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«Sororidad» por María Alejandra Rendón Infante

María Alejandra Rendón- sororidad
María Alejandra Rendón, autora de la columna Nos (Otras)

La sororidad es un concepto que se refiere a la solidaridad y el apoyo entre mujeres. Proviene de la palabra «soror», que significa hermana en latín, y se basa en la idea de que las mujeres deben unirse y apoyarse mutuamente en sus luchas y experiencias compartidas. Pero esto no es tan simple, ni parte  de un hecho declarativo.

La sororidad implica reconocer las desigualdades y discriminaciones que enfrentamos las mujeres en diferentes contextos, así como promover un sentido de comunidad que va más allá de la coincidencia teórica o de naturaleza afectiva. En este sentido, la construcción orgánica debe, además, construir una subjetividad en la que el diálogo, en consenso, el reconocimiento, el respeto y la responsabilidad compartida tengan lugar.

La sororidad es una práctica para el acercamiento y el hermanamiento entre las distintas luchas que nos agrupan, con apego a la realidad. Y que tiene como objetivo salvaguardar el carácter estratégico de tal comunión.

Siendo que la cultura en la que todas las mujeres crecemos y nos desarrollamos ha promovido la «enemistad histórica entre las mujeres», la desconfianza, la rivalidad y la competencia, es importante poner en el debate este principio como cualidad necesaria, enriquecedora e innegociable para materializar los objetivos trazados desde los feminismos. Por lo tanto, es necesario proscribir las prácticas que hacen hincapié en las diferencias como premisa limitante, favoreciendo el discurso patriarcal y fortaleciendo su esquema de dominación, tanto en lo público como en lo privado.

Sororidad no es el ideal de lo homogéneo, es agrupar en el marco de la complejidad preexistente que supone la diferencia como producto histórico y dialéctico.

Las mujeres en la política hemos estado situadas en un papel subalterno y siendo instrumentalizadas para perpetuar las fórmulas de relacionamiento en las que solo los hombres inciden desde un pacto histórico de poder y privilegios; razón por la que es necesario asegurar que: nadie se beneficia más de la división, desconfianza y el no reconocimiento entre mujeres, que la cultura patriarcal, en tanto son elementos ético- políticos que limitan nuestro accionar, lo condiciona o lo imposibilita, perpetuando la dinámica sexista en el debate y quehacer político.

La sororidad no es amarnos entre todas y erradicar toda diferencia, sino construir una potencia común desde distintas formas de lucha. Marcela Lagarde dice al respecto: “Frente a los pactos a la usanza masculina (las formas excluyentes, sectarias, sexistas, supremacistas y violentas de enfrentar la disidencia y los conflictos) la sororidad surge como alternativa”.

El ejercicio de la sororidad es, ente otras cosas, defender la inclusión, promover la identificación  positiva del género; propiciar el consenso con las mujeres en función de las agendas de luchas, establecer alianzas, hacer pactos de coyuntura para objetivos estratégicos comunes, construir lazos políticos entre mujeres que respondan a principios que resguarden la estrategia y permitan la concreción de la táctica común, así como hacer esfuerzos sostenidos por cristalizar agendas concretas de cooperación.

Las mujeres debemos permanentemente escuchar, discutir, co-educarnos y apoyarnos con base a los principios y acuerdos construidos como masa, movimiento, célula o partido.  Es necesario comprender que todas provenimos de una cultura de silencio que ha estrechado esa posibilidad, y que tal escucha y tal apoyo son necesarias para la consolidar una unidad orgánica superior con carácter autónomo.

Por supuesto que mejor si también se promueven prácticas concretas que reivindiquen el afecto, el acompañamiento, el amor y la disposición de intercambiar conocimientos, herramientas, instancias comunes y agendas que disputen nuevas maneras de hacer política, sin embargo, se ha superado, afortunadamente, el esencialismo de considerar que la SORORIDAD es únicamente una cuestión afectiva y no una praxis ética-política que demanda reconocer a las otras desde la compleja diversidad.

La lucha, desde las distintas realidades, demanda reconocer en el par mujer una aliada y no al contrario. «Proponerse las gafas violetas, hacerse feminista, es desaprobar y desaprender un modelo y construir formas nuevas de SER políticas y de HACER política». M. L.

 

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Yo elijo el feminismo compañero, el que dialoga y reivindica el carácter dialéctico que acompaña toda lucha. El feminismo de la cercanía que no muda el debate de espacio: lo da con las hermanas y propicia el consenso. El feminismo en el que tiene valor quererse, apoyarse y reconocerse. El que escucha a sus compañeras y pone el objetivo de las mujeres primero, el que cuestiona el tratamiento sexista que se apodera de los espacios de decisión. El que llega a acuerdo con mujeres sin que intermedien los intereses masculinos de control y poder, porque ese el feminismo sororo: El feminismo para la nueva ética del poder.

 

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María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.

PREMIOS

Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.

PUBLICACIONES

Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).

 

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