Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: El fusilamiento del general Manuel Carlos Piar, el 16 de octubre de 1817, es uno de esos episodios sobre el que la historiografía nacional no alcanza consenso. De una parte se juzga el hecho como la consecuencia necesaria por los delitos de: insubordinación, deserción, sedición y conspiración que habrían puestos en peligro la unidad del ejército libertador. De otra parte se afirma que fue una acción ejecutada para asegurar la jefatura de Bolívar como líder máximo del proceso independentista.
Ambas visiones tienen como base un elemento cierto: hasta el momento de su ejecución, Piar era un militar invicto, con una actuación impecable, un aspecto que algunos de sus detractores no podían exhibir.
La guerra de colores
El origen de la imagen del Piar traidor puede ser ubicada en el contexto de la rivalidad que siempre caracterizó a los jefes militares de oriente y occidente, cuya figuras más relevantes eran Mariño y Bolívar, líderes de dos ejércitos distintos, que no se debían obediencia ni subordinación pues atendían a un origen distinto.
DEL MISMO AUTOR: EL PROYECTO INTEGRACIONISTA DEL LIBERTADOR
En 1813, Bolívar estaba investido con la autoridad otorgada por el gobierno neogranadino, que le autorizó cruzar la frontera con soldados de esa nación para continuar la guerra en Venezuela; Mariño, en cambio, había organizado un ejército de combatientes orientales que se unieron a la invasión organizada desde Chacachacare, convocados por el prestigio y liderazgo del prócer oriental. Eran pues dos ejércitos distintos.
También acentuaron la rivalidad las decisiones tomadas por el llamado Congresillo de Cariaco, reunido entre los días 8 y 9 de mayo de 1817, instancia en la que se desconoció la autoridad suprema del Libertador y se restableció el gobierno federal; decisiones apoyadas por Piar.
A partir de ese momento, el héroe de El Juncal se vio envuelto en una serie de intrigas políticas, de las que no estuvieron ausentes viejas enemistades, que no supo manejar apropiadamente y cuya primera consecuencia fue su relevo de todo mando, una medida ordenada por Bolívar.
Piar tomó entonces la decisión de solicitar su baja del ejército, la cual le fue otorgada el 30 de junio. Sin embargo, lejos de asumir su retiro, comenzó a recorrer los campamentos militares de Guayana destacando en sus intervenciones la importancia numérica y política de los pardos, así como los aportes que estaban llamados a brindar en la conducción de la guerra y la República, una conducta a todas luces inadecuada y propensa a toda sospecha en alguien que acababa de recibir la baja del servicio activo.
Todos estos elementos fueron aprovechados por sus enemigos para acusarlo de promover una “guerra de colores”. Una acusación que a los ojos de Bolívar revestía la mayor gravedad tomando en consideración que el héroe caraqueño siempre tuvo animadversión hacia la pardocracia como grupo social.
La acusación contra Piar tomó cuerpo en medio del contexto histórico señalado: la rivalidad entre Bolívar y Mariño, las decisiones acordadas en Cariaco, su propia actuación, que magnificadas por sus detractores, lo hicieron aparecer envuelto en una trama conspirativa en la que aparecía como principal líder. Acusado de los delitos arriba mencionados, fue capturado el día 28 de septiembre y ejecutado el 16 de octubre de 1817.
Categórico enjuiciamiento
Lo que subyace en esta controversia es un asunto de mayor dimensión: el tema del poder. El colapso de la Primera República también representó la desaparición de la institucionalidad que intentó crearse con el nuevo Estado. Tras el derrumbe del gobierno no existía instancia alguna que legitimara la actuación de los ejércitos ni validara la autoridad de ningún jefe militar.
Bolívar había alcanzado un reconocimiento importante pero circunstancial en Margarita, en mayo de 1816, cuando fue nombrado como Jefe Supremo del ejército libertador, designación alcanzada gracias al respaldo del Luis Brión, principal propietario de las embarcaciones de la expedición y a la que se opusieron José Francisco Bermúdez y los franceses Ducaylá y Collot.
Se trató de un reconocimiento político y militar, no legal. La disputa por alcanzar el mayor acatamiento y la mayor obediencia en la conducción del proceso independentista representaría la prevalencia de concepciones, ideas y visiones sobre la gesta emancipadora. A este elemento se sumaba otro de igual o mayor complejidad: las aspiraciones de igualdad y libertad de otros grupos sociales.
Piar era visto como el mayor líder de los pardos. Un líder con prestigio, con galardones en el campo de la guerra. Los blancos mantuanos temían que Piar pudiera soliviantar esas aspiraciones, situación que conllevaría a enfrentamientos de castas, a la llamada “Guerra de Colores”, y a la anarquía en el ejército republicano.
Esos son los aspectos subyacentes y fundamentales que inciden en la decisión condenatoria. De un lado el temor a la anarquía y la guerra civil, del otro, la necesidad de consolidad la unidad de mando para avanzar exitosamente en la lucha contra los españoles. El libertador tenía plena conciencia de ello, por eso la primera acción que toma tras el desembarco en Tierra Firme, fue ofrecer la libertad de los esclavizados que se sumaran a la lucha independentista.
Pero Bolívar también necesitaba consolidar su autoridad y la sentencia condenatoria contribuyó con ese propósito.
“José Gregorio Hernández también defendió la patria” por Ángel Omar García González
Desde el mismo momento del arresto basado en los delitos que se le imputaron, no existía la más mínima posibilidad de que el resultado fuese distinto. Para Bolívar, Piar “ha infringido las leyes, ha conspirado contra el sistema, ha desobedecido al gobierno, ha resistido la fuerza, ha desertado del ejército y ha huido como un cobarde; así pues él se ha puesto fuera de la ley, su destrucción es un deber y su destructor un bienhechor”.
El categórico enjuiciamiento contrasta con los méritos atribuidos a Piar, que el Libertador debió ponderar y considerar como innegables al momento de ratificar la sentencia del tribunal, al punto de negar la degradación militar establecida. Piar fue fusilado con el grado de General en Jefe.
Los elementos señalados no pretenden establecer condenas o exculpaciones a la actuación de Bolívar y Piar, sino tratar de mirarlos en sus circunstancias, como actores políticos inmersos en la lucha por el poder.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
Ciudad Valencia / RN













