El guerrerismo y el militarismo son las mayores expresiones fundamentales del imperialismo de EEUU en su auge y decadencia.
El desarrollo del control hegemónico y territorial en América latina y el Caribe como espacios geoestratégicos es unos de los objetivos que representa al gobierno de Donald Trump. Ya no es la apreciación de nuestro continente como “patio trasero” el desenlace en un mundo multipolar. La crecida pérdida de poder norteamericano frente a China y la Federación Rusa, es el punto clave de orientación en la doctrina político militar frente a las nuevas realidades de los últimos años. De tal modo que, hay una reformulación de parte de Estados Unidos en relación a su capacidad de agresión militar ante escenarios de conflictos de infraestructura, bienes o acceso a recursos.
LEER MÁS DEL AUTOR: LA MULTITUD DEMOCRÁTICA CONTRA EL IMPERIO
Es de esta manera que, comprender la valorización estratégica que los distintos gobiernos yanquis le otorgan a su política de gendarme y de penetración territorial a través de la instalación de bases militares, permite atender preservar y controlar los intereses y recursos que consideran vitales, sobre todo de carácter energéticos. Esta política de gendarmería (de policía) marca aspectos institucionales tales como la Iniciativa para la integración de la infraestructura Regional Suramericana. (IIIRSA) hasta El Plan Puebla Panamá. (PPP).
Resulta evidente que los objetivos que se trazan estos organismo entre otros son: Control, uso y acopio de los llamados bienes comunes entre lo que destacan: Naturaleza, energía, minerales, tierras raras, agua, conocimientos. En consecuencia América latina se convierte en territorio vigilado valorizando su capacidad de explotación y suministro de materias primas. En esta visión panorámica de la región Venezuela se convierte en objetivo central al no estar subordinada a la política exterior o hemisférica del gran tablero de la geopolítica imperial. Como dicen sus expertos en guerra “aunque muchos teman otro Vietnam, resulta necesario desestabilizar y someter a Venezuela y una de las estrategias es contar con el apoyo de Colombia». Sin embargo, a pesar de las 7 bases militares, el presidente Gustavo Petro ha asumido una digna posición al no prestarse a tan infame mecanismo de intervención contra nuestro país.
TE PUEDE INTERESAR: TERREMOTOS Y CAMBIO CLIMÁTICO: ¿ARMAS DEL IMPERIO? | CARLOS SIERRA*
La inestabilidad propiciada contra el gobierno bolivariano del presidente Nicolás Maduro, pasa por las distintas facetas de guerra hibrida, desde operaciones de financiamiento del paramilitarismo colombiano, hasta la ofensiva diplomático-mediática de presentar a nuestro país como un estado fallido, el cual debe ser intervenido.
En este corolario también entra lo que se denomina Lawfare, como un método no convencional, hacer la guerra a través de la justificación judicial, el uso de herramientas jurídicas para la destrucción de la imagen pública, inhabilitación de dirigentes políticos con el propósito de restarles credibilidad y apoyo popular, para esto se combinan ampliamente todas las coberturas mediáticas. Al ver las declaraciones de la fiscal general de los Estados Unidos, Pam Bondi y del secretario de Estado, Marcos Rubio, es evidente que en los discursos de ambos personajes prevalece una supuesta ética republicana en procura -supuestamente- recuperar el “orden” democrático ante el autoritarismo populista, la corrupción y el narcotráfico.
Como vemos esta es una confrontación donde ganar mentes y corazones (J. Kennedy) es el escenario principal, así como, destruir nuestra identidad cultural y sentido de pertenencia. Por supuesto que no lograrán hacerlo, tenemos mucha reserva y resistencia como bolivarianos y anti-imperialistas, a pesar de las grandes dificultades que enfrentamos.
Entre Luces y Sombras.
El guerrerismo
Juventud venezolana en entrenamiento constante para la defensa de la patria
El guerrerismo
Ciudad Valencia / RM












