Conocí a Fernando López Herrera en el Taller de Lectura y Escritura Creativa que organizó el Museo de Arte Valencia (Muva) en 2019. Los escritores Ramón Núñez y Willy Peñuela fueron los encargados de dirigirlo. El primer día fuimos ocho los que atendimos aquel llamado, y desde allí Fernando a su manera.
Esperábamos los sábados para correr al encuentro de esos nuevos amigos. No había instantes difíciles en esos momentos. En ese lugar inventábamos y discutíamos vidas ficticias de la mano de nuestros autores del día.

Laura Antillano, la afamada escritora que tanto apreciábamos y admirábamos a la distancia, nos evaluó al término de ese taller. Eso fue “culpa” del escritor Ramón Núñez, «El Cronopio Mayor», quien lanzó a sus polluelos al ruedo con la certeza de que estábamos preparados y, ¿qué les parece?, todo salió como él lo pensó…
El cronopio Fernando era un hombre muy especial; dentro de su mueca de seriedad, aparecía espontánea una espléndida sonrisa que iluminaba toda su cara, porque toda su cara reía.
Era uno de los miembros del grupo que tenía una manera muy especial de escribir, desde lo teatral, porque su vida fue un teatro, tanto en las tablas como fuera de ellas.
Llegaba al Muva en una motocicleta y, a pesar de que era un modelo básico, su actitud nos hacía pensar en que se trataba de una Harley-Davidson…
LEE TAMBIÉN: “Alguien bajo las morochas” por Carmen Pacheco
“No conocí todas tus facetas, Fernando, pero las que sí, fueron suficientes para apreciarte.
Recuerdo cómo caminabas, como si empujaras tu esqueleto moviendo los hombros al ritmo de aquellas largas piernas. Listo para leer o interpretar el instante en que te hallabas.
Un día de tu cumpleaños, cada uno de nosotros te hicimos un video para festejarlo. Todos fueron maravillosos porque manifestaban el amor que te teníamos.

Y un día, en el que no pude asistir, me perdí la oportunidad de verte guitarra en mano deleitar al final de la clase de ese sábado. Tenías tu estilo al momento de abrazar la guitarra. Te gustaban “Los Beatles”; siempre declaraste ser roquero de corazón.
En otras ocasiones, llevabas a una amiga al taller. La habías conocido hacía tiempo, y cuando ella estaba presente, te volvías mudo y taciturno. Fue cuando descubrí otro aspecto de ti; ella era la soledad.
Nos enteramos de tu muerte este domingo 21 de septiembre a primera hora de la mañana. Fue como un golpe seco en el estómago. No lo creíamos. Te fuiste con tu amiga y la guitarra para recorrer otros senderos, y ahí vas, caminando sin cuidado, pero con firmeza.
Te fuiste dejando un vacío inmenso, querido amigo, y estoy segura de que nadie podrá llenar ese lugar. Éramos ocho cronopios en el taller, y al igual que en el béisbol, tu puesto será reservado para la memoria.
Querido Fernando, siempre vivirás en nuestros corazones. ¡Conocerte fue un honor!”.
***

Carmen Beatriz Pacheco (Caracas, 1951) es cronista, dibujante y aficionada al haikú y al microrrelato. Ha participado en el Taller de Lectura y Escritura Creativa del Museo de Arte Valencia (MUVA) con el Prof. Ramón Núñez. También formó parte del grupo CEINFOLEIM, dirigido por el escritor José Luis Troconis Barazarte.
Integra el Laboratorio Narrativo Zuaas en cuyo libro colectivo «Relatos de lluvia (historias que caen del cielo)» (2025) interviene con tres relatos breves. También integra la Escuela Virtual «Historias en Yo Mayor» de la Fundación FahrenHeit 451 (Colombia).
Ciudad Valencia / Foto CP / RN













