Venezuela en el centro geopolítico mundial:

“El viejo mundo se muere.

El nuevo tarda en aparecer.

Y en ese claroscuro surgen los monstruos”

Antonio Gramsci

 

“El amor, madre, a la patria

no es el amor ridículo a la tierra,

ni a la yerba que pisan nuestras plantas;

es el odio invencible a quien la oprime,

 es el rencor eterno a quien la ataca”

José Martí

 

La agresión militar imperialista contra Venezuela ejecutada por el gobierno de Donald Trump el pasado 3 de enero de 2026 no solo constituye una flagrante violación al derecho internacional instituido en la Carta de Naciones Unidas que establece la resolución pacífica y diplomática de los conflictos, el respeto a la soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la concurrencia a las instancias internacionales para dirimir controversias. El hecho sienta un grave precedente cuyas repercusiones se notarán en el futuro cercano, convirtiendo a Venezuela en punto fundamental en la disputa por el Nuevo Orden Mundial en gestación.

Más allá del terrible y doloroso momento que vive la patria de Bolívar, resulta importante trascender la mirada al hecho propio de la agresión, inscribiéndola en los esfuerzos de Estados Unidos por sostener una hegemonía mundial cada vez más golpeada, así como en las acciones de otras naciones, lideradas por China, Rusia e Irán, para zafarse de las sanciones comerciales, financieras y políticas a las que regularmente acude Washington para alcanzar sus propósitos. Recordemos las infaustas declaraciones del entonces presidente Barack Obama, en 2015: “Tenemos el ejército más fuerte del mundo y en ocasiones tenemos que torcer el brazo a los países si no quieren hacer lo que queremos a través de métodos económicos, diplomáticos y a veces militares”.

Las líneas que siguen intentarán presentar, desde una perspectiva histórica, argumentos que procuran abonar a una mayor comprensión del contexto actual, más allá de la coyuntura. No hacen parte de esta reflexión, porque no tenemos elementos para hacerlo, aspectos de carácter estratégico militar interno que hayan podido incidir en la forma como se produjeron los hechos del 3 de enero. Aventurarse en hipótesis sin elementos reales y concretos resulta temerario y contrario al clima unidad nacional, confianza y respaldo que debemos brindar a la presidenta encargada Delcy Rodríguez Gómez.

 

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1) El orden geopolítico mundial conformado tras la segunda postguerra, en 1945, fue hegemonizado por Estados Unidos de Norteamérica en los ámbitos: monetario, financiero, comercial, diplomático. Ese andamiaje le otorgó la fortaleza para constituirse en la primera superpotencia del planeta, hegemonía solo disputada por el poderío militar de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El diseño del sistema monetario internacional, acordado en Bretton Woods, implicó que las reservas monetarias netas de las naciones estarían respaldadas en oro, un activo con muy escasa depreciación y alta demanda en los mercados internacionales. Para entonces, EE.UU poseía cerca de dos tercios de las reserva de oro del planeta. Prevaliéndose de esa capacidad, diseñó y estableció un mecanismo de intercambio monetario en el cual el dólar se convirtió en la moneda de intercambio mundial. Muchos países depositaban sus reservas de oro en bancos de EE.UU y a cambio recibían el equivalente en divisas. La Reserva Federal norteamericana se convirtió en el banco del mundo. La arquitectura monetaria funcionó con excelente capacidad hasta que a finales de los años sesenta Francia decidió repatriar sus reservas de oro, medida que pretendió ser emulada por otras naciones, planteando la interrogante acerca de la real capacidad de EE.UU para brindar respaldo al dólar, interrogante que con el tiempo contribuyó a mermar las reservas de oro norteamericanas amenazando con develar la fragilidad de su moneda. En un proceso de reingeniería monetaria, EE.UU alcanzó un acuerdo con Arabia Saudita, uno de los mayores productores de crudo, que consistió en comercializar el petróleo en dólares. Así nació el llamado petrodólar. Al ser el petróleo un recurso insustituible para el funcionamiento de complejo industrial del planeta y el sostenimiento del comercio mundial, la medida posibilitó a la Reserva Federal continuar emitiendo ilimitadamente moneda estadounidense sin ningún tipo de respaldo en la producción de bienes y servicios. Otro punto de apalancamiento del dólar como moneda de intercambio lo constituían el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) instituciones que asumieron el dólar como moneda de reserva para auxiliar la economía de los países en momentos de crisis. Ese sistema monetario diseñado hace ochenta años acaba de ser seriamente amenazado y prospectivamente vislumbra disminuir la capacidad de Washington para “torcer” la voluntad de las naciones que no se alineen a su política exterior.

2) La caída del Muro de Berlín, en 1989, y la disolución de la URSS, en 1991, facilitaron la consolidación de EE.UU como única superpotencia y “policía del mundo”. Bajo esta realidad, la política exterior norteamericana comenzó a sentenciar unilateralmente y en base a sus intereses geoestratégicos lo que podía ser aceptable o no en el ámbito internacional, qué debía ser considerado bueno o malo, pero sobre todo, bajo qué parámetros se juzgaría el sistema político de cada nación. Así, monarquías petroleras del Golfo Pérsico eran consideradas sistemas democráticos, al tiempo que gobiernos como el de Sadam Husein fueron hostilizados y satanizados. En el terreno económico EE.UU impulsó el libre mercado como panacea del crecimiento económico y la generación de riquezas. El modelo suponía la desaparición del Estado como actor esencial del ámbito económico, el desmontaje del Estado de Bienestar instituido en muchas naciones después de la segunda postguerra como mecanismo para corregir las asimetrías sociales, así como la apertura irrestricta a capitales privados para apoderarse la infraestructura industrial y de servicio construida o adquirida por el Estado. En la práctica se trató de una transferencia de capitales al sector privado. La expansión del capital transnacional que ocurrió de forma progresiva, sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, había entrado en un proceso de ocupación territorial a través de grandes corporaciones—financieras e industriales—que requería apropiarse de la infraestructura existente en las naciones del continente para aumentar la expansión de sus actividades económicas. Visto así, la crisis de la deuda en América Latina—y de Venezuela en particular—no habría sido solo un hecho atribuible a la ejecución de políticas erróneas, desacertados manejos financieros, desplome del precio de las materias primas y numerosos hechos de corrupción que habrían rodeado las particularidades de cada uno de los países; sino a un plan orquestado desde los centros imperiales de poder: Estados Unidos, la banca privada internacional, grandes corporaciones industriales transnacionales; cuyo fin habría sido apoderarse de la infraestructura industrial y de servicios construidas en los países del continente en el marco de las políticas de desarrollo económico y sustitución de importaciones2 . Desde mediados de los años noventa EE.UU comenzó a diseñar un plan sistemático para implementar políticas neoliberales de libre mercado y privatización de activos estatales conocido Consenso de Washington, que tuvo expresiones concretas en Venezuela en los programas de ajuste macroeconómico implementados durante los gobiernos de Pérez II (1989- 1993) y Caldera II (1994-1999). El arribo a la Primera Magistratura del Comandante Hugo Chávez representó un cambio radical frente al modelo económico neoliberal: colocó en el centro de la política económica al pueblo venezolano redistribuyendo la riqueza nacional con especial énfasis en la inversión social que condujo al pago de la inmensa deuda social acumulada, la reducción de los índices de pobreza y pobreza extrema. El sostenimiento de los programas sociales pasaba por un rediseño de la política petrolera que sostenía Venezuela. Chávez impulsó el proceso de rescate de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que permitió establecer bandas de precio en la comercialización del crudo, el respeto a las cuotas de producción, el rescate y fortalecimiento de la organización como un actor fundamental en la cotización del petróleo. En el ámbito interno, promovió en 2001 una nueva Ley de Hidrocarburos que hizo justicia a los términos acordados con las empresas durante la llamada Apertura Petrolera impulsada por el segundo gobierno de Caldera, elevó las regalías hasta un 30 por ciento y aumentó el índice para el pago del impuesto sobre la renta (ISLR), entre otros aspectos. En 2007 Chávez promovió una reforma a la Ley de Hidrocarburos que transformó los llamados Convenios Operativos y las Asociaciones Estratégicas en Empresas Mixtas con mayoría accionaria del Estado para garantizar la soberanía sobre el recurso energético. Solo las empresas Conoco Phillips, Exxon Movil, y Crystallex en el caso de la explotación aurífera, se reusaron a aceptar los nuevos términos establecidos por el Estado venezolano. Las arbitrarias demandas contra Venezuela, el robo de la empresa CITGO, la confiscación de reserva de oro depositadas en bancos británicos, el ilegal embargo petrolero, la imposición de medidas coercitivas unilaterales, la criminalización del gobierno y el Estado venezolano, la agresión militar contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro son consecuencia directa todos esos antecedentes.

3) En las últimas décadas otras naciones han alcanzado mayor relevancia en el concierto internacional. El crecimiento sostenido de la República Popular China durante las últimas tres décadas ha hecho que hoy monopolice poco más de un tercio de la producción de manufacturas a nivel mundial, cerca de un veinticinco por ciento de la producción tecnológica proviene de la nación asiática o pasa por componentes elaborados por ellos, lo que trae como consecuencia la expansión su área de influencia comercial a todas regiones del planeta. En el caso de Suramérica China se ha convertido en el principal socio comercial de la región y el segundo del continente detrás de EE.UU, generando un flujo comercial que supera los 500 mil millones de dólares anuales con tendencia al crecimiento. Brasil, México, Chile, Colombia, Panamá, Perú y Venezuela destacan como los países de mayor inversión del gigante asiático. Por su parte la Federación Rusa también ha experimentado avance significativo en las últimas décadas ampliando su influencia comercial, fortaleciendo la capacidad tecnológica y militar, así como su liderazgo en el concierto internacional. Demostración de lo primero es que a pesar de las ilegales medidas coercitivas impuestas tras el inicio de la guerra con Ucrania, ha sostenido el crecimiento económico y diversificado su ámbito comercial. Otras naciones en desarrollo como India, Sudáfrica y Brasil realizan grandes esfuerzos por zafarse de la dependencia comercial y financiera establecida por Washington. La conformación de los BRICS, un bloque de integración económica diseñado con base en reglas más justas y equitativas que privilegia la complementariedad a partir de las ventajas comparativas y competitivas de las naciones, constituye una seria amenaza a la hegemonía norteamericana. El nuevo bloque de integración congrega en sí mismo el cuarenta por ciento de la población mundial, controlará más de un tercio del comercio global y aportará alrededor del cuarenta por ciento del PIB mundial, superando ampliamente al G7 como poder combinado. Los BRICS acaban de anunciar el pronto establecimiento un sistema de pagos alternativos al SWIFT—la plataforma tecnológica del sistema bancario internacional que permite transacciones a escala planetaria, controlado en forma determinante por Washington—cuya entrada en funcionamiento disminuirá considerablemente la capacidad de Washington para establecer arbitrariamente medidas coercitivas unilaterales que permitan alcanzar sus objetivos. El sistema de pago alternativo impactará la influencia del dólar en el mercado global al facilitar el intercambio comercial por medio de una cesta de monedas distinta a la divisa estadounidense. El bloque también trabaja en la creación de la UNIT, una moneda digital respaldada en oro y monedas soberanas que brindará mayor fortaleza monetaria a la arquitectura económica en gestación. El sistema de pago alternativo y la creación de esta moneda digital no implicarán la desaparición del dólar como moneda de intercambio global, pero sí afectará considerablemente la capacidad de EE.UU presionar y forzar a los países que no se alineen con su política exterior, situación que tendrá importante repercusiones sobre la hegemonía global ejercida unilateralmente en las últimas tres décadas.

4) Uno de los aspectos más significativos de la política petrolera del presidente Hugo Chávez fue la certificación de las reservas probadas de petróleo de la Faja Prolífera del Orinoco, considerada por la PDVESA de la Cuarta República como bitumen, una sustancia negra, pegajosa y muy viscosa catalogada como asfalto. La validación reposicionó la importancia geopolítica y geoestratégica de Venezuela en el contexto global al ser la propietaria de las mayores reservas de petróleo del planeta y un abastecedor confiable para el mercado energético mundial. En prospectiva de consumo de petróleo es hacia el alza. Según Alejandro Terán, director de la Asociación Latinoamericana de Empresarios de Petróleo de Texas (Chevron en Venezuela), en los próximos diez años el consumo petrolero global llegará a 130 millones de b/d estimulado por el alto consumo de emergía que demanda el uso creciente de la IA, la Big Data y los Data Center que según estimaciones para 2030 requieren usar 15 mil terabyte horas/hombre; la producción de criptomonedas, 2500 millones de teléfonos inteligentes que estarán en uso en los próximos años, los 1500 millones de vehículos eléctricos previstos para la próxima década, entre otros aspectos. A estos elementos hay que agregar los riesgos que implica la dependencia del petróleo que transita por el Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico por donde circula el cuarenta por ciento del consumo mundial— riesgo ratificado por los constantes ataques hutíes sobre embarcaciones petroleras y la confiscación de buques por fuerzas militares iraníes— acciones todas que aumentan la posición de Venezuela como referente estratégico fundamental para el equilibrio energético mundial. En el terreno bélico debe destacarse el poderío militar alcanzado por la República Islámica de Irán que muestra fuerza y alcance suficiente para infligir daños importantes en la capacidad defensiva israelí, como quedó demostrado en la reciente Guerra de los Doce Días; lo que sumado a la actitud colonialista, expansionista e imperialista del gobierno y el Estado sionista de Israel, aumenta el potencial de riesgo de la región del Golfo Pérsico como abastecedor mundial de petróleo. En un escenario de confrontaciones futuras con Irán EE.UU necesita asegurar un abastecimiento de petróleo confiable y permanente de Venezuela para una eventual guerra con la nación persa. Controlar este petróleo es un paso que también apunta al golpear la economía iraní. Finalmente, en este contexto, debe destacarse la disminución de las reservas petroleras estadounidense, nación a la que, según algunas estimaciones, le quedarían petróleo para cerca de una década; situación que bajo la lógica imperialista norteamericana, la empuja a asegurarse fuentes de abastecimiento a todo costo. Siguiendo la fuente antes citada, este contexto geopolítico es el que permitiría comprender los anuncios y retractaciones de la administración Trump respecto a Venezuela durante el año que recién finaliza: declarando que no le necesitaba el petróleo venezolano; quitando las licencias de operación a Chevrom y volviéndolas a otorgar; aceptando el ofrecimiento de diálogo propuesto por el presidente Nicolás Maduro para romperlo sin motivos de peso (Richard Grenell); otorgando estatus de protección para CITGO y permitiendo su venta; afirmando que no tenía previsto invadir Venezuela y autorizando una agresión militar, entre otras contradicciones. Más allá del estilo agresivo de Trump, a quien se le atribuye la cualidad de presionar al máximo para alcanzar sus objetivos, sería importante considerar que todo este escenario en la presión que ejercen importantes lobbys—no debe descartarse que cerca de veintiún miembros del congreso de EE.UU son lobistas de Chevrom— haya sido desechada por el inquilino de la Casa Blanca para ganar terreno político frente a la acechante situación legal que enfrenta por el caso Jeffrey Epstein. Durante semanas Alejandro Terán afirmó que estaba en puertas la concreción de un acuerdo que brindaría estabilidad al mercado energético mundial y que Venezuela era el factor esencial e insustituible de ese proceso. En esas negociaciones habrían participado diversas compañías petroleras estadounidenses y de otras naciones (chinas, indias, rusas), operadores energéticos y proveedores de servicios; el Secretario de Energía de EE.UU y representantes del gobierno venezolano; se habría precisado el capital de inversión y los términos en los que operarían. Todo eso habría sido desechado por Trump realizando una apuesta riesgosa, según la cual, presentar al presidente Nicolás Maduro como jefe de un cartel de narcotraficantes capturado, contribuiría a mejorar su imagen en la opinión pública norteamericana y obtener un importante respaldo electoral de cara a las elecciones de medio término previstas para 2026; desviar la atención y la presión que sobre él se ejerce por caso Epstein, los problemas de inflación que afectan a la economía norteamericana, el creciente rechazo a su política migratoria, entre otros aspectos; y presentarse como el restaurador de la grandeza y supremacía norteamericana. Sin embargo, pese a estos propósitos, el acto de secuestro ha convertido al presidente Nicolás Maduro en centro de atención mundial, una víctima de la arrogancia imperial estadounidense en cuyo secuestro se violentó toda la normativa jurídica internacional instituida desde 1945 en la Carta de Naciones Unidas como normas para asegurar la paz internacional y normar la convivencia entre las naciones. La arriesgada apuesta de Trump ha puesto el balón en la cancha estadounidense, obligando al sistema de justicia norteamericano a evidenciar qué tan real es el respeto al derecho internacional. La declaración de Nicolás Maduro como presidente secuestrado y prisionero de guerra deberían conducir a una sola decisión: la desestimación del caso por incompetencia del tribunal y la liberación del mandatario venezolano. No hacerlo evidenciaría aún más que EE.UU asumió la vía de la fuerza como forma para dirimir las controversias, abriendo la puerta para acciones similares de otras potencias en atención a sus intereses geopolíticos y geoestratégicos.

5) Las Naciones Unidas fueron creadas en 1945 como un foro internacional para regular la convivencia entre las naciones, su principal objetivo era crear los mecanismos institucionales para evitar una nueva conflagración a escala planetaria, que de ocurrir pondría en peligro la supervivencia de la especie humana. El potencial militar atómico alcanzado por otras potencias en los años siguientes a la segunda postguerra (URSS, Reino Unido, Francia y China) fue factor disuasivo que conllevó al mundo a una etapa de cohabitación conocida como Guerra Fría, cuya principal característica es que el planeta quedó repartido en áreas de influencia geopolítica que brindaban tranquilidad a las grandes potencias. La caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS no solo consagraron a EE.UU como superpotencia mundial, también hizo del mundo un lugar menos seguro. El desconocimiento y abandono progresivo por parte de EE.UU del equilibrio político que reinó durante la mayor parte del siglo XX y la implementación de una nueva etapa de imperialismo que no establece distinciones, llegando incluso a desconocer intereses de sus aliados naturales; indica lo peligroso y dramático del momento que estamos viviendo. En las últimas dos décadas se ha hecho más frecuente la adopción de medidas que habrían sido impensables durante la Guerra Fría. El desconocimiento descarado por parte de Estados Unidos e Israel de resoluciones emanadas de la Asamblea de Naciones Unidas, referidas a los casos de Cuba y Palestina; la imposición a escala planetaria de la doctrina de seguridad nacional de EE.UU implementada tras el derribo de las Torres Gemelas, sintetizada en la consigna “Guerra contra el Terrorismo”, condujo a un escenario en el cual todo gobierno que no estuviese alineado con la política exterior norteamericana entraba en el rango de enemigo y podía ser considerado terrorista. La invención de fake new para justificar la invasión militar a Irak en 2003, representó un punto de inflexión en la política de dominio a escala planetaria implementada por Washington. La llamada Revolución de Colores—conjunto de protestas de aparente corte pacífico en demanda de mayores libertades democráticas, promovidas con financiamiento norteamericano en países considerados enemigos o poco colaboradores con los designios de la Casa Blanca—condujo al cambio del espectro político del norte de África, lo que constituyó una abierta actitud injerencista en los asuntos de otras naciones (en el caso venezolano el financiamiento de las llamadas guarimbas en 2004, 2013, 2014, 2017, además de la intromisión abierta y descaradas en los procesos de Reforma y Enmienda constitucional de 2007 y 2009, respectivamente, fueron expresión de la política de control hegemónico estadounidense); la implementación de lawfare, esto es, el uso estratégico y político estimulado por Washington de procesos judiciales para dañar, deslegitimar o inhabilitar a dirigentes y gobiernos progresistas en la región: caso Fernando Lugo, en Paraguay; Rafael Correa, en Ecuador; Dima Russef, en Brasil, fue otra escalada en el proceso de dinamitar el orden internacional. El desconocimiento en 2019 del embajador de Venezuela en la OEA, Samuel Moncada, del triunfo electoral de Evo Morales en Bolivia el mismo año, que condujo al golpe de estado estimulado y avalado por la administración Trump en su primer gobierno, golpe de estado legitimado por la O.E.A bajo presión norteamericana; son otras expresiones del socavamiento de la legalidad internacional. El reconocimiento de Juan Guaidó como supuesto presidente de Venezuela, la violación de la soberanía territorial venezolana invadiendo sedes diplomáticas en diversos países, la confiscación de activos venezolanos (CITGO, depósitos de oro en Londres); entre una larga listas de acciones, constituían signos que el derecho internacional instituido desde 1945 estaba en terapia intensiva. La violación de las normas de convivencia y paz internacional promovida y liderada por EE.UU puede ser comprendida mejor si se considera que la élite política norteamericana, aunque se cobija en principios políticos liberales, termina ejecutando acciones de carácter neofascista que combinadas con el alcance de las Redes Sociales (RR.SS) controladas por ellos, han posibilitado el avance a una etapa que Juan Romero ha catalogado como posfascismo y ciberfascismo. En este contexto, la violencia generada por el imperialismo norteamericano no se asume como una acción transgresora del orden internacional sino como un acto de justicia. Se presenta la violencia: diplomática, económica, política y militar como respuesta a la acción del «otro», que impide alcanzar la «felicidad» pregonada por el poscapitalismo, masificada a través de la propaganda en RR.SS. El posfascismo utiliza la neurociencia para construir mensajes que identifican al «otro» (gobiernos y dirigentes políticos de izquierda) como la causa principal de que usted, hombre o mujer decente y trabajadora, no pueda alcanzar las metas que se propone en el plano laboral, académico, social, etc, y gozar de plena felicidad. Solo en este contexto puede entenderse por qué venezolanos que están siendo criminalizados y perseguidos por el gobierno de EE.UU con base en su política migratoria—a quienes se les retira el estatus de migración (TPS) a pesar de que muchos tienen años viviendo legalmente en esa nación; se les asocia con grupos delictivos inexistentes (Tren de Aragua), criminaliza y arresta sin ninguna prueba— continúen apoyando a un presidente supremacista, ególatra y narcisista que los desprecia y a una oposición que solo se ha lucrado de la necesidad y el sufrimiento de la migración venezolana. La violación del derecho internacional y la desaparición del orden internacional surgido en 1945, promovido por una ideología de carácter posfascista y ciberfascista, cuya apuesta máxima parece ser la caotización del planeta aspirando sostener la hegemonía en el nuevo orden social en gestación; es lo que permitiría comprender más claramente el contexto de la agresión a Venezuela, el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores.

6) Sin embargo, la apuesta de la plutogracia y el sistema político norteamericano representada en la agresión militar a Venezuela supone retos significativos que lejos de consolidar la supremacía de EE.UU lo debilitan, pareciendo haber abierto una Caja de Pandora que acerca al mundo a las puertas del infierno. La agresión militar ha resucitado la famosa frase popularizada por Thomas Hobbes en el siglo XVII: Homo homini lupus, (el hombre lobo del hombre) solo que aplicada al contexto de las naciones y las relaciones internacionales. Si algo ha quedado ratificado tras la agresión militar a Venezuela es que no existe el derecho internacional. La agresión militar cruzó una línea que no tiene argumentos de contrapeso. La guerra Rusia-Ucrania tuvo como detonante la matanza indiscriminada de ciudadanos rusoparlantes por parte de fuerzas militares y grupos neofascistas ucranianos, así como el anuncio del gobierno de Volodomir Zelenski de instalar armas nucleares en Ucrania, situación que ponía en peligro la seguridad nacional de Rusia. En el caso del genocidio en Gaza, aunque al inicio el gobierno sionista de Israel intentó justificarlo como respuesta a la acción militar perpetrada por Movimiento de Resistencia Islámica Hamás contra sectores militares y civiles de esa nación, el proceso de limpieza étnica ejecutado por las fuerzas militares israelíes ha sido otro punto de inflexión en la dinamitación del derecho internacional. Pero el caso de la agresión militar a Venezuela supera todos estos antecedentes al no existir elementos que la permitan o justifiquen. El gobierno del presidente Nicolás Maduro había manifestado de forma reiterada la disposición de arribar a acuerdos comerciales y petroleros con EE.UU en marco de reglas justa y con respeto a la soberanía nacional en el marco de la Constitución y las leyes. Una posición que no respondía al momento actual sino que se había adelantado con la anterior administración de la Casa Blanca. Durante todo el año 2025 el gobierno venezolano prestó colaboración para temas de interés mutuo: produjo a la repatriación de venezolanos que fueron expulsados de EE.UU o que manifestaron la intención de regresar a Venezuela desde otros países de la región; devolvió mercenarios estadounidense capturados en Venezuela durante el intento de incursión armada denominada operación Gedeón o planificando acciones de sabotaje contra instalaciones del sistema eléctrico, petrolero o de comunicación; intensificó el combate contra el tránsito de droga por costas venezolanas mostrando resultados que son reconocidos en los propios informes de la D.E.A y Naciones Unidas que sostiene que Venezuela no es una nación productora de drogas. La falsedad de la matriz de mediática promovida por Washington es tan evidente que en las primeras de cambio, el Departamento de Justicia de Estados Unidos se ha visto obligado, por falta de pruebas, a modificar la acusación contra el presidente Maduro admitiendo que el llamado Cartel de los Soles es una organización inexistente. Un reconocimiento que agrega mayor ilegalidad a la agresión militar. Lo más relevante para el escenario geopolítico internacional es que la agresión contra Venezuela abrió la puerta para acciones similares en otras regiones del planeta. Rusia podría utilizar toda su capacidad militar para liquidar el conflicto con Ucrania apoderándose de todo su territorio; la posibilidad de una acción similar por parte de China contra Taiwán también adquiere visos de posibilidad bajo la premisa de que no existe derecho internacional real. EE.UU ha anunciado una nueva doctrina de seguridad nacional inspirada en la Doctrina Monroe de 1823, en ella el continente americano es considerado parte de la nación norteamericana, situación que pone bajo amenaza a aliados incondicionales como Canadá y amenaza la integridad territorial de países europeos como Dinamarca. México, Colombia, Cuba, Nicaragua, Panamá en distintos grado y por diversos motivos están bajo el radar de posibles agresiones estadounidenses. Habrá que esperar las actuaciones de Rusia y China, el desempeño de los BRICS, la entrada en vigencia del sistema de pagos alternativo al dólar para calibrar con mayor precisión la recomposición del escenario geopolítico mundial.

7) Una síntesis holística. La agresión militar a Venezuela solo puede ser comprendida cabalmente en el contexto de crisis del Orden Político Internacional instituido tras la segunda postguerra en 1945. La narrativa de supuesta ausencia de democracia, ilegitimidad electoral, violación de Derechos Humanos, narcoestado, entre otros señalamientos, hizo parte de una campaña de satanización promovida por Washington y amplificada por el complejo mediático a escala planetaria para justificar sus objetivos. Venezuela, al ser poseedora de las mayores reservas probadas de petróleo del planeta se convierte en el centro de una disputa por la supremacía del nuevo orden internacional que está en gestación. Controlar el gobierno y el territorio venezolano resulta un paso esencial dentro del afán colonialista e imperialista que guía la actual administración de la Casa Blanca. EE.UU ve amenazada su hegemonía en el orden internacional. El sistema económico que tuvo al dólar como principal moneda de comercio mundial y el sistema de pagos que le sirve de soporte se encuentran acechados por opciones que apuntan a disminuir la capacidad de Washington para continuar utilizándolo como instrumento de coerción contra gobiernos que no estén alineados a su política exterior. Su influencia comercial también está siendo disputada. La capacidad industrial y comercial china supera ampliamente la norteamericana. Los datos hablan por sí solos: en tanto el PIB de EE. UU en 2024 alcanzó aproximadamente 29,18 billones de dólares, con una tasa de crecimiento anual del 2,8%, El PIB de China en 2024 creció un 5%, alcanzando aproximadamente 134.9 billones de yuanes (unos 18.4 billones de dólares), una tendencia de crecimiento que ha sido constante aunque variada al menos durante las dos últimos veinte años. A estos datos se suma que la balanza comercial entre China y EE.UU en la última década ha sido ampliamente favorable al gigante asiático. China es la mayor poseedora de los bonos de deuda emitidos por la Reserva Federal estadounidense, una condición que utilizada como arma política podría causar serios daños en su economía. La potencialidad económica de China se muestra más favorable en la medida que se consoliden los BRICS a cuyo grupo fundador se han incorporado como miembros plenos o asociados países como: Emiratos Árabes Unidos, Irán, Egipto, Etiopía, Bolivia, Bielorrusia, Cuba, Malasia, Tailandia, Uganda y Uzbekistán, conformando los BRICS+. Turquía y Arabia Saudita también han solicitado su ingreso; este último país es fundamental porque ha sido factor decisivo en el sostenimiento del petrodólar como base para la comercialización del petróleo, aumentando la posibilidad de cotización del crudo en una cesta de monedas, aspecto que contribuiría a debilitar considerablemente al dólar como principal moneda de comercio mundial. Los BRICS también representan un bloque geopolítico alternativo al G7 y la Unión Europea, espacio en los que EE.UU ejerce un liderazgo y hegemonía indiscutida. Rusia, India, Irán, suman en diversos órdenes ventajas comparativas y competitivas que en un escenario de polarización también contribuyen a debilitar la hegemonía norteamericana. En este contexto de surgimiento de nuevos bloques de poder Venezuela se posiciona como un país estratégico en la disputa por la hegemonía mundial. El control de las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, unos 303 mil millones de barriles, hace de Venezuela un escenario de confrontación en la gestación del Nuevo Orden Mundial. Los criminales hechos del 3 de enero ratificaron dos afirmaciones realizadas en los últimos veintisiete años por el gobierno bolivariano: detrás de la falsa narrativa por ampliación de la democracia y las libertades públicas, el respeto al estado de derecho, la trasparencia electoral y un largo etc, se escondía un único propósito: apoderarse los recursos naturales que posee Venezuela. La segunda es que solo el chavismo puede garantizar la gobernabilidad del país, un aspecto que tuvo que ser admitido de manera forzosa por Donald Trump, descartando a la oposición extremista venezolana en la etapa abierta a partir de la agresión militar. La permanencia de la Revolución Bolivariana al frente del gobierno nacional es el repliegue táctico que deben hacer los EE.UU para asegurar su único propósito: garantizar un flujo contante y seguro de petróleo hacia esa nación. La agresión a Venezuela, el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, no tuvo como propósito defender la democracia ni combatir el narcotráfico; su único y principal objetivo fue asegurar en control de la mayor reserva de petróleo del planeta y ponerla a su servicio para potenciar sus capacidades en un escenario de confrontación por la hegemonía del Nuevo Orden Mundial. Venezuela por sus inmensas potencialidades ha sido la agredida de turno, otras naciones están en la lista de amenazas: Colombia, México, Nicaragua, Cuba, Panamá, Dinamarca (Groenlandia) y hasta Canadá. La concreción de esas amenazas dependerá de la forma en que reaccionen ante lo ocurrido en Venezuela países como China, Rusia e Irán, Turquía, incluso la propia Europa. Finalmente, la agresión militar contra Venezuela ha generado efectos sociopolíticos inesperados para EE.UU: la coincidencia de factores de la derecha internacional condenando la acción militar (destacan las posiciones de Jean Marie Le Pen, en Francia y Gabriel Boric en Chile), miembros del congreso de EE.UU y Secretario de Naciones Unidas haciendo lo propio; representa una derrota política para la política guerrerista de Donald Trump. A los venezolanos que sentimos amor por la patria nos corresponde cerrar filas con el gobierno nacional y condenar la agresión extranjera. Que la conducta patriótica y nacionalista que en su momento exhibió el doctor José Gregario Hernández ante la agresión militar europea, en 1902, sea el ejemplo a emular para los venezolanos que aman esta Tierra de Gracia. ¡Nosotros venceremos!

 

Valencia, 10 de enero de 2026

 

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"La Campaña de Oriente de 1813", por Ángel Omar García

Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

Ciudad Valencia/RM