José Carlos De Nóbrega-salmos y proverbios-La escritura del No-Juan Rulfo

Mi casa es Cueva de Platón y también prisión… Definitivamente, uno es arquitecto de su propio ámbito y de su cuerpo. En «Memorias del hombre del subsuelo» (1864), Dostoyevski no sólo calificaba de ratonera la casa del protagonista sino también al resto de su entorno. Más que mísero ratón, observamos a un muy amargo y baboso caracol llevando su prisión encima. Se entiende su casa por cárcel.

Más tarde, Kafka en «El Proceso» describía la buhardilla donde mal vivía Joseph K, la cual estableció, muy a pesar del inquilino, pasadizos con los tribunales proveedores de culpabilidad gratuita en apariencia. No importa que el pecado original traiga consigo culpas absurdas, sean impuestas por dentro o por el poder fáctico invasivo.

El escritor ruso pagó una no corta cana en la Casa de los Muertos, Siberia. Mientras que el checo fue juzgado en un hotel por no cumplir un compromiso matrimonial. A tal respecto, se sugiere leer el estupendo ensayo de Canetti.

No es fácil soportar el juicio a sí mismo, ni tampoco el que nos tienden los demás en tanto valoración y castigo inclementes. La literatura es vida, contradicción y contingencia, sin importar cuánta cosa es autobiográfica o ficticia.

Malcolm Lowry y su obra se movieron entre dos polos: el repudio del crítico venezolano Francisco Rivera, que lo condenó a la adolescencia eterna, y el entusiasmo de su esposa Marguerie y de su biógrafo Douglas Day, amén de comentaristas generosos como Perle Epstein y Baica Dávalos.

Pese a la no poca ayuda de sus amigos, Lowry no pudo completar su proyecto de escritura, iniciado con la novela «Bajo el volcán» a la manera de su Infierno. Mucho menos logró resolver su dipsomanía y, por ende, la salud física y mental. Nunca sabremos si la auto-destrucción fue inevitable opción para Malc. Nadie, así lo creo y así me incluyo, es capaz de juzgarlo desde la ensoñación piadosa ni con las piedras en ambas manos al otro lado del lapidario.

 

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Nuestra formación occidental, de la cual no reniego, apareja la edificación de tres cámaras a saber: Cielo, Purgatorio e Infierno. Todo depende de nuestros planos arquitectónicos, bien los aprueben Dios o la Humanidad. Por supuesto, los bocetos son susceptibles de conformidad o disconformidad de parte de quien los dibuja.

A tal punto, se recomienda, pase lo que pase, en la exaltación o en la depresión, hacerlos a lápiz con el borrador como buen sombrero a la medida, para luego dejarlos reposar en el gabinete. Se respira profundamente, se cuenta del uno al diez, y se les revisita en afán corrector que conduzca a la satisfacción y, claro está, al placer más vitalista posible.

En eso estoy, queridos lectores. Las heridas físicas y la culpabilidad que acarrearon los días anteriores, van cicatrizando bastante bien. Acometo la limpieza y el ordenamiento de mi Casa, la que habito y la que me habita, en la busca de un solazador Domingo de Resurrección. Ello en el marco agonístico, esto es luchador y pugnaz, de mi Fe.

Qué insulso es Uno quejándose de la Soledad, cuando se tienen buenas compañías!

 

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José Carlos De Nóbrega es un ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964). Licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Ha publicado los libros de ensayo Textos de la prisa y Sucre, una lectura posible, ambos en 1996, y Derivando a Valencia a la deriva (2006). Fue director de la revista La Tuna de Oro, editada por la UC. Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web. En el año 2021 ganó el concurso de Ensayo de la VII Bienal Nacional de Literatura Félix Armando Núñez y el concurso de Crónica de la V Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez, convocado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, por intermedio del Centro Nacional del Libro (Cenal) y la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.

 

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