En el concepto general de cultura que nos ofrece Freud está implícita la no cultura, la parte del ser humano que se resiste a ser parte de las regulaciones sociales, así como también la dualidad que ya hemos comentado, esto es, la cultura y la naturaleza; en este último sentido la cultura:
Designa la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí. (Freud, 1984, p. 33).
DEL MISMO AUTOR: LA CULTURA COMO PARTO DEL SER HUMANO
Lo no cultural en el ser humano es lo que lo impulsa a crear instituciones que regulen sus relaciones con sus semejantes. Por momentos nos ha parecido que esos fundamentos que esgrimió Freud, como válidos para toda cultura, es decir, los movimientos instintivos que tienden a destruir y aglutinar las relaciones entre los seres humanos, son más adecuados a la civilización que a la cultura. La civilización, según Alain Benoist (1982), es una especie de escenario temporal en el cual se despliegan las culturas.
Para Benoist, la cultura forma parte de la definición del ser humano, no así la naturaleza. Rechazó alguna consideración de naturaleza humana que pudiera colarse en la definición del ser humano. Postura que es compartida por los marxistas, sobre todo, por aquellos que olvidan al ser genérico del Marx de los Manuscritos económicos y filosóficos (1844).
No tomaremos en cuenta el rechazo que Benoist le propina a la naturaleza en el hombre, tampoco elegiremos el camino teórico que se pudiera trazar con el ser genérico de Marx; trataremos de resumir, más bien, nuestros hilos comunes según el curso que han tomado nuestras reflexiones: digamos que la creación de todo saber, la producción material y simbólica de la cultura, no puede excluir la tendencia a la destrucción de esas mismas creaciones.
Creación y destrucción son fundamentos de toda cultura; por destrucción no entandamos siempre el ejercicio de una violencia tipo guerra, hay culturas que han cambiado, que han renovado su simbólica sin que ello suponga ampliar los márgenes de la muerte. Pero si ese binomio es parte de la cultura también lo es de la civilización.
Con todo este enredo nos asaltó la idea de que era posible definir al ser humano y, con ella, la posibilidad de que la historia dejara de transcurrir; no el tiempo, sino la búsqueda de lo que en el ser humano es incomprensible; pero esta idea se nos esfumó porque comprendemos que el ser humano siempre es algo más de lo que cree ser.
La imposibilidad de definir al ser humano es lo que permite la coexistencia de las contradicciones y las mutuas determinaciones entre verdad e incertidumbre.
Ese algo más pudiera no ser un reservorio de porvenir, sino un espacio dejado por la animalidad frustrada o por lo humano que no pudo ser. En Freud —todavía no podemos escapar de él— el inconsciente pudiera entenderse como aquella carga de animalidad que debe ser reprimida por la organización cultural para poder sobrevivir y perpetuarse.
***
TE PUEDE INTERESAR:
Unesco incluye al joropo venezolano como finalista para Patrimonio Cultural Inmaterial
***

Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia / RN











