Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: La vida política de Venezuela, desde el momento en que decidió avanzar en el proceso de ruptura con el nexo español—a comienzos del proceso independentista—hasta nuestros días, puede ser sintetizada en algunos conceptos que compendian las luchas emprendidas como sociedad a lo largo de más de dos siglos.
Metas colectivas que congregaron la participación y el apoyo de los venezolanos para hacerlas realidad, sin las cuales sería muy difícil comprender nuestro proceso histórico. Metas que se consolidaron en procesos históricos dialécticos cuyos consensos se alcanzaron de forma progresiva en medio de complejas dinámicas políticas y sociales. Esas Ideas Fuerza son: la Independencia, en el siglo XIX; la Democracia, en el siglo XX; y mucho más que antes, la Soberanía, a partir del 3 de enero de 2026.
DEL MISMO AUTOR: BOLIVARIANISMO CONTRA MONROÍSMO
La Independencia, factor de común encuentro
Contrariamente a la visión sembrada en el imaginario colectivo nacional, la Independencia no fue un proceso unánime, asumido indubitablemente por la sociedad venezolana de comienzos del siglo XIX; fue, por el contrario, un proceso político y social que tomó fuerza aplastante de forma gradual, forzada y cautelosa, en la medida en que factores de orden interno lo propiciaron y circunstancias externas coadyuvaron a concitar los consensos necesarios.
La ruptura con España, liderada por el sector más pudiente de la sociedad —el llamado mantuanaje, propietarios de tierras, haciendas, ganados, esclavizados— planteó la independencia como un cambio que implicaba la sustitución de un orden político por otro, manteniendo la misma estructura de desigualdad social que caracterizó al período colonial.
Así, la Independencia fue en sus inicios un proyecto excluyente que representaba solo los intereses del mantuanaje criollo. Intereses que tampoco eran uniformes, pues subyacían aspectos de carácter político, económico y regional, que permiten comprender y explicar las disidencias de las provincias de Maracaibo, Coro y Guayana respecto al proceso constituyente y la declaratoria de independencia.
Un proceso excluyente que hace posible entender el carácter de guerra interna que envolvió la gesta bélica entre los años 1811 y 1815 y explicar por qué —en su inmensa mayoría— los sectores populares (pardos, aborígenes y esclavizados) no apoyaron los gobiernos constituidos alrededor de las llamadas Primera y Segunda Repúblicas.
La República mantuana no representaba para los sectores populares un cambio que condujera a la superación de la condición de explotados y marginados prevaleciente en la colonia. Paradójicamente fue un caudillo realista, José Tomás Boves, quien levantando las banderas de la guerra social y la violencia ilimitada ofreció la redención de estos sectores y alterar, radicalmente, la estructura social imperante desde la colonia.
A partir de 1816, la gesta emancipadora adquiere carácter social incorporando a los sectores excluidos y haciéndose popular. El decreto de libertad de esclavizados, emitido por Bolívar en Carúpano ese año; la promulgación de la Ley de Haberes Militares el año siguiente; el reconocimiento e incorporación la causa republicana de liderazgos militares y populares, como el de José Antonio Páez a partir de 1818; la solicitud de abolición de la esclavitud ante el Congreso de Angostura, en 1819; fueron pasos fundamentales para cambiar la percepción de la gesta emancipadora en los sectores populares.
La desigualdad política y social continuó después de alcanzada la Independencia, se mantuvo tras la ruptura de Colombia (la Grande) y fue factor esencial del estallido de la Guerra Federal.
La gesta emancipadora comenzó a adquirir nueva dimensión en la medida en que durante los gobiernos de Guzmán Blanco se hicieron esfuerzos por consolidad la idea de Nación. Así, junto al simbolismo representado en el establecimiento de la bandera y el himno como símbolos patrios, la creación de la moneda y plazas con el nombre del Libertador, además de un lugar para rendirle homenaje a los héroes de la gesta contra España, Bolívar el primero, la Independencia comenzó a ser percibida como factor de común encuentro de los venezolanos en el que todos los sectores empezaron a sentirse representados. En la forja de nuestra Identidad Nacional, la Guerra de Independencia se convirtió en factor de unidad nacional.
Defender la soberanía, nuevo factor de encuentro
Consolidada la Identidad Nacional, alcanzado el control político y militar del territorio, establecida la unidad de mando cuya columna vertebral fue el Ejército Nacional, procesos que cierran su ciclo con Juan Vicente Gómez, la sociedad venezolana comenzó a transitar una etapa de complejidad social y política que propició el surgimiento de nuevas demandas y retos. Así, conquistar la democracia sería la gran bandera venezolana del siglo XX.
Tras la muerte de Juan Vicente Gómez emergió en el país un complejo y efervescente proceso social y político empujado por la aparición de nuevos sectores sociales: la clase obrera, la burguesía industrial y comercial, y el sector estudiantil. A los postulados positivistas con los que se adelantaron estudios y visiones sobre la sociedad y la historia se sumaban formas novedosas de comprensión y explicación provenientes del materialismo histórico y dialéctico.
Conquistar la democracia fue una idea que tomó fuerza y forma en la medida en que la prensa servía de tribuna para la exposición y confrontación de opiniones; surgían nuevas organizaciones políticas y un pujante sector sindical comenzaba a organizarse.
Superar el sistema electoral de tercer grado en el que solo los hombres mayores de edad que supieran leer y escribir tenían derecho a ejercer el sufragio para elegir concejales y legisladores, quienes a su vez votaban para designar los integrantes del Congreso Nacional, ente que finalmente era el responsable de la elección del Presidente de la República, y pasar al voto universal, directo y secreto, cuyo único requisito era la condición de ciudadano adquirida con la mayoría de edad, fue el propósito que congregó la unión nacional en el siglo XX.
Un proceso que fue acompañado de otras demandas: derechos sindicales, demandas educativas y ampliación de la participación femenina en diversas instancias de la sociedad, entre otros aspectos.
A partir de 1958, el sistema político consolidó un sistema electoral que con el tiempo dejó de ser expresión de la voluntad política nacional. Los altos índices de abstención de los lustros finales del puntofijismo así lo confirman. Pero la democracia como esencia no perdió vigencia. Levantar las verdaderas banderas de la democracia sintetizadas en el llamado Espíritu del 23 de Enero fue uno de los anhelos que alentó los procesos de cambio en los años finales del siglo XX.
El proceso de cambios de diverso orden abierto a partir de los gobiernos del presidente Hugo Chávez, en 1999, condujo a un cambio radical en la concepción de la democracia y la defensa de principios republicanos. Al carácter representativo del sistema político se incorporaron dos nuevos apellidos: participativo y protagónico.
La defensa de la soberanía y los intereses nacionales se hizo centro fundamental de la gestión de gobierno. La política petrolera, representada en los esfuerzos del gobierno bolivariano por reflotar la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 2001 y su reforma en 2006, constituyen pasos para hacer valer la soberanía y los intereses nacionales.
La agresión militar perpetrada el pasado 3 de enero de 2026 pone como prioridad de la sociedad venezolana, en el siglo XXI, la defensa de la soberanía nacional. El proyecto republicano conquistado tras el triunfo de la gesta emancipadora es lo que está amenazado. La defensa de la soberanía debe ser el nuevo factor de encuentro de los venezolanos.
La contradicción imperio-nación constituye el principal desafío que debemos enfrentar. Afrontarlo con éxito exige la unidad de todas y todos los venezolanos, quienes, como decía el historiador Augusto Mijares, sentimos la patria hasta en las vísceras. En este momento histórico, la defensa de la soberanía nacional es la gran bandera del siglo XXI.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
Ciudad Valencia/RN










