Hace 150 años nació Rainer Maria Rilke, uno de los poetas más importantes de la modernidad literaria.
«El amor consiste en dos soledades que se protegen, limitan y procuran hacerse mutuamente felices».
Rainer Maria Rilke

El 4 de diciembre se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de Rainer Maria Rilke.
Donde la palabra se vuelve espera.
René Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke (Praga, 4 de diciembre de 1875- Raroña, Suiza, 29 de diciembre de 1926), conocido como Rainer Maria Rilke [ˈʁaɪnɐ maˈʁiːa ˈʁɪlkə] también Rainer Maria von Rilke, fue un poeta y novelista austríaco considerado uno de los poetas más importantes en alemán y de la literatura universal.
Durante los primeros años de su vida, René Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke no fue del todo él. Su madre, Sophie Entz, aún dolida por la muerte de su primera hija a los pocos días de nacida, lo vistió como niña y lo llamó con el nombre de la hermana muerta. Así, Rilke creció en una infancia desplazada, como si habitara un cuerpo prestado, una identidad suspendida entre el duelo y la ternura. Su padre, Josef Rilke, un funcionario ferroviario frustrado en su vocación militar, lo inscribió a los diez años en la Academia Militar de Sankt Pölten, y luego en la de MährischWeißkirchen, donde el joven poeta vivió años de enfermedad, aislamiento y desarraigo.
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Pero esa herida temprana, esa fractura entre lo que se espera de uno y lo que uno es, se volvió su don. Rilke no escribió desde la certeza, sino desde la grieta. No buscó la forma perfecta: buscó la forma que tiembla.
Años más tarde, ya convertido en Rainer Maria Rilke, ese niño herido respondería a un joven cadete llamado Franz Xaver Kappus. El muchacho le había enviado sus poemas, pidiéndole consejo. Rilke no corrigió versos. No dio fórmulas. Le escribió diez cartas que no eran respuestas, sino espejos. En ellas, no se lee una pedagogía, sino una ética: “Vaya dentro de sí mismo. Explore la razón que lo impulsa a escribir. Descubra si se moriría si no lo hiciera.”
Así nació Cartas a un joven poeta (1929), un libro que no fue concebido como tal, sino como un acto de cuidado. Cada carta es un umbral. Rilke no enseña a escribir: enseña a estar solo. A no temer la lentitud. A no buscar afuera lo que solo puede madurar en la sombra interior. Le habla del amor como una tarea difícil, del arte como una necesidad, de la crítica como un ruido que debe silenciarse. Le habla, sobre todo, de la soledad como patria del alma.
En sus palabras no hay dogma, sino respiración. No hay doctrina, sino presencia. Rilke no se impone: acompaña. Y en ese acompañamiento, se revela. Porque en esas cartas está su infancia no dicha, su amor por Lou Andreas-Salomé, su paso por Rusia, su trabajo con Rodin, su hija Ruth, su exilio voluntario en Suiza, su miedo a la muerte, su sed de Dios. Todo eso está, pero no contado: mostrado como quien deja una vela encendida en la noche del otro.
En esta ciudad nuestra, donde aún hay jóvenes que preguntan si vale la pena escribir, si el arte tiene sentido en medio del ruido, las cartas de Rilke siguen siendo un conjuro. No envejecen. No se agotan. Son un rito de paso. Una iniciación. Una forma de decir: “No temas a tu interior. Allí está todo.”
Y acaso lo esté.
Estas son algunas frases profundas y representativas de Rainer Maria Rilke, seleccionadas por su belleza, sabiduría y resonancia poética:
“La forma más elevada de amor es ser el protector de la soledad de otra persona.”
Una visión del amor como respeto profundo por el mundo interior del otro.
“Ten paciencia con todo lo que está sin resolver en tu corazón y trata de amar las preguntas mismas.”
De Cartas a un joven poeta, esta frase invita a vivir el misterio sin apresurar respuestas.
“Tal vez todos los dragones de nuestra vida sean princesas que sólo esperan vernos actuar, sólo una vez, con belleza y valentía.”
Una metáfora luminosa sobre el miedo y la transformación.
Primera Elegía de Duino (fragmento)
“¿Quién, si yo gritara, me oiría desde los coros de los ángeles?
Y aun suponiendo que uno de ellos me acogiera de pronto en su corazón:
Yo me extinguiría ante su más fuerte existencia.
Porque lo bello no es sino el comienzo de lo terrible…”

Ilustración realizada mediante
calco con mesa de luz,
aplicación de color y textura
con crayones digitales en
Photoshop.
José Luis Troconis B.
Donde el alma no teme su sombra, florece el verso que no busca ser oído. Donde el alma calla, el ángel dicta. Y el verso no se escribe: Desciende.
Troconis.
Micropoesía: “Infancia en Praga”
La madre le dio un nombre que no era suyo,
un vestido que lloraba en silencio.
Jugaba con sombras que no eran juego,
aprendió a callar antes que a hablar.
En la escuela, el uniforme pesaba más que el cuerpo,
la voz se escondía en los cuadernos.
Pero en la noche,
una rosa sin porqué florecía en su pecho,
florece porque florece
JLTB
Carta desde el desván de los inviernos
Invierno de 1903
París, Francia
Madre:
No sé si alguna vez leerás estas palabras, pero necesito escribirlas para poder seguir respirando.
Durante años me vestiste con encajes y me llamaste por un nombre que no era mío. Decías que así el alma de tu hija muerta viviría en mí. Yo no entendía, solo obedecía. Me miraba al espejo y no sabía si era un niño disfrazado de ausencia o una ausencia disfrazada de niño.
No te culpo. Sé que el dolor te volvió madre de un fantasma, y que yo fui su cuerpo prestado. Pero mientras tú llorabas a Sophie, yo aprendía a callarme. Mientras tú bordabas vestidos diminutos, yo escondía mis juegos, mis preguntas, mi voz.
Después vino la academia. Me enseñaron a marchar, a endurecer la espalda, a no temblar. Pero yo temblaba por dentro. Cada noche escribía versos en los márgenes de los reglamentos, como si las palabras pudieran salvarme de convertirme en piedra. Hoy vivo lejos, en una ciudad donde nadie me llama por un nombre que no elegí. Escribo. Escribo como quien respira bajo el agua. He aprendido que el dolor no se borra, pero se transforma. Que la infancia no se recupera, pero se canta.
Madre, no soy Sophie. Nunca lo fui. Soy Rainer. Soy el niño que lloraba en alemán, el que hablaba con los ángeles en los pasillos vacíos, el que aprendió a amar el silencio porque en él cabía todo lo que no podía decirte.
Te perdono. Y me perdono por haber tardado tanto en nacer de verdad.
Con ternura,
Rainer
(José Luis Troconis Barazarte)
Nota:
La hermana de Rainer Maria Rilke se llamaba Sophie. Ella falleció antes del nacimiento del poeta, y este hecho marcó profundamente su infancia. Debido al duelo, su madre lo llamó René (que significa «renacido») y, durante sus primeros años (hasta los cinco o siete años, según la fuente), lo vistió con ropas de niña y lo trató como si fuera la hija que había perdido, llamándolo incluso por el nombre de su hermana. Más tarde, influenciado por Lou Andreas-Salomé, el poeta cambió su nombre de René a Rainer, buscando una identidad más masculina y alejada de esa etapa de su vida.
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José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.
Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.
Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales.
Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación.
Escribe como quien borda, con barro en los pies
cielo en la lengua, fuego en la voz,
con oído de calle y pulso de viento.
Poeta que escucha lo que otros callan
y traduce silencios en tinta viva.
(Reseña de Antonio V. Díaz B.)
Ciudad Valencia/RM













