Estamos acostumbrados a los desplantes y las exigencias de las divas y los divos de la música y el cine. Ni hablar de las insolencias de quienes se creen tales, sin serlo.
Pese a que muchas de tales veleidades resultan tan llamativas como absurdas, ya forman parte de la cotidianidad de los famosos y las consideramos normales e incluso obvias, como que viajen con su propio chef, que mientras comen se hagan rodear por un muro de entre diez y quince guardaespaldas o que exijan dos limusinas para sus traslados: una para ella o él y otra para que viaje(n) su(s) mascota(s).
Las divas y los divos no pueden salir a la calle sin que un enjambre, manada o piara de reporteros y fotógrafos les siga y deje testimonio escrito y/o audiovisual de sus peripecias, por muy terrenales que estas sean.

Ahora bien, las divas y los divos no existen solamente en el jet set. Los hay en todos los espacios físicos e intangibles de nuestro formidable universo.
En el mundo vegetal existe también una diva, pero esta tiene razón de serlo, pues se trata de la planta cuyo nombre científico es Theobroma cacao, de la cual se obtiene la sustancia más deliciosa que se conoce: el chocolate.
Dicho nombre, por cierto, no proviene del latín sino del griego y quiere decir nada menos que alimento de los dioses. Una denominación perfecta, sin lugar a dudas.
El divismo de esta planta se manifiesta mediante las múltiples condiciones que exige su cultivo.
En primer lugar, se le debe sembrar en lugares con clima húmedo y en suelos porosos, ricos en nitrógeno y potasio. Si tales lugares se encuentran a 400 metros sobre el nivel del mar son perfectos para ella. Las regiones idóneas para las plantas de cacao se encuentran en los trópicos de nuestro planeta, de allí que se dé con gran exuberancia en Venezuela.

El cacao, además, debe permanecer a la sombra de árboles de mayor tamaño, como cocoteros o plátanos, para protegerlo del sol y del viento. La temperatura en los sembradíos no debe sobrepasar los 30 grados centígrados, ni hallarse por debajo de los 20.
Luego de todos estos cuidados, la planta, una vez sembrada, demora entre cuatro y cinco años en empezar a producir los frutos, en cuyo interior permanecen las semillas de las cuales, una vez fermentadas, se obtiene el chocolate.
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Por cierto, se ha descubierto que esta diva maravillosa no es originaria de México, como se había creído e incluso se sigue repitiendo en algunos libros, sino que es nativa de una región comprendida entre Venezuela, Colombia, Ecuador y Brasil, en la selva amazónica y sus alrededores.
Estudios genéticos han demostrado que los árboles originarios del cacao –o, al menos, de una de las casi mil variedades de este–, surgieron entre las cuencas de los ríos Orinoco y Amazonas, que es como decir, en cuna de oro.
Sin lugar a dudas, nuestra queridísima planta de cacao es toda una diva.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / Foto del autor Gerardo Rosales












