Pero si solamente compré un libro, uno, uno solo. Perdí un autobús por esperarlo, casi se lo arranco de las manos. Una hoja de cuaderno que doblé como un acordeón, donde estaba escrita la lista de supermercado, la convierto en veinte pedazos o más para marcar las veinte partes o más que componen este libro.

‎Si quieren vacaciones de verdad, es decir, irse lejos, olvidarse un rato de ustedes mismos, volver a quedarse un poco más en la intimidad de esta novela, que se ha convertido en una torta de triple chocolate preferida que no quería que se terminara nunca, llena de dulzores y pellizcos electrizantes, coloca la novela “Ifigenia” sobre tus manos tal como si fuese la Biblia.

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‎Leo este libro en los autobuses, que son como una especie de safari en el Caribe, aunque en algunos trayectos no aparecen animales. Subo a un autobús Encava que lleva escrito en la parte de atrás «Tu envidia me fortalece», con una salsa erótica a todo volumen. Estoy del lado de la ventana, a mi derecha se sienta un señor sacando cuentas con unos bolívares en las manos. Mienta la madre, se arrepiente de pagar con dólares. Yo saco el libro, tengo buena luz.

Yo no quiero fingir ser buena. No quiero fingir que leo. Leer no merece la mentira, ni el sudor que viene con ella. Yo leo este libro dos veces, leo a Teresa de la Parra y leo a María Eugenia Alonso.

Mi compañero de ruta Valencia-Puerto Cabello, un tipo de contextura delgada, con un tatuaje en el dedo pulgar de la mano derecha, me recuerda a Popeye. Abre con exageración las piernas al sentarse; yo comienzo a sentirme arrinconada. Abre el morral y estornuda; esta acción se repite unas cinco veces. Pensé en que dejé olvidado el tapabocas. Leo.

Teresa de la Parra-Ifigenia-100 años

Tararea la canción «Devórame otra vez, devórame otra vez», muy mal, inventa otra letra. La abuelita le dice a María Eugenia que no se casará con nadie por pobre. Voy disfrutando el trozo de torta con cada párrafo.

El señor, en su teléfono, escucha una mezcla; sí, la coloca en su oído derecho, que da hacia mi oído izquierdo. La salsa erótica, los estornudos, las piernas muy abiertas, la mezcla de música. Se mueve. Aprovecho para abrir yo un poco más las piernas.

‎Leo, subrayo: «Es el humillante emblema de sumisión y esclavitud en que, como dice tío Pancho, suelen vivir todas las mujeres honradas después de casarse».

‎Estornuda nuevamente mi compañero, con la nariz metida en su morral. Abro un poco más las piernas según el espacio que me corresponde en el asiento. Pienso que leer se ha hecho peligroso, pero no para quien lee.

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Leer “Ifigenia” no es solo recorrer sus páginas, sino dejarse invadir por la lucha silenciosa de María Eugenia Alonso. En su transitar por la sociedad caraqueña de principios del siglo XX, su resistencia se vuelve un eco dentro de mí, dentro de cada lectora que alguna vez sintió que su espacio, su libertad, se reducía. Con cada párrafo, me apropio un poco más del libro, como si la historia fuera también mía. Y en los autobuses ruidosos, entre estornudos y música estridente, leo y me reafirmo. Porque leer no merece fingimiento. Leer es peligroso, sí, pero solo para quien teme despertar.

‎En “Ifigenia” se cuenta la historia de una joven de dieciocho a veinte años que regresa de París después de la muerte de su padre. Es una novela epistolar, donde ocurre el sacrificio femenino en el contexto histórico en que se desarrolla, pero no de forma explícita, sino como un proceso psicológico y social que reduce de forma progresiva el espacio de la protagonista.

 

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La ilusión de la libertad que tiene al inicio, su educación en París, su pensamiento independiente, se va desmoronando conforme la realidad criolla la alcanza y la somete a sus expectativas: matrimonio, obediencia, renuncia.

 

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Marhisela Ron León-columna-Ciudad Valencia

Marhisela Ron León (Puerto Cabello-Carabobo-Venezuela): Poeta, licenciada en Enfermería por la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada. Ha realizado Talleres de poesía a través del Instituto Municipal de Cultura de Puerto Cabello; también de escritura creativa con Nanda Nieves y de narrativa en Corrección Perpetuum, Escuela de Escritores de Caracas. Íntimo (2010) Bonus (2022).

 

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