Nuevos retoños literarios van abriéndose camino y uno de ellos es el de Mercedes Payares. Compartimos este hermoso cuento para continuar nuestro recorrido con los nuevos autores.

Semerucos

Había planeado sorprenderlo con un postre después del almuerzo. A dos horas de distancia la huerta de Marcos, disponía los productos agrícolas de estación. Camino a casa, encontré avisos en la vía que anunciaban

– ¡A 100 metros, terreno la huerta!

– ¡Al final del desvío, encontrará la parcela de la huerta!

– ¡Después del puente, cruce a la derecha y lo esperamos en la huerta!

 

El pretexto se asomó por sí sólo, preciso, sin búsqueda rigurosa. Me calmé pensando que Marco no estaría, que la había cedido a otro dueño pero un recuerdo del pasado, me conmovió en el sosiego al remembrar la indecisión de aquella tarde.

 

Tenté el pasado y evoqué su rostro, la sotana del cura dispuesto a concretar el enlace de la unión eterna. Lo intenté y logré apaciguarme, reemplacé mi atuendo por uno más señorial y escondí mi rostro abatido por la fuga, por la evasión escabullida tras la silueta de un amplio sombrero.

 

Decidida me dejé conducir por los avisos y allí estaba, una huerta colorida por sus frutos, inspirada en el aire saludable de sus verduras. Desde el auto, avizoré aglomeradas a personas alrededor de una planta que no alcancé a estipular.

Retoños Literarios

Tomé valor para abrir la puerta y descender, repitiéndome en todo momento que el propósito eran los Semerucos, como ingrediente fundamental.

Un joven con voz amable se acercó y se presentó como el capataz encargado. Recibí el saludo con un gesto distante, me increpó e insistió en mostrarme las plantaciones y la basta ganadería que se apreciaba en un terreno próximo.

 

Durante el recorrido me propuse indagar en su discurso, no encontré rastros de antecesores. Logré zafarme del guía y transitar el perímetro en su búsqueda, admirando el dulzor de las piñas, la firmeza de los melones y la piel rojiza de los Semerucos que se exhibían apetitosos.

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Tomé más de una docena, los cubrí con la falda de mi vestido, me distancié unos pasos y una voz acongojada me interpeló, sentenciando aquel acto puro e inocente de fechoría. Me di vuelta para sentenciar el reclamo mientras los frutos, rodaban tropezando con las naranjas, con la gamuza de duraznos.

 

 

 

 

El tono tembloroso de su voz se topó con la tersura de mi piel, liberada de la tela fibrosa, añorando el roce de caricias arrepentidas, queriendo adueñarse de una huerta con Semerucos.

 

 

 

Semblanza de la autora

 

Mercedes Payares

Mercedes Payares es psicóloga clínica. Además una apasionada de la lectura y la escritura creativa. Residenciada en Valencia, ha participado por varios años en los talleres de La Letra Voladora.

Retoños Literarios…


 

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Lee nuestro retoño anterior: Retoños Literarios: Bibliotecario

 

Orimar Meneses/ Ciudad VLC

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