Fernando Mires, en su ensayo El Malestar en la Barbarie, analiza las condiciones de vida económica y política más o menos vigentes para la década de los noventa, condiciones que han variado muchísimo en la época actual, ya que la misma ha sido penetrada por las manipulaciones de conducta, gustos y pensamientos, por medio de las llamadas redes sociales y los centros especializados en crear ese tipo de control.
Son muchos los aspectos teóricos que Mires profundiza y muchos los que apenas roza en relación con El Malestar de Freud. Tomaremos solamente aquellos que nos permitan acercarnos un poco más a nuestros propósitos.
DEL MISMO AUTOR: LA CULTURA COMO PARTO DEL SER HUMANO (2)
En relación con la dualidad que hemos venido arrastrando en nuestros esfuerzos por definir los fundamentos generales de la cultura, el autor chileno repite una y otra vez que el ser humano es una especie de animal cultural, no separa a la naturaleza de lo humano, y en esto es consecuente tanto con Freud como con Nietzsche, pero además con algunas conclusiones a las que ha arribado la ciencia postrelativista.
Heinsenberg, por ejemplo, afirma que la realidad está inmersa en una relación de interpretación con el ser humano. Es decir, que la cultura no es una entidad aislada y diferente de la estructura psíquica del ser humano, ambas se determinan y prolongan. Lo cual motivó el cuestionamiento de la objetividad como pilar de las ciencias.
Los marxistas, en parte, salvarían la dualidad. Para ellos, la historia y, en consecuencia, la realidad sociocultural, posee tanto un lado objetivo como uno subjetivo. Cuando el sujeto se coloca en una relación de conocimiento es cuando puede existir la posibilidad de que comprenda el lado objetivo de la realidad, porque vincularía su conocimiento a un proceso histórico que lo excede, considerando todos los elementos en relaciones dialécticas y tomando en cuenta que desde el pasado se conforman las leyes objetivas del devenir.
El análisis cultural tendría esos dos aspectos imbricados, objetividad y subjetividad. Las clases sociales poseedoras del poder económico y político, generarían una conciencia incompleta de la realidad, porque esta solo se comprendería desde una posición de clase, de tal forma que producirían un saber que solo estaría justificando ese lugar social desde donde comprenden, a lo cual se le ha denominado ideología, la verdad como falsa conciencia.
Dijimos que se genera una conciencia social incompleta o una circulación de verdades parciales porque, en estas, no cabe la conciencia social de la clase dominada (se coloca al margen), por tanto, tampoco su verdad.
Según la terminología marxista, la cultura formaría parte de una superestructura ideológica, la cual es una expresión de una estructura económica específica, es decir, de un determinado modo de producción, en el caso actual, del modo de producción capitalista. Sin embargo, una vez más, no hay divorcio ni separación entre un ámbito y otro.
En cada sujeto social se puede conseguir características pertenecientes tanto a la estructura económica como a la superestructura ideológica; lo cierto es que, no existen determinaciones rígidas y hay espacios por donde estas condiciones y determinaciones pueden cambiar o transformarse por medio de acciones colectivas, reformas, revoluciones, entre otras. Ninguna formación social y económica es eterna e inamovible.
Recordemos que la sociedad está constituida por vidas que se relacionan, esto nos recuerda también la flexibilidad que tienen las instituciones culturales, flexibilidad que es, y esto es una de las deducciones que extrajimos del texto de Mires antes mencionado, predominantemente política.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia / RN











