Desde la mirada de la educación en patrimonio cultural, que transmite, documenta, promociona y enriquece, hablaré del municipio Arismendi, capital La Asunción, estado Nueva Esparta, y sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127, del 14-05-2025).
Nueva Esparta fue avistada el 15 de agosto de 1498, durante el tercer viaje de Cristóbal Colón. Aquel día, Colón divisó tres islas, dos de ellas pequeñas, bajas y áridas, las actuales Coche y Cubagua, separadas por un canal de una tercera isla más grande, cubierta de vegetación y poblada de indígenas guaiqueríes, que la llamaban Paraguachoa, vocablo que al parecer para algunos significa “peces en abundancia”, sin embargo para otras personas quiere decir “gente de mar”.
La isla grande fue bautizada con el nombre de La Asunción por haber sido avistada en la fecha religiosa de la Virgen que lleva ese nombre. No obstante, en el año 1499, fue rebautizada con el nombre de La Margarita, palabra latina que significa perla, debido a la abundancia de estas que rodeaban sus costas.

La ciudad de La Asunción es la capital del estado Nueva Esparta y se encuentra entre el singular contraste del puerto y la ciudad de Porlamar, llamada por muchos su hermana mayor. La Asunción comienza su existencia hacia 1561, cuando el esforzado capitán Pedro González Cervantes de Albornoz reúne en el Valle de Santa Lucía a los vecinos que se dispersaron por la isla, huyendo de las injusticias cometidas por Lope de Aguirre, El Tirano.
Sin embargo, alcanzó el auge necesario y por ello su cabildo, por medio de su procurador, el capitán Alonso Suárez del Castillo, solicitó al Rey se le otorgara el título de ciudad y se le señaló su Escudo de armas, concedido el día 27 de noviembre de 1600, mediante Reales Cédulas expedidas por el rey Felipe III en la residencia soberana de El Pardo en España.

El 4 de mayo de 1810, el Cabildo asuntino decide la incorporación de la Provincia de Margarita al movimiento independentista del 19 de abril de 1810, ganándose así una estrella en la bandera nacional. La Asunción se extiende a los pies de Matasiete, montaña de gloria. Allí se libró, el 31 de julio de 1817, la batalla que hizo de Margarita el primer territorio libre de América.
Porlamar está situada en la parte sur de la isla de Margarita, a 11 kilómetros de La Asunción, es una ciudad moderna. Recibió originalmente el nombre de Pueblo de la Mar y en ella tuvo su principal asiento la raza guaiquerí. Es de las ciudades de la isla la que mayores cambios ha sufrido en su estructura urbana, de gran movimiento comercial, se le conoce como la capital comercial de Margarita.

El centro urbano de Porlamar está conformado por el casco central tradicional, que gira en torno a la plaza Bolívar y a las diferentes manzanas que llegan al frente marino y las vías de tránsito, que conforman el inicio del ensanche periférico (avenidas 4 de Mayo y Santiago Mariño).
En 1970, la isla de Margarita fue declarada puerto libre, lo que impulsó, aún más, el desarrollo comercial de esta población. La comunidad nacional e internacional la considera de gran importancia, debido a su fuerte actividad turística y comercial. Cuenta con los siguientes barrios y urbanizaciones: Los Cocos, Punda, La Cruz Grande, Los Conejeros, El Poblado, Genovés, Guaraguao, Bella Vista, Campo Mar, Costa Azul y La Arboleda, entre otras.

Las familias más antiguas del poblado de Porlamar llevaban alguno de estos apellidos: Fajardo, Carreño, Patiño, Suárez, Alfonso, Fermín, Núñez, González, Fernández, Gómez, Lozada, Vásquez y Mujica, entre los de más renombre. Y su puerto está situado al sur de la isla, entre el Morro de Porlamar y Punta Mosquito, y es apto para pequeñas embarcaciones.
El poblado, conglomerado o resguardo de los guaiqueríes, que habitaron en el antiguo Paraguarime o Caserío Fajardo hasta las cercanías del Morro de Charamaya (hoy Morro de Porlamar), en un principio tuvo un proceso organizativo con dos elementos claves: terrenos comunales para las siembras y casas de comunidad. Los bienes de las doctrinas incluidas las tierras no podían ser enajenadas, ya que pertenecían al patrimonio de cada comunidad.

El interés de la corona española al patrocinar esta institución fue la protección de los pueblos originarios de los constantes abusos y despojos de sus bienes a que fue sometido por el colonizador, especialmente sobre sus tierras y aguas. Pese a las disposiciones legales, que disponían que los bienes materiales de los resguardos fueran inalienables, no pudo evitarse que los guaiqueríes se vieran constantemente amenazados con la pérdida de sus tierras, debido a la ambición de españoles y criollos margariteños.

Las tierras guaiqueríes se vinculaban a un sistema de posesión colectiva, la valoración de las mismas no era entendida como una propiedad de evaluación comercial, sino como parte esencial de sus modos de vida y producción, dedicadas a la propia supervivencia, tanto en el manejo de sus recursos naturales, como para el uso telúrico y cosmológico, que probablemente no diferenciaban.
En conjunto, las tierras eran vida, la raíz de su fuero étnico, la base de su crecimiento como pueblo y, ante todo, pertenencia cognitiva de su etnicidad. Es así como existen fundamentadas razones en el derecho y el deber que tiene todo pueblo de conocer su pasado.

Estos resguardos guaiqueríes, llamados también por las autoridades eclesiásticas «pueblos de doctrina», se conformaron dentro de esos espacios geográficos, donde estuvieron asentados al momento del contacto.
LEE TAMBIÉN: “Isla de Coche, estado Nueva Esparta: Patrimonio Cultural de Venezuela”
Se trataba de una institución sociopolítica, con cuerpo jurídico de fundación doctrinaria, conformada por unidades de tierras colectivas para ser usufructuada por una comunidad indígena que se regía por disposiciones autónomas, con normas y prácticas socioculturales propias, ajustadas al proceso de adoctrinamiento cristiano, a través de un cura doctrinero.
¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos, estos elementos y sitios Declarados Bien de Interés Cultural!
***

Danfny Esther Velásquez Sosa (1960, Santa Ana, Nueva Esparta) danfnyescritora@gmail.com: Escritora, locutora, maestra pueblo en la Radiodifusión Sonora, productora nacional independiente, cronista comunal, abogada y científica social (doctora en Ciencias de La Educación y en Patrimonio Cultural). Actualmente es la directora interinstitucional de Radio América: R. A. «La Onda de la Alegría» 90.9 FM, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (G. O. N° 42.670, del 13-07-2023).
Su trayectoria incluye un TSU en Producción de Medios de Comunicación Social (Alternativa, Popular y Comunitaria), una licenciatura en Pedagogía Alternativa, sub-área Registro del Patrimonio Cultural, y un posdoctorado en Corrientes Filosóficas para la Investigación.
Ciudad Valencia












