Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: Arístides Rojas es, sin duda alguna, uno de los personajes más destacados y sobresalientes del siglo XIX venezolano, quien se destacó como naturalista, médico, periodista, escritor e historiador, pero que, paradójicamente, ha sido ignorado por sus coterráneos, quienes no solo desconocemos su muy productiva y valiosa obra, sino que muchos connacionales de este tiempo ni siquiera conocen de su existencia.
Sus aportes en el campo de la ciencia dan cuenta de los esfuerzos realizados entonces, en medio de la compleja situación política, económica y social del siglo XIX venezolano, para brindar respuestas en los diversos campos del quehacer científico e intelectual.
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Pasión por el conocimiento
Los padres de Arístides Rojas fueron dominicanos que llegaron al país en 1822 huyendo de la guerra desatada en la isla tras la declaración de independencia el año anterior. Su padre llegó a ejercer funciones de administrador de aduanas en La Guaira, también fue concejal y diputado al Congreso Nacional, condición que hizo posible que Arístides, quien nació el 5 de noviembre 1826, estudiara en el colegio Independencia de Caracas junto a los hijos del general José Antonio Páez y Antonio Leocadio Guzmán, y tuviera como profesores, entre otros, a eminencias como Fermín Toro.
Desde muy joven tuvo acercamiento a los debates que sobre política, ciencia e historia se escenificaban en el Almacén Rojas, una librería y centro editorial fundados por su padre; aspectos que, probablemente, haya contribuido a despertar la curiosidad y el afán lector que guio su vocación científica y humanística.
En 1852, a la edad de 26 años, se gradúa de médico, radicándose en Trujillo para ejercer como médico rural. La muerte del padre, en 1855, a consecuencia de una epidemia de cólera, hace que regrese nuevamente a Caracas.
Junto a su hermano Marco Aurelio se encarga de la editorial, donde su pasión por el conocimiento lo lleva a publicar el texto Estudios científicos sobre las ciencias de la naturaleza, un trabajo de gran importancia pues hizo parte del esfuerzo por fortalecer la sociedad venezolana, dotándola de investigaciones relevantes y de una bibliografía útil que contribuyera a la formación de futuras generaciones.
En 1857 parte hacia Estados Unidos y luego a Francia con el fin de perfeccionar sus estudios; durante este tiempo se interesa por la obra de Alejandro de Humboldt, la cual tendrá gran influencia en su formación como naturalista, especialmente en su empeño por el estudio de las plantas.
Tras la culminación de la Guerra Federal regresa al país y presta su colaboración al movimiento científico que encabeza el naturalista alemán Adolfo Ernst, ferviente defensor de la teoría evolucionista con la que Arístides Rojas discrepaba por razones religiosas, pues era un devoto cristiano.
El movimiento científico encabezado por Ernst abrirá las puertas para la instauración del pensamiento positivista, de gran influencia no solo científica, sino política, en las primeras décadas del siglo XX venezolano.
Variedad cultural
La efervescencia científica que se vive en el país en el último tercio del siglo XIX contrasta con la relativamente tranquila vida política nacional, asentada en la “paz” establecida por el Ilustre Americano (Antonio Guzmán Blanco). Arístides Rojas será parte importante del proceso científico que se vivirá entonces.
En el campo de la botánica publica, en 1866, los Apuntes para el repertorio de las plantas útiles de Venezuela, estudio que no solo entraba en sintonía con lo realizado en su momento por el sabio Alexander Von Humboldt, sino que demuestra su influencia en la formación de Rojas. Durante estos años funda la Sociedad de Bibliografía Americana, agrupación destinada a la difusión del pensamiento y la obra de científicos y escritores del continente. También publica, bajo seudónimo, escritos literarios y poesía.
La muerte de su esposa, a mediados de la década de los setenta, con la que llevaba poco más de un año de matrimonio, lo sumerge en el aislamiento. Abandona el ejercicio de la medicina para evitar la interacción frecuente con personas y se dedica al estudio y la escritura, apoyado en sus colecciones de libros, obras de arte, objetos indígenas, antigüedades, numismática y heráldica. Toda una amplísima y muy rica fuente de información de la que muy pocos venezolanos podían disponer.
De esa dedicación intelectual surge el texto Un libro en prosa: misceláneas de literatura, ciencia e historia, con prólogo de Juan Antonio Calcaño; también publica las obras: El elemento vasco en la historia de Venezuela y Estudios indígenas, contribución a la historia antigua de Venezuela; investigaciones que sentaron las bases de los estudios de etnología en el país, campo donde destacará de forma sobresaliente, años más tarde, el Maestro Miguel Acosta Saignes.
Sus aportes al conocimiento de las comunidades originarias constituyen una referencia obligada para conocer los orígenes de la nación venezolana. La preponderancia de la narrativa política y militar en los enfoques historiográficos ha impedido ver la riqueza del movimiento intelectual, académico y científico que se gesta durante estos años.
En 1867 se funda la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales y en 1874 la Cátedra de Historia Natural en la Universidad de Caracas, espacio desde donde comenzaron a difundirse los aportes teóricos de Jean Baptiste, Lamarck Archivado, Charles Darwin y Charles Lyell, entre otros. A partir de entonces la idea de ciencia en el país entraría en la dimensión hipotético-deductivo-experimental, principio básico del positivismo científico.
En 1892, junto con Adolfo Ernst, Arístides Rojas participa en la organización del Pabellón de Venezuela en la Exposición Universal de Chicago, espacio que sirvió para mostrar la gran variedad cultural e histórica de Venezuela. Todo esto en medio del estallido de una nueva insurgencia armada, la llamada Revolución Legalista, liderada por Joaquín Crespo contra el gobierno de Raimundo Andueza Palacios.
La muerte lo sorprenderá, en medio de su relativo aislamiento y de la convulsionada vida política del país, el 4 de marzo de 1894. Su muerte privó a Venezuela de un hombre que habría podido tener una figuración destacada en el litigio por la Guayana Esequiba, que tuvo un momento cumbre en el fraudulento Laudo Arbitral de París, en 1899; ya que Arístides Rojas había actualizado la Geografía de Venezuela elaborada por Agustín Codazzi y publicada en 1840.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
Ciudad Valencia / RN











