La labor de ser madres no viene con instrucciones, solo con el enorme peso de ser perfectas para que los hijos “sean alguien en la vida”. De todo eso nos habla Bad Moms (“Malas Madres” o “El Club de las Malas Mamás” por su traducción al español), film dirigido por Jon Lucas y Scott Moore donde muestran varias situaciones a las que las madres están destinadas a pasar, claro, de una forma absolutamente graciosa, aunque sin dejar de lado la crudeza de una realidad palpable. Se entiende que se trata de una cultura muy distinta a la latina, aunque también es válida, ya que aplica en algunos casos y también podemos conocer algunos aspectos de la sociedad en ese pedazo de tierra.

Madre ejemplar
Amy trata de llevar a cabalidad su trabajo de madre, esposa y empleada de un idiota. Además de eso debe asistir a las interminables juntas de padres, que son una tortura para todos, pero nadie se enfrenta a Gwendolyn, la presidenta de la Asociación de Padres. Amy realmente es súper dedicada y comprensiva, no le importa que su marido sea como un tercer hijo que esté todo el día de vago, hacer las tareas de sus hijos, aunque no lo valoren y, de paso, tener la cena perfecta todos los días.

Solo hace falta un mal día
Descubrir a su esposo siendo infiel, otra junta de padres absurda, su jefe le pone más trabajo que no le compete, cargar todo el día al perro… fueron algunas de las cosas que llevan a Amy al borde y la hacen explotar, ya no quiere seguir haciendo lo mismo. Se va a un bar y encuentra a otras dos mamás (Carla y Kiki) de la escuela y empiezan a desahogarse y a cuestionarse todos esos métodos de crianza que las enloquecen a ellas y a sus hijos, se trazan una meta: ahora serán malas madres y pensarán en ellas.

¿Todo bien en casa?
Carla es madre divorciada y soltera, es descarada, directa, vulgar y piensa disfrutar de toda su libertad. Eso le da pie a Amy a preguntarle muy seguido cómo le ha ido con el divorcio y el criar a un hijo sola. Obviamente Carla se da cuenta de qué está ocurriendo y hace que Amy suelte todo lo que lleva. También se enteran de que Kiki tampoco la pasa bien, tiene que cuidar a los niños todo el día, atender toda la casa y, de paso, planchar los interiores de su esposo.

Los hijos de Amy empiezan a reprocharle las cosas a su madre, culpándola de todas las cosas malas que les ocurren a ellos. Ella, volviendo a apartar su bienestar, le propone a su esposo asistir a terapia de pareja, resultado un total desastre y dándose cuenta ambos de que ya no hay nada que salvar.

Bajo una tiranía
Ah, les había mencionado a Gwendolyn, ella prácticamente es dueña y señora de la Asociación de Padres y de toda la escuela, todos hacen lo que ella diga porque sí. Su método de crianza consiste en prohibir a todos los niños de cualquier cosa que tenga sabor, y los obliga a tener clases casi todo el día y a rendir exámenes todos los días. Cada evento de la escuela es organizado y supervisado por ella misma, y si no sale como ella lo espera, hundirá a quien sea, además de convocar a reuniones larguísimas cada vez que a ella se le ocurra. Amy busca cambiar eso, no quiere estar metida en juntas absurdas, ni agotar a sus hijos con tantas actividades sin sentido, por eso buscará ganar las elecciones en contra de Gwendolyn. Ese simple acto, hará que Amy y sus hijos pasen días horribles.
He visto varias veces esta película (extrañamente), y siempre me río horrible con ella, es una película de mujeres para mujeres, aunque obviamente tiene sus connotaciones crudas y su pequeño “deleite visual”. Una de ellas es (y me pareció que minimizaron un poco) la ansiedad infantil; Jane solo tiene 12 años y ya está pensando en si fracasará en la universidad porque no jugó bien en el equipo de futbol en la secundaria. Siempre está al borde del colapso nervioso, en cierto punto da risa porque parece un Chihuahua de tantos nervios que acumula la chica.

Por otro lado, el mimar en extremo a Dylan lo convirtió en una representación en miniatura de su padre, siempre esperando a que Amy hiciera las cosas por él. Por supuesto que todo esto se arregló mágicamente al final de la historia, pero el mensaje claro: las madres tienen impuesta unas reglas enormes, olvidando que lo esencial, cuidar a sus hijos y disfrutar de ellos, esperando que sean buenas personas en el futuro. Los nuevos sistemas de crianza están enloqueciendo a los padres y malcriando a los hijos, no en todos los casos, obvio, pero la diferencia es notoria.

La trama también desmitifica el concepto de “madre luchona y buchona” (“la echá pa’lante” como decimos en Venezuela), nadie aguanta el correr de un lado a otro para cumplir con todos los compromisos del día TODOS LOS DÍAS, mientras finges que estás perfecta y que nada te saca de foco. Eso lo podemos ver representado en varias de las mamás de la película. Lo otro que llama mucho la atención es la costumbre de hacer continuas y tediosas juntas de padres y eventos; se supone que ya están lo suficientemente ocupados con su día a día como para hacer esas otras cosas. Supongo que debe ser algo muy de USA, porque aquí si acaso llaman a los padres en caso de que algo pase con sus hijos o para ver sus notas.
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Bueno, al fin y al cabo, la trama es muy buena, quizás para algunos sea algo vulgar, pero ¿quién es perfecto o perfecta como para no decir alguna vulgaridad? Así que vamos a quitarnos un poco los prejuicios y vamos a relajarnos viendo esta película, y como siempre les digo: “Si no la han visto, véanla, y si ya la vieron, vuélvanla a ver, no tiene pérdida de nada”.
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Isabel Londoño, egresó de la Universidad de Carabobo (UC) en el área psicosocial, tiene también estudios universitarios en turismo y sistemas.
Es una apasionada de la música y del Séptimo Arte desde que tiene memoria, siendo el cine y sus distintos géneros la pasión a la que ha dedicado más horas y análisis. Sus reseñas sobre clásicos o estrenos del cine aparecen ahora, cada viernes, en Ciudad Valencia desde “El Rincón Cinéfilo”.
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