Hola, cinéfilos, espero se encuentren muy bien. Tenía pensado escribir sobre otra película, pero a propósito del cumpleaños de esta servidora, no pude evitar recordar este film tan especial: Si tuviera 30, estelarizado por la siempre hermosa Jennifer Garner y el talentoso Mark Ruffalo. Es un film de hace casi 20 años, pero es imposible pasar de largo cuando está en TV; al contextualizarse en un ambiente de moda, todo atuendo que aparece hace querer tenerlos todos sí o sí.
Más allá del review, trataré de enfocarme en otros detalles, ya que, al ser tan popular, creo que estaría de más (hasta sería pecado) contar de qué se trata. También aprovecho para hacerles la invitación de realizar un pequeño ejercicio: hacerse la misma pregunta con la que titulo en esta oportunidad.

Un simple deseo
Una Jenna de 13 vive enamorada de la moda de los ‘80 y las revistas de moda, cree que al hacer una fiesta de cumpleaños podría hacer más “amigos”. Un anhelo que muchos a esa edad tienen en mente, y más si se trata de una adolescente algo solitaria. La cultura norteamericana nos ha mostrado que si no eres popular o no tienes un enorme grupo de amigos, prácticamente no eres nadie, eres un perdedor. Tristemente Jenna no logra entender eso, y hasta se humilla porque el horrible grupo de las populares la tome en cuenta. Al ver que no lo consigue, se obsesiona con su deseo de “tener 30, ser coqueta y prospera”.

¡Concedido!
Ya Jenna tiene 30, tiene lo que había soñado y más, pero ¡oh, sorpresa!, todos esos pequeños detalles que ella tanto apreciaba ya no tienen cabida en su nueva vida. Esto nos demuestra que no siempre lo que deseamos es lo que necesitamos. No le servía de nada tener todo eso que soñó “ayer”, si no tenía a sus padres, no tenía un amor bonito, ni amistades reales. En su renovada vida, tuvo que convertirse en una mala persona para lograr el “éxito”. Aun pensando como la adolescente que es, Jenna busca estar con gente de “su edad”. En este punto nos muestran cómo ella sí podía hacer amistades que la aceptaran como ella era realmente, amistades que la comprendieran y la apoyaran, obvio también amistades con las que hacer cosas divertidas de la adolescencia. También nos enseñan que un adulto también puede soltar su niño interior para hacer las cosas mejor y hasta divertirse.
¿Y el amor qué?
Amor romántico, amor propio, amor de amistad, amor de padres… esta película escenifica todo eso que realmente se debe tener en la vida para ser felices. Jenna lo entiende muy tarde con Mattie, su mejor amigo desde la infancia, él ya se va a casar y, aunque se amen, nada podrá cambiarlo. Esto es lo que termina de derrumbar la vida que había “arreglado” nuevamente Jenna.
Saben que las películas que me encantan, las veo al menos unas 10 veces. Así que cuando “la había visto poco”, pensaba que Matt era un desgraciado sin corazón, hasta me pareció un poco egoísta el hecho de que Jenna en el fondo hiciera de todo para conseguir la atención de él, luego lo entendí. Muchas veces necesitamos una cachetada de realidad, y si hay alguien que nos la pueda dar, mejor. Me explico. Creo que a pocas personas les gusta que le digan sus verdades en la cara, y tampoco hay tantas personas que te inspiren a mejorar como persona. En eso ayudó Matt a Jenna, le daba su dosis de realidad, aunque suavizada, pero realidad al fin, e inocentemente hacía más fuerte a Jenna. Ella también le dio lo suyo, le ayudó a recordar por qué amaba ser fotógrafo, a ser niño de nuevo y a creer otra vez en el amor.

Más allá de todos los retos por lo que tuvo que pasar Jenna, como cualquier adulto independiente, el darse cuenta y mostrar que, con amor propio y seguridad, puedes hacer lo que quieras. A pesar de que el film es catalogado como comedia romántica, tiene claros mensajes feministas (un poco disfrazados, obvio) y, por supuesto un claro mensaje de que hay tiempo para todo. Como adolescentes, queremos vivir al máximo, cumplir la mayoría de edad para irnos de casa, trabajar y conseguir pareja; ya desde temprana edad “tenemos en claro” qué deseamos ser. Pero la vida y la biología nos muestran una vez más que esas hormonas nos hacen pensar y hacer estupideces (a veces).
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Así que respondiendo la pregunta que abre el título: sí y no. Sí regresaría a los 13 solo para abrazar a esa descontrolada Isabel y decirle que, si ahora lo ve difícil, todo será más difícil, pero que valdrá la pena porque hoy estará un poco más tranquila y contenta con lo que logró. Y no regresaría porque esa producción tenía bajo presupuesto, el guion era extraño e inconcluso y los actores pasaban por muchos conflictos jajaja… aunque realmente no cambiaría nada.

Así que, si tienen menos de 30, ¡Disfruten!, esas rodillas y espaldas intactas no duran para siempre y hagan las cosas con amor; y si tienen más de 30, ¡Vivan!, aunque haya que tomarse algún calmante para los dolores (del cuerpo o de la mente), nos amarguemos un poco, recordemos con alegría a esos locos adolescentes que algunas vez fuimos y hagamos las paces con esa personita que no sabía lo que hacía, solo quería ser feliz. Aunque cada generación dice que la suya es mejor, estoy feliz de haber sido generación de los ‘90. Como siempre les digo: “Si no la han visto, véanla, y si ya la vieron, vuélvanla a ver, no tiene pérdida de nada”.
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Isabel Londoño, egresó de la Universidad de Carabobo (UC) en el área psicosocial, tiene también estudios universitarios en turismo y sistemas.
Es una apasionada de la música y del Séptimo Arte desde que tiene memoria, siendo el cine y sus distintos géneros la pasión a la que ha dedicado más horas y análisis. Sus reseñas sobre clásicos o estrenos del cine aparecen ahora, cada viernes, en Ciudad Valencia desde “El Rincón Cinéfilo”.
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