María Alejandra Rendón- sororidad
María Alejandra Rendón, autora de la columna Nos (Otras)

«Gaslighting» (luz de gas): Se trata de una forma de manipulación utilizada para hacer que la víctima dude de su propio criterio. Emplea mecanismos y dispositivos  muy sutiles, al mismo tiempo que efectivos, para que otra persona  les reafirme constantemente hasta el punto de invalidar su opinión propia y convencerse fácilmente de lo que desea, una opinión contraria.  Se produce en esta una alteración en la forma de percibir la realidad o lo que se conoce en psicología como disonancia cognitiva, la cual se manifiesta cuando la persona hace lo posible por creer lo que no es verdad, en consonancia con lo que la persona abusiva desea hacer que crea.

Este término, que realmente no tiene traducción al español, proviene de una obra de teatro británica que, en 1944, se convirtió también en una película clásica de Hollywood llamada «Gaslight», en la que un hombre manipula a su mujer para que crea que está loca y así robar su fortuna escondida. Él esconde objetos (cuadros, joyas) haciéndole creer a su esposa que ella ha sido la responsable, aunque no se acuerde. También atenúa la luz de gas (no había electricidad) y le hace creer que el fuego sigue brillando en la misma intensidad que antes.

El origen de este término es importante porque implica que en este fenómeno hay una manipulación y abuso propositivo por parte de una persona, generalmente para obtener control y poder sobre la vida de otra. “Las personalidades narcisistas y sociopáticas son quienes ejercen generalmente este tipo de manipulación en la que hacen dudar al otro u otros de su propia realidad, descalificándola e invalidándola, generando mucha confusión e inseguridad en la víctima o las víctimas, ya que se puede tratar de más de una persona” (E. Reynosa, 2022).

El daño profundo que infringe viene dado por su aplicación de forma sostenida; prácticamente asimilan la realidad a través del criterio y juicio de una persona manipuladpora. “Cuando tiene éxito, se socava la confianza en sí misma de una persona y debilita su capacidad para funcionar, haciéndola más vulnerable a la manipulación y el control de los demás” (D, Lobel).

Por ejemplo, la persona que manipula puede negar algo que sucedió (plenamente consciente de que lo está haciendo), sembrando así la duda en la víctima, la cual no sabe ya qué creer. Esto le genera ansiedad, irritabilidad, estrés, angustia y confusión.

El gaslighting hace que la víctima dude sobre el funcionamiento de su memoria, dado que la persona manipuladora la convence de que recuerda cosas que no ocurrieron y de que no recuerda cosas que tampoco han tenido lugar pero dejan en mejor lugar a quien está intentando manipular al otro. También puedes llenar los vacios con historias inventadas. El uso de la mentira es constante y  principal recurso.

Por ejemplo, la persona manipuladora comienza enunciando una mentira que puede ser vista como una realidad.
Es decir, puede añadir una mentira a una situación que haya sucedido realmente y hacerle pensar a la víctima que lo ha olvidado. También puede anticiparse a algo que puede llegar a pensar la víctima, restándole valor, juzgando o victimizándose, de esta manera puede reducir el impacto cuando esta se enfrente a los hechos e incluso ponerla a su favor de manera anticipada.

Esto lleva a la víctima a no confiar en su capacidad para razonar y tomar decisiones, por lo que buscar ayuda en el criterio de los demás, y sobre todo en la persona manipuladora, a la cual no cuestiona, indistintamente de estar o no convencida. En pocas palabras, aunque todo en la realidad arroje señales e indicios de que la persona manipuladora miente, esta hará lo posible por creerle, dando mayor importancia a los elementos más creíbles y confrontando de manera inconsciente o consciente, las premisas menos creíbles. Es como un rechazo voluntario a la verdad, producto de la disociación y de las mentiras constantes.

“Esto, en la práctica, conduce a que la víctima de gaslighting adopte un rol de sumisión en la relación y deje que la otra persona tome todas las decisiones por ella. Este es uno de los principales incentivos para que quien está manipulándola psicológicamente siga haciéndolo; tal asimetría de poder entre ambos hace que se entre en un círculo vicioso que es complicado romper”, (Guardian, 2016)

 

¿Por qué ocurre el gaslighting?

Responde la psicóloga Ileana Reynosa:

“Cuando hablamos de un abusador y una víctima, en realidad tendríamos que pensar en que ambos han sido víctimas en algún momento de su vida, especialmente durante la infancia. Sin embargo, uno se identificó con su agresor (el gaslighter) y el otro desarrolló un problema de autoestima e inseguridad que lo llevaron a seguir un rol pasivo, de sometimiento y falta de confianza que repetirá en las relaciones interpersonales que establezca.

En el caso de quienes ejecutan el gaslighting, observamos principalmente dos tipos de personalidades, puede haber otras o una mezcla de ambas, pero estas son las que se encuentran más comúnmente en quienes ejercen este tipo de abuso:

  1. Los narcisistas pudo haber vivido una fuerte experiencia de abandono, falta de reconocimiento y validación que le llevan a compensar una realidad que le parece intolerable con sentimientos de grandiosidad, omnipotencia, necesidad de admiración y falta de empatía.
  2. Los sociópatas suelen ser individuos agresivos, que transgreden las reglas, incapaces para establecer y mantener relaciones interpersonales  ya que solo buscan su beneficio inmediato sin importarles que para obtenerlo afecten los intereses de los demás”

Siendo que se trata de una característica de la personalidad, esta práctica puede llevarse a cabo en la relación de pareja, oficina, familia, grupos de amigos, espacios políticos y de cualquier otro tipo de escenarios. Este tipo de abuso es  muy difícil de identificar porque hay control, a través de diversas formas de sujeción: culpabilizar, refuerzos intermitentes, sembrar la duda, minimizar las emociones de otro o invalidar sus percepciones a partir de “argumentos” en los que la persona manipuladora siempre está libre de responsabilidad y de remordimiento, son apenas algunas.  Por lo tanto es común que se emplee la retórica de la victimización o de la autoridad moral, generando así más confusión y culpa en la persona manipulada.

De manera que “Identificar que se está viviendo este tipo de abuso puede ser complicado porque no hay una evidencia tangible de la herida que esto puede causar. Sin embargo, si sientes que estás constantemente cuestionándote todo lo que percibes y sintiéndote culpable de lo que ocurre, puede que estés sufriendo de este tipo de abuso”. (ídem)

Según los actuales manuales de psicología, ante la sospecha de estar siendo víctima de “LUZ DE GAS” se recomienda:

Frente a claros de indicios de que algo no está bien, ponle atención a eso y examina qué partes no cuadran. A la hora de analizar las propias vivencias, nuestra experiencia cuenta más que la del resto. El último criterio a descartar es el nuestro. Ten en cuenta que ninguna persona está exenta de sufrir este tipo de abuso y que es de lo más común que se trate de personas en las que confiemos, a las que admiremos y no creeríamos que poseen intención de dañarnos.

“Recuerda que las emociones no son ni buenas ni malas, y nadie te puede decir si lo que sientes es cierto o no. Si tú dices «eso me hizo sentir criticado» o «me sentí triste por lo que hiciste» no lo estás sometiendo a debate. A fin de cuentas, si sientes que te humillan o te dañan psicológicamente, solo tú sientes eso; lo que experimentas no está sujeto a discusión”.

No pedir disculpas por sentir las emociones que se sienten, lo que sí se debe evitar es agredir, manipular o actuar de forma dañina.

“Siempre habrá una percepción particular de las cosas, un mismo evento pudo haber sido vivido de diferentes maneras por quien lo presenció. Sin embargo, cuando hay una posición de poder o autoridad, cuando idealizas al otro, sientes que lo necesitas, si presentas confusión y empiezas a dudar de lo que te pasa, confía en tu intuición”

Conversa la situación con otras personas. Es probable que haya miedo de verbalizar que se tiene la sospecha de estar siendo víctima de “Luz de gas”, pero es importante expresarse y ponerle palabras al problema.

No aislarse. Una de las características de las víctimas es el hecho de poseer un círculo afectivo restringido o controlado por  la persona manipuladora. Existe poca autonomía en sus relaciones, situación que, por lo general, no sucede al contrario. Por otra parte, el aislamiento, permite que la víctima  no pueda contrastar la opinión manipulada de lo que piensan otros. Siempre es confiar en nuestra interpretación, haciendo uso del razonamiento lógico y compartiendo el mismo con otras personas de manera clara y honesta.

 

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Es necesario tener en cuenta siempre que tenemos la opción del desacuerdo. Si tu desacuerdo siempre se ve juzgado o señalado, o sientes miedo de mostrar desacuerdo, debes tomar cartas en el asunto porque no necesitas asimilar la realidad por medio de otra persona. Así que resiste la tentación de convencer al otro o convencerte de lo expresado por otro para obtener aprobación.

Siempre se recomienda buscar ayuda por las siguientes razones: estos perfiles manipuladores no cambian, de hecho, también demandan ayuda terapéutica, pero no lo reconocerán, las fallas y defectos son del resto. Jamás asomarán dudas ante nada, lo que les permite sustituir las dudas por certezas fabricadas en su cabeza. Difamar y dañar moralmente a quienes  contradigan su opinión, creencia o versión, es su lema y principal arma. La victimización es una de las formas se manipulación con la que perpetúa su violencia pasiva. Sabe perfectamente lo que está haciendo y no le interesa en lo absoluto revertir la situación, sino seguir usando la misma a su favor.

A mayor tiempo se está en medio de un ciclo de abuso  psicológico continuado, basado en el Gaslighting, más difícil será detectarlo y superarlo, en estos casos, en los que la victima está en un proceso de enorme  alienación/confusión, producto de la disonancia cognitiva, es necesario pedir ayuda  a un profesional, quien dirigirá el proceso para superarlo por medio de terapias.

 

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María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.

PREMIOS

Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.

PUBLICACIONES

Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).

 

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