Han sido pocos los inventos y descubrimientos trascendentales del hombre: reunidos, apenas pasan de una docena.
Entre ellos, tenemos la forma de hacer fuego, el lenguaje, la agricultura, la rueda, la ciudad, las matemáticas, la escritura, el comercio, el barco, la imprenta, el avión, el cohete, las computadoras y los medios electrónicos de reproducir imágenes, tanto fijas como en movimiento, y tanto directas como en conserva.

Uno de ellos, la escritura, es quizás el más elaborado y genial de todos. Incluso por encima de las matemáticas. Supone un paso aún más refinado, intelectualmente hablando.
En el proceso previo de creación del lenguaje, no se ha determinado qué fue primero, si las letras o las palabras.
El dilema persiste y, en cualquiera de los dos casos, quienes lo enfrentaron y vencieron merecen nuestro lejano reconocimiento.
Solo la reconstrucción del proceso generador del lenguaje y, a continuación, el de la escritura, resulta arduo para la mente. He aquí los pasos dados:
- 1) Reconocimiento de los sonidos articulados producidos por el hombre y deslinde de aquellos que designan cantidades, situaciones, objetos o individuos (prelenguaje).
- 2) Transformación de tales sonidos en signos sonoros reconocibles por los miembros de un grupo (lenguaje).
- A partir de aquí, el proceso pudo tomar una de estas vías:
- 3) Conversión de estos signos sonoros en palabras.
- 4) Descomposición de las palabras en signos básicos que representen, por separado, los diversos sonidos articulados que las constituyen.
- 3) Descomposición de los sonidos articulados que constituyen las palabras en signos escritos básicos (letras).
- 4) Reunión de los diversos signos escritos básicos para representar las palabras y nombres.
- Fuera cual fuera la vía, el proceso continuó así:
- 5) Elaboración de un catálogo de tales signos básicos (alfabeto).

Para que el código resultante permitiese la comunicación en un grupo o una cultura, era necesario que su conocimiento se difundiese entre los miembros de cualquiera de los dos.
Como se ve, el esfuerzo intelectual necesario para la creación del lenguaje y, luego, el de la escritura, fue formidable.
Como consecuencia de ello, en el origen de cada letra de nuestro alfabeto hay un trabajo de abstracción extraordinario y una historia que vale la pena conocer.
Cada letra y cada número tiene su propia trayectoria por la vida.

Como las personas, cada cual siguió una trayectoria que le llevó por diferentes caminos hasta su integración con los demás signos similares.
Tal proceso desembocó, con el tiempo, en los múltiples idiomas que conocemos e, incluso, aquellos que existieron y desaparecieron.
Nuestra lengua pasó por él y hoy es el código que sirve para que nos comuniquemos más de 550 millones de individuos en todo el mundo.
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Un código que ha servido para que se expresen escritores tan excelsos como Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, el Inca Garcilaso de la Vega, Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Rubén Darío, Gabriela Mistral, César Vallejo, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa y Luis Britto García, entre muchos otros de ayer, hoy y el futuro.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / Foto del autor Gerardo Rosales










