Venezuela: la guerra o la paz

Alea iacta est, es decir, la suerte está echada y no hay vuelta atrás. Quizás hubiéramos elegido la guerra, pero hemos optado por la santa paz. Al elegir la guerra como horizonte, nos hubiéramos arriesgado a ver directo al ojo tuerto de la muerte. Claro, muchos hubieran, se los aseguro, entregado su sangre por su Patria y combatido al enemigo invasor.

Sin embargo, y ante la inminencia de un conflicto total que hubiera conllevado a la muerte de decenas o cientos de miles, hemos elegido pelear en el terreno de la diplomacia. Nuestra batalla no es militar, aunque estemos listos para dar la cara en este ámbito, sino dialéctica, retórica y diplomática. Porque no somos los matones del vecindario, sino gente civilizada. Y porque valoramos la vida humana y el futuro del Estado por sobre todas las cosas.

Nos remontamos a las postrimerías del año pasado. Aquel 2025 se agotaba en una escalada militar sin precedentes en el mar Caribe, donde se aglutinaba 1/3 de la fuerza naval estadounidense, incluyendo sus mejores aviones cazas y barcos de combate. EEUU practicaba maniobras y simulaba conflictos en distintos países de la región, y había una recompensa de 50 millones de dólares por Nicolás Maduro.

Es decir, la situación era sumamente tensa y algunos ya vislumbrábamos lo que parecía evidente: EEUU iba atacar territorio nacional en cualquier momento.

Luego de la extracción ilegal del presidente de un Estado soberano con representación en la ONU (03/01/26), EEUU se jactó de haber atrapado a un “criminal”. Cuán sería la sorpresa de los jueces al ver que a aquel prisionero de guerra se le había acusado de un delito falsamente señalado: liderar un cartel de drogas que, según los propios magistrados yanquis, no existe.

 

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Ante la ausencia del presidente constitucional Nicolás Maduro, la vicepresidenta Delcy Eloína Rodríguez es juramentada, por orden del TSJ y dentro de los términos de nuestra Carta Magna, como presidenta encargada de Venezuela, la primera mujer en ocupar el liderazgo del ejecutivo en la historia.

Es precisamente ella quien ha promovido más ardientemente la resolución del conflicto armado a través de la comunicación entre iguales, el verbo, la racionalidad, la inteligencia y la diplomacia como estrategias políticas principales. No obstante, el presidente Maduro llamó muchas veces al diálogo y la sindéresis entre Venezuela y EEUU, que parecían eternos rivales.

A pocas semanas de estos dramáticos sucesos, la política de paz regional, civil y de apertura a la heterogeneidad de pensamientos y tendencias, va dando frutos y con seguridad lo seguirá haciendo.

Entre ellos se puede destacar: 1) La tramitación de un «acuerdo» de convivencia política entre EEUU y Venezuela, bajo el sello del respeto mutuo y la independencia. 2) La puesta en escena de intercambios económicos justos y de gran envergadura entre Venezuela y EEUU. 3) La continuidad de la revolución bolivariana bajo la conducción de la presidenta (e) Delcy Rodríguez y la estabilidad social del país, que son ganancias inmensas.

Quizás hemos recibido un golpe o una derrota –si se quiere– en el terreno militar. Pero la victoria política le pertenece, una vez más, al chavismo.

 

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Ciudad Valencia/RM