José Cristóbal Rivas Quintero era hijo de Cristóbal Rivas Escobar, hijo de don Rafael Rivas; nacidos todos en Altamira de Cáceres, el pueblo del pie de monte andino que fue la primera población fundada en la invasión y conquista española en lo que es hoy el estado Barinas.
Fue el menor de los hermanos Rivas Quintero (Solange, Mercedes, Alfonso, Julia) y se llamó como el padre y este lo llamaba “Tocayo”, que devino en “Toco”, como todos los paisanos de su generación le llamaron siempre.
Luego de la muerte del mayor Rivas, en 1958, doña Rosa Quintero, viuda de Rivas, se vino a Valencia con el Toco, pues aquí vivía ya Ramón Alfonso, estudiante próximo a graduarse de Derecho en la incipiente Universidad de Carabobo y juez en el pueblo de Tocuyito.
Se residenciaron inicialmente en La Pastora, en una de las dos casas mellizas que aún perviven frente a la Carnicería La Dalia Azul, por la avenida Anzoátegui, a unas cuadras del Colegio Don Bosco donde los hermanos estudiaron.
Fue en ese colegio salesiano, fundado creo por el padre Isaías Ojeda, donde empezaron a llamarle “Pichón” al tocayo de don Cristóbal por sus casi dos metros de estatura, y así se quedó en la Valencia de sus amigos.
El Pichón no continuó la brillante carrera académica de su hermano y desde muy joven se incorporó como trabajador en la Zona Industrial, vivía con la madre y tuvo una novia, Arlette Xiomara Landaeta, casi tan alta como él, con ella se casó y tuvo un hijo que llevó su nombre y fue su dicha hasta que “el mal tiempo aflojó su mano” en un accidente de tránsito, al día siguiente de haber comprado un carro, perdió la vida hará seis años.
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No hubo un día después de ese día que el Pichón no llorara al Negro, su muchacho. El duelo consumió a los padres, hace unos meses murió Xiomara y ayer, viernes 11 de julio, falleció José Cristóbal.
Un buen narrador pudiera novelar esos 67 años de la vida del Toco en Valencia. Hay tanto que contar en cada uno de nosotros, seres nacidos de mujer igualados todos por el supremo instante de la muerte.

Ahora los tocayos y las madres se reúnen para recibirle; ¿tendrán fiestas en el cielo?, ¿cómo saberlo?
Liberada del dolor y del sufrimiento, la iluminación va al encuentro de lo humano.
“Om Mani Pegme Hung”, oh, Buda de la Compasión.
Ya los restos mortales del Pichón Rivas descansan en el cementerio Puerta del Cielo en Naguanagua. “Om Mani Dewa Rhi”.
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Luis Alberto Angulo [Rivas], nació en Barinitas, estado Barinas en 1950. Desde 1972 reside en Valencia (Carabobo). Poeta y articulista.
Bibliografía directa: Antología de la casa sola, Una niebla que no borra, Antípodas, Fusión poética, La sombra de una mano, Antología del decir, Coplas de la edad ligera.
Premios: “IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC)”, así como de los certámenes nacionales de poesía “Francisco Lazo Martí” y “Rómulo Gallegos”.
Antólogo de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Gelindo Casasola, Ernesto Cardenal; “Rostro y poesía, poetas de la Universidad de Carabobo”, “El corazón de Venezuela, patria y poesía”.
Coautor con Luis Alberto Angulo Urdaneta de “Viento barinés”; con Luis Ernesto Gómez de “Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano”; con Nereida Asuaje de “Lubio Cardozo, Del lugar de la palabra”.
Textos suyos aparecen incluidos en las antologías: “Jóvenes Poetas de Aragua, Carabobo y Miranda” (Fundarte 1978), de José Napoleón Oropeza; “Poetas de Venezuela (Revista Poesía UC), de Reynaldo Pérez Só, y “Barinas, cien años de poesía” (1995), de Leonardo Gustavo Ruiz.
Ha sido invitado en varias ocasiones al Festival mundial de Poesía de Venezuela y a la Feria Internacional del libro de Venezuela (Filven).
Ciudad Valencia













