Sábado: Poesía y natación, por Luis Alberto Angulo

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SÁBADO / Poesía y Natación

 

Tenía varios meses sin ver a Natasha, la hijita de cuatro años, cuando fui a visitar a mi familia. Ella estaba con su hermano y su madre, quien realizaba un segundo postgrado de medicina en una universidad foránea.

De las cosas que me contó recuerdo dos que me impactaron. La primera tenía que ver con el preescolar a dónde iba. “Papi, los niños piensan que soy tonta porque no hablo inglés”, dijo mientras sus bellos ojos morunos se humedecían.

La abracé y le expliqué: No hablas ese idioma de la misma forma como ellos no hablan el tuyo. Sin embargo, en cuatro meses, cuando yo regrese para pasar contigo la Navidad, tú estarás hablando inglés y ellos no sabrán nada o muy poco de castellano.

Se le iluminó de nuevo la mirada, sonrió y no me dijo nada hasta cuando regresé a casa y sin necesidad de preguntas dijo que ella tenía dos idiomas.

El segundo recuerdo de aquel viaje, fue que se puso un traje de baño, llenó la tina del único baño del apartamento y me llamó para que viera cómo se sumergía en ella, cerrando sus ojos y tapándose las fosas nasales con una de sus manos. ¿Viste que ya sé nadar? Me dijo con total convicción.

Aplaudí su logro pero quedé muy preocupado por otras razones. Poco antes del viaje a Lexington, todos habíamos ido, junto a otros parientes, a un club de playa en Puerto Cabello. Llegando a ese lugar observé atento a mi hijita a lo lejos corriendo con gran alegría gritando: “La piscinita, la piscinita”, y con determinación, lanzarse de pie al jacuzzi que confundió con la alberca de los niños. Vi su cabello negro en la superficie del agua y le grite a su tía que estaba muy cerca: Sácala, y ella velozmente, sin dudar un instante, la sacó del agua de inmediato.

Mi verdadera preocupación entonces fue percatarme de la gran piscina del complejo habitacional donde vivíamos. La audacia de la niña y su falsa percepción de que sabía nadar me aterraban.

Hablé con Miriam y luego con ella. Iniciaríamos de inmediato el aprendizaje básico de natación. Al otro día pasamos toda la tarde en la piscina, cuando regresamos, mi esposa le preguntó a la niña qué había aprendido. Ella respondió:
Hoy aprendí que no sé nadar, mami.

Ella aprendió a mantenerse en el agua en aquel verano y enseguida inició clases de natación en la Universidad de Kentucky en una piscina olímpica en la que el día del término del curso debió lanzarse de un trampolín muy alto. Logró un estupendo nivel en natación y ahora le ha enseñado a nadar a Eva Amelie, su niña, con mayores recursos y aciertos de los que yo tuve en sus comienzos.

Sábado por Luis Alberto Angulo
Sábado: Poesía y Natación, por Luis Alberto Angulo

Esta breve historia por cierto, me ha servido muchas veces para iniciar varios de los llamados talleres de lectura y escritura de poesía de los que he sido coordinador o invitado a leer mi poesía.

Lograr establecer nosotros mismos la diferencia entre nadar y chapotear es algo que acelera la percepción de la verdadera naturaleza de un arte como el de la natación o el de la lectura y la escritura creativa.

Empezamos entonces a reconocer la enseñanza sin bloquear el aprendizaje con ideas infundadas.
Sin embargo, el maestro interno es el fundamento del aprendizaje y poco a poco muestra su presencia sin notarse apenas.

“No nadamos en el agua, somos el
agua, eliminemos la resistencia mediante la perfección de cada movimiento armonizado de nuestro cuerpo.”

 

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Luis Alberto Angulo [Rivas]. Poeta. Nació en Barinitas, estado Barinas (1950). Reside en Valencia desde hace cincuenta años. Es autor de los libros de poesía Coplas de la edad ligera (2021), Antología del decir (2013), y La sombra de una mano (2005), publicados por Monte Ávila Editores Latinoamericana, así como de Fusión poética (2000) en la Universidad de Carabobo, institución en la que obtuvo el Primer Premio del IV Concurso Internacional de la Revista Poesía.

También es premio nacional de poesía Dr. Francisco Lazo Martí. Ha publicado selecciones poéticas de San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Lubio Cardozo y Ernesto Cardenal, y la antología Rostro y poesía, Poetas de la Universidad de Carabobo.

Es coautor de las compilaciones: El corazón de Venezuela, patria y poesía, y de Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Iraq y Líbano.

Fue director de la Revista Zona Tórrida (UC) y de REDVE (Red Nacional de Escritores de Venezuela).

 

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