturias, el poema de Pedro Garfias, tal como se lo cantaba su papá carnicero. Más allá de ubicarse Silvia Buenafuente en la Generación Millenial que boga su desconcierto amoroso entre gifs, stickers, memes y emoticones, su terquedad narrativa recrea la metáfora esencial de la Torre de Babel de guisa irónica y descreída: «Mi Whatsapp es una vulgar conserjería. Cada chat es un nivel de un edificio donde viven las personas que amo y desprecio». O también se asimila al Arca de Noé que vuelve a estrellarse en el monte Ararat: María Migaja la transexual, Sujin Contramaestre la atractiva mujer rapada y amazona, Lorenzo Casal el poeta gay tarotista, el novio José mulato con quien no puede vincularse, Fanny la sinófoba o el funcionariado del Departamento de Planificación donde sobrevive a duras penas nuestra poeta ingeniero.

Hay ecos de María Calcaño, cuando en Mamás por Whatsapp se desatan la lengua y corporeidad eróticas encendidas y luego se edifica poética de maternidad dulce entre espinas. El hastío del siglo XXI, acentuado con la Pandemia, la Cuarentena y la Parca vestida para la ocasión, es el marco nutricio y propicio para el aprendizaje definitivo de Silvia como mujer que se refunda Matria y terredad posibles. La Hija es la llave de su redención en Amor liberador que va más allá del bien y del mal. «Creciste. Te temí. Yo volví a ser una niña». El cordón umbilical da paso al acto vitalista y lírico del amamantamiento: » Hueles eso como azahar, como a cosquillas a flores? Eran mis tetas, mi leche sabía a flores blancas del Tibet». Más adelante, el destetamiento constituye un paso libertario y afirmativo que las vincula y repele en un estado de gracia único: «La nena soltó la teta, aburrió la leche. Amé su primera traición hacia la libertad».

 

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Por supuesto, el resquebrajamiento del núcleo familiar o colmena ebria, va en sincronía con el desahucio de la utopía de la República petrolera con su desarrollismo faraónico y despropósito real, político, socioeconómico y cultural del proyecto país. La inmovilización en el vértigo puertas adentro y afuera no es más que abismo de incomunicación en el mundo fallido de los satisfechos y los parias. El devenir histórico no es tránsito ni transición sino mutación viral Arcadia- Distopía-Incertidumbre. «El Estado, un Cancerbero adicto al crac». No sigamos echándole la culpa a Platón de la marginación de la Poesía y la Imaginación en su República perfecta e idealista. Se trata de la crisis estructural de la civilización misma, focalizada en una Venezuela que de ensoñación piadosa pasó a ser patria pobre acosada desde adentro y desde afuera: «Que forrajeo sobre la crisis venezolana como una abeja que encuentra polen, néctar y dicha (…) La literatura es el perfecto muro de los lamentos». Los capítulos son esbozos divergentes de libros proyectados empero no completados. Balbuceos, emociones encontradas, lloro y traqueteo de la dentadura. La disfuncionalidad familiar emula la del momento histórico. La hipérbole del discurso y el habla apunta a la bipolaridad de la Casa y el País.

La coyuntura se mueve entre el terror, el escepticismo y el candor al que nos mueve la Pandemia Covid-19. El Medioevo, el Apocalipsis en la fase de Armagedón entre tres Imperios, el Bestiario radioactivo de gatos mutantes y camada cachorra hecha polvo por el Parvovirus. Sólo hay una opción para Silvia, luego de tanto fracaso acumulado, toparse con su Hija y las complicaciones subversivas del Amor entre ambas. «Que todo se puede aprender en Youtube, menos a vivir, a coser los puentes rotos (…) Esa noche duermo contigo. Arropo tu desintegración». De manera que el capítulo 248, Instrucciones a mi hija por si muero, se nos antoja colofón abierto y a la vez Poema en Prosa proverbial, humanista y objetual cotidiano con que Silvia y su Hija, carne de su carne, sangre de su sangre, se preserven del Frío insoportable de este mundo en proceso de cambio, bien custodiadas las metamorfosis por la escritura díscola y entusiasta de nuestra Sol Linares.

 

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José Carlos De Nóbrega es un ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964). Licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Ha publicado los libros de ensayo Textos de la prisa y Sucre, una lectura posible, ambos en 1996, y Derivando a Valencia a la deriva (2006). Fue director de la revista La Tuna de Oro, editada por la UC. Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web. En el año 2021 ganó el concurso de Ensayo de la VII Bienal Nacional de Literatura Félix Armando Núñez y el concurso de Crónica de la V Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez, convocado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, por intermedio del Centro Nacional del Libro (Cenal) y la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.

 

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