No nos falta comunicación, al contrario, tenemos demasiada.
Lo que nos falta es creación. Nos falta resistencia al presente.
Gilles Deleuze y Félix Guattari
La generación y fabricación de indicadores de la opinión pública, sobre todo en el mundo periodístico de los medios de difusión masiva de la información, ha sido una de las actividades principales en la política de comunicación pública, tanto a lo interno como en política exterior de los Estados Unidos (EEUU).
En tal perspectiva, el teórico de la formación de la opinión pública, el norteamericano Walter Lippmann, alrededor de 1920, en su objetivo de la fabricación del consentimiento (ordenar el consenso político y cultural) señala que la verdad y la noticia no son para nada sinónimos, los hechos que queremos ocultar se mantienen como sentido común de la realidad, el rebaño ciudadano que recibe las noticias sigue las señales de los pastores en la medida que cubren la percepción de los hechos.
Como ejemplos históricos tenemos las noticias fabricadas (excusas) en la guerra española-norteamericana de 1898 por la posesión de Cuba, la doctrina “América para los americanos” fue aplicada. En otro orden de eventos, la participación en la primera guerra mundial “como algo inevitable”; de una postura neutral hay una transición hasta declarar la guerra a Alemania en abril de 1917, la excusa: ataques alemanes de submarinos a buques mercantes de bandera gringa.
Woodrow Wilson, presidente de EEUU para este periodo de la primera guerra mundial, manifestó ante los ciudadanos los “nefastos” planes alemanes tras la revelación del telegrama Zimmerman (mensaje cifrado) donde Alemania proponía una alianza a México para declarar la guerra al gobierno de Wilson y recuperar los territorios usurpados y ocupados de Texas, Nuevo México y Arizona.
Esta versión informativa legitimaba la intervención en la recomposición de la geopolítica mundial. La prensa del capitalismo europeo se encargó del resto de la narrativa y se consolidó la aprobación de la ciudadanía en la agenda bélica. En efecto: Dar a la gente un medicamento para que se sienta bien y que pueda responder a un dolor inmediato, sin alterar las condiciones objetivas que lo crean, como lo señala el investigador en comunicación Stuar Ewen.
El destino ha querido que los EEUU estén de ahora en adelante en el centro de la civilización occidental, antes que en la periferia, de esta manera Walter Lippmann se convertía en el sumo sacerdote a la hora de forjar las distintas matrices de opinión pública: “Los norteamericanos no podemos derramar una gota de sangre, sin derramar la sangre del mundo entero, no somos una simple nación, somos el mundo de la civilización occidental”.
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Vaya manera manifiesta de auto calificarse en línea de ascenso como tendencia de poder planetaria, los conceptos de soberanía, nación, pueblo, autodeterminación quedan restringidos a simples retóricas del derecho internacional.
Las nuevas formas de racismo, de identidades, de diferencias, de redes informáticas en el mundo digital, de procesos e itinerarios migratorios se enmarcan en la nueva geopolítica del espíritu neoliberal y conservador, donde una sociedad y comunidad global con características y contenido democrático sean incompatibles con el nuevo orden mundial.
Ciudad Valencia / José Ramón Rodríguez (Entre luces y sombras)













