El destino suele ir develando lentamente los personajes de nuestras historias; unos se fortalecen en sus presencias y en cualquier instante desaparecen por cualquier insignificancia de la que padecemos los humanos, como por ejemplo, morir.
Otros son intermitentes, aparecen con un rostro, muestran un aspecto de sus vidas, algo con el cual disimulan gran parte de sus esencias y procuran permanecer. Victorino Muñoz ha mezclado esas dos cualidades de los habitantes de nuestras vidas, y hoy es un gran hermano que enseña con sus acciones cómo ser familia.
Muchos son los eventos que nos han convocado sin que nuestra voluntad haya tomado parte de los mismos —las intermitencias antes nombradas—, concursos literarios, charlas y aquella coordinación de un programa de lectura y escritura que organizó, hace más de veinte años, la gobernación de Carabobo. Victorino era el coordinador general, y yo, el coordinador de los municipios Puerto Cabello y Juan José Mora. Realizamos grandes hazañas; obtuvimos logros de inéditos alcances.
Cuando apareció la pandemia con sus estragos, Rafael Victorino Muñoz se hizo verbo nuevamente y de vez en cuando me conseguía trabajos de escritura y muchas veces extendió su mano con un trozo de subsistencia palpitando en sus palmas. Es un gran ser humano, me consta. En la actualidad realizamos encuentros, junto al novelista y comunicador social Luis Baciao, y es nuestra voluntad la que comanda las acciones.
DEL MISMO AUTOR: LA DESPIADADA FRESCURA DE MARHISELA RON LEÓN
Esa cercanía en primera persona está presente en la mayoría de sus cuentos. Nos echa la historia con un grado de confianza y de intimidad tan espontáneo que el lector cree que está conversando con él, y se distrae de tanta normalidad cotidiana; pero Victorino lo que está haciendo es preparar el hachazo final, bien sea por un efecto de sorpresa o bien porque nos muestra cómo el absurdo y la ironía forman parte de nuestras vidas y son raras las ocasiones en que nos percatamos de ello.
Muchos de sus cuentos son pedazos de espejos en los que refleja rasgos muy marcados de su personalidad: inteligencia para llevar al lector hasta donde él quiere, ironía para desplegar esa otra historia que corre por dentro de la supuesta historia principal e irrumpe al final con una fuerte dosis de humor, de reclamo o denuncia social y, sobre todo, para ofrecer el contraste entre la forma y el fondo. Nombré el humor, y este es un aspecto resaltante tanto en la vida de Victorino como en la de sus historias y personajes.

Cada cuento de Victorino Muñoz es una puesta en escena de nuestra forma de ser como país, en ellos se despliega la identidad del venezolano signada casi siempre por la máscara social, por lo caótico o por las improvisaciones. La identidad que se desenvuelve en la cotidianidad, no la que encontramos en discursos oficiales o académicos. Tales asuntos se pueden palpar en cuentos como: Manual de fotografías a oscuras, El síndrome del gato paracaidista y A la izquierda, personaje desconocido (pertenecientes al libro Historia ilustrada del automóvil, 2025), entre otros. Verdaderas joyas de nuestra literatura, escritas con un lenguaje directo, astuto, y donde el lector tiene la obligación de forjar el decorado, las características físicas de los personajes y, casi siempre, complementar o intuir los significados del final.
Ese libro que mencioné antes inicia con un cuento que me emocionó al punto de que llegué a pensar, ¿por qué no se me ocurrió escribir algo así? El cuento lleva el mismo título del libro, o al revés, es decir: “Historia ilustrada del automóvil”. La ironía en este cuento llega a su máximo nivel; el grado anterior lo ocupa un microcuento del mismo autor en el que una persona adicta al celular muere y en su honor es enterrada con el celular dentro de la urna; una amiga que no sabía de su muerte la llamó y escuchó a la mensajería decir: en este momento no te puedo atender, por favor, deja tu mensaje. A la muerte se le despoja de su seriedad, de su formal y trágica aparición. Lo mismo ocurre en La historia ilustrada del automóvil, cuento de una finura exquisita.
No echaré el cuento del cuento; bastará con que les mencione que en esa historia el rito que acostumbramos a ofrecerle a los difuntos se convierte en una manera de celebrar la vida y, posteriormente, la infancia, ya que fue la época en la que sucedieron los hechos. Ruega por ella, pudo haberse titulado este cuento, esa parte de las letanías que en los velorios se les dedican a los difuntos, Victorino la transforma, de una manera brillante, en una oración jocosa, disparatada, burlesca, irónica. Por ejemplo, uno de los hermanos decía:
—El catire de la calle de tierra se comió tres sardinas sin abrir la lata.
—Ruega por ella —coreábamos todos, a punto de llorar de la risa, pero sin dejar de prestar atención al difunto, que tenía que permanecer serio, sin mover ni un músculo, para no perder su turno en el piso del carro.
—Las muñecas de trapo no salen solas a la medianoche porque se las come un sapo —decía Camila.
—Ruega por ella —gritábamos…
Para no cortar la historia de manera tan brusca, les diré que los hermanos jugaban en una carroza fúnebre que había adquirido el padre porque la estaban rematando en una funeraria; la parte de atrás, donde suele colocarse la urna, estaba vacía y allí los hermanos jugaban. El que fungía de difunto no debía ni pestañar por las ocurrencias de los otros, quienes siempre se respondían con la letanía alegre: “Ruega por ella”.
Victorino cubre los tres ámbitos de la narrativa, y en los tres su oficio y su disciplina se dejan palpar, me refiero a la novela, el cuento y la microficción o microcuento. Las novelas: Manual del sinvergüenza (Monte Ávila, 2017), con la cual ganó el premio internacional de novela de Monte Ávila, y Réquiem por Norma Jeane, publicada por Rubiano Ediciones, 2025, son muestras de su versatilidad. En relación con los microcuentos, les dejo la siguiente perla para que juzguen por ustedes mismos, Un suicida:
Un suicida Un hombre que quiere suicidarse pero no puede No se atreve Una cena en un restaurante lujoso Una conversación oída por azar Dos hombres hablando de un asesino Un asesino Un número en un casillero en un aeropuerto Un casillero en el que se debe introducir una foto unos datos un fajo de billetes Una foto de un hombre al que se quiera eliminar Un suicida que piensa en un asesino Un suicida que ve en todas partes repetido un número en un casillero Una foto de un suicida Unos datos de un suicida Un suicida que espera a un asesino Un suicida que se arrepiente de un intento de suicidio Un suicida que no sabe cómo evitarlo Un suicida que piensa en ir a un aeropuerto a introducir en un casillero una carta aún no escrita Un suicida que no se atreve a salir de su casa Un asesino que puede llegar en cualquier momento Unos golpes en una puerta.
(Historia de una página, Alfaguaro, 2025). En este caso el lector también tendrá que colocar los puntos y las comas. Este libro se puede descargar gratis en la página de la Editorial Alfaguaro (SIC: página web, editorial larense…).
No puedo concluir este artículo sin mencionar la importantísima labor que Rafael Victorino Muñoz ha venido realizando con la página El diente roto. Una inmensa biblioteca virtual de literatura venezolana de todas las épocas. Una labor titánica, pues él mismo la diseñó, la organizó y la sostiene, sin fines de lucro.
Allí usted puede acceder a una infinidad de autores venezolanos en cualquiera de los géneros literarios; puede descargar libros y disfrutar de lo mejor de nuestra literatura. Si alguien no conoce esta página lo invito a dejarse morder por El diente roto. Si alguien no conoce a este gran narrador nuestro, pues, ¿qué está esperando? Inicie la búsqueda.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia/RN












