El examen: quizás el título de estos artículos no ha sido atinado, hasta ahora, quizás he debido llamar a la categorización de los docentes que ocasionan ruido en el sistema educativo, evaluadores nefastos; pero desde el punto de vista histórico, cuando se establece una arqueología del surgimiento de las evaluaciones y se sumerge en el interior del sistema capitalista, trazando la necesidad de castigar y hacer surgir la penalidad para incorporarla como norma en la circulación de las costumbres y las leyes, el educador, en sentido general, es una figura más de la represión, con la misma función de vigilancia y de hacer cumplir las leyes que el policía, el médico psiquiatra, los abogados y los curas.
La escuela surge para disciplinar a los alumnos, si observamos lo que significan estas palabras, nos percatamos que disciplina y castigo se empalman en la misma función: disciplina en latín significa enseñanza, aprendizaje, pero también significa, sumisión a las reglas, azote de penitente; castigar, se remonta a orígenes religiosos, significa hacer casto, limpiar mediante el acto de la punición.
El lenguaje nos acerca a la verdad y las palabras adquieren cuerpo y sentido cuando se les vincula al contexto social y cultural en el cual circulan. Castigar marca el nudo en donde se acopla el sistema judicial y el religioso, el pecado y la pena. Disciplina, en cambio, nos refiere al casamiento de tres subsistemas del sistema capitalista, el religioso, el judicial y el educativo, los tres reproducen el mismo tipo de subjetividad, aquel que es sometido a la regla.
Si nos fijamos bien, casi todas las palabras que conforman nuestro acervo pedagógico cotidiano están relacionadas con la vigilancia, el castigo, el sometimiento, donde el cuerpo viene a ser el escenario privilegiado para que el poder se ejerza y se multiplique: obedecer proviene del latín oír, en lo que está implicado al menos la función física y cultural del oído y la de mirar a quien se le va a obedecer.
Acatar, proviene del latín catar, que significa mirar, más tarde se utilizó como sustituto de obediencia, o más específicamente de reconocimiento de la autoridad; corregir proviene del latín corrigia que significa correa. En fin, tenemos todo un arsenal de vocablos que, indudablemente, tienen que ver con la función policial y con la militar.
La misma estructura física de las escuelas nos recuerda sus similitudes con el sistema carcelario que, desde el punto de vista social, es la escuela de los no sometidos por la disciplina, los que no acataron la autoridad vía escuela normal. La escuela normal surge en Europa a mediados del siglo XV como parte de toda una estrategia de dominio para normalizar, es decir, hacer cumplir la norma a través de la enseñanza. La principal arma para lograr verificar la entrada de la letra con sangre, era y continúa siendo, el examen.
Caída en desgracia la sociedad feudal, surgido en consecuencia el problema social conformado por los pobres, penetrado el ser humano por la división del capitalismo naciente, deambulan por las calles de las grandes ciudades de Europa los mendigos, los locos, los desadaptados; la sociedad multiplicó hasta la intolerancia las diversidades humanas, se hacía urgente reducir esta heterogeneidad insurgente que ordenada en ámbitos geográficos y morales fuera del control del poder amenazaba con deshacer el ordenamiento básico del dominio.
Surge así la sociedad de la vigilancia y del sometimiento, las ciencias humanas sirven de fondo ético y filosófico a todas las formas tecnológicas que procuran controlar a los cuerpos, esquematizarlos, examinarlos, recluirlos. La escuela es un enorme animal que devora las espontaneidades, el poder se transforma en saber (Michaell Foucault), en adelante la relación enseñanza-aprendizaje será la de un saber que se traducirá en el control mismo del que aprende y del que enseña. La sociedad desenreda sus intenciones en la sutileza y en la barbarie, es decir, en la escuela y en la cárcel.
El siglo diecinueve no sentía pena de mostrar la cárcel y la edificaba en medio de las grandes ciudades, pues el mostrarla era parte de la enseñanza del castigo, antigua secuela de las matanzas legales en la horca y la guillotina.
LEE TAMBIÉN: “Evaluaciones perversas (2)”
Los países latinos heredamos ese sistema de grandes y pequeñas penalidades que conforman un solo conjunto de lo que se desea lograr, introducir al poder en forma de saber de manera que la transmisión del saber prepare a los neófitos para un dominio mucho más amplio y profundo, someterse a la ley del mercado y de la producción. Lo heredamos vía colonialismo, vía dependencia capitalista, vía circulación del saber a través de la implantación del sistema educativo imitador del europeo.
El examen es, por tanto, una manera de controlar y medir hasta qué punto el poder se transforma en saber, hasta qué punto lo descontrolado puede transformarse en autocontrol, incubando en el comportamiento todo un sistema de cauces sociales y culturales.
***
Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).
(Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia













