Para llegar a una posición política y económica desde la que se pueda decidir sobre la vida y la muerte de pueblos y países, es necesario que en esas personas no habite la madre; son seres huérfanos desde que nacieron y, además, fueron amamantados por la trama de los crímenes y el espejismo de creerse impenetrables. Para esta orfandad no es imprescindible que la madre haya muerto físicamente; ella murió de manera simbólica, su leche no se transformó en fauna de criaturas bondadosas, humildes, capaz de respetar la vida. Hay seres llenos de vacíos maternos, en sus armarios ondean las máscaras y los disfraces de la guerra.

No obstante, los des-matriados abundan en cualquier clase social. Andan por ahí, anudados a sus tormentas y procesiones; secos por dentro, acarreando una armadura hueca donde solo crece la combustión. Entiendo que las relaciones sociales y las convivencias tienen múltiples matices que confluyen en desapegos y distancias afectivas; pero las madres que nos han amparado, que nos han abrazado en algún momento álgido de nuestras vidas, no se apartan tan fácilmente hacia un margen desértico. Ellas permanecen incluso después de haber muerto. Y muchas se transforman en gestos, modos de hablar, de sonreír, de caminar; ellas se hacen cuerpo de incontables maneras. El mercado intenta deformar este vector de sostenibilidad de lo humano, decretando un día para celebrarlas, convirtiendo la maternidad en un encuentro de mercancías. No lo han logrado y creo que nunca lo lograrán.

Pero hay otros seres en los que un brillo de infancia permanece, aunque ellos envejezcan, no solo en la mirada, también en la risa, en la celebración de los días vividos, en la forma de acercarse a otros y extender el cariño, la comprensión, la ternura. En ellos la leche materna se convirtió en un núcleo más que pasa y pasa por los circuitos sanguíneos del corazón. He conocido a tantas personas así, que necesitaría un millón de páginas para nombrarlos a todos. Yo pregunto, ¿cuántas lámparas maternas llevamos en nuestras horas de luz y de sombras?

Debo confesar que me debilito en extremo cuando veo la mirada de una mujer amamantando a su hijo, jamás ese brillo estará en los ojos del hombre, jamás. Por más que nos amasemos con su harina de amor, jamás seremos capaces de llegar a ese nivel de ternura. Tantas madres que llevo por dentro, tantas… Recuerdo que abrazaba a mi mamá todos los días, me quedaba agachado con mi rostro sobre su pecho, y ella me acariciaba. Yo escuchaba la música de su asma, percibía su olor y esa tibieza de su piel que llevo sobre mí como un manto. Yo sabía que llegaría el día en que eso se convertiría en una gran falta. Tanto que le he escrito a mi madre, tanto…

 

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Mi hermana Magaly fue una madre con un amor indecible. Su afecto de hermana fue un gran privilegio para mí. Tanto ella como mi madre daban todo de sí, se exprimían en cada entrega de amor. No dejaban cariño ni solidaridad para después. Me hubiese gustado recoger todos los residuos de esas sabidurías regidas por el cuerpo amoroso; el dar sin dudas ni remordimientos.

Mis hijas, Lucina e Isbell, en el lugar del corazón tienen un panal de dulzura. Qué dedicación tan absoluta; qué mujeres para estar atentas de cada detalle en la educación, en la enfermedad, en la alegría, en la tristeza, en el juego, en el dolor, en el vestir, en la comida; qué manera de brindarles amparo y bienestar a sus hijas en estos tiempos de desventuras y carruseles de horror. Yo las admiro, al igual que a mi sobrina Oriana. No creo que al común de los hombres se les pueda colocar en sus espaldas tantas responsabilidades y salgan airosos en todas. Yo deseo, desde esta humilde tribuna, dedicarles mi combate de palabras para preservar sus reinos, que es el mismo reino de Moraima, de la señora Graciela, de mi abuela Filomena, y de tantas otras madres que me habitan. Es difícil evitar la contaminación de espíritu y pensamiento en esta época que nos ha tocado vivir; pero las madres lo logran, solo ellas tiene la voluntad de amar como antídoto y nutrición.

El siguiente poema se lo dedico a los hijos que, como yo, han perdido a sus madres. De Álbum de mar (2013):

Milka

*

No alquilaremos más

el vaivén de los puertos

 

tus bálsamos brillan

en una cama sin dolor

 

las puertas de los presagios

no abren hacia las fechas

 

la vida es un barco

que viaja lleno de trastos

para el olvido

 

tus palabras descansan

en el álbum

constatan la detención

de tu edad

y se alejan de las ceremonias

 

tu alegría

una gaviota

arrumando el día en el aire

 

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El día de la madre cuando la madre ya no está | José Luis Troconis Barazarte

 

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Arnaldo-Jiménez- cultura-Divagaciones

Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)

 

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