Divagaciones - Arnaldo Jiménez - Apuntes generales sobre la cultura

He visto la lenta disolución de los amaneceres: cómo el enigma muele sus luces y devora la soledad, de qué manera arde allí el imperio de la vida, y seducen sus evidencias en los gestos del cielo; también he sentido que, pese a su eterna repetición, el amanecer no guarda memoria de sí mimo. La transición de los tonos, la evaporación de sus intensidades, quizás sean las características más resaltantes; Albo, en cambio, es una luz definitiva. Sus matices transcurren, es cierto, pero lo hacen dentro de un fondo de permanencia, ya que en este poemario son las palabras las que despliegan sus capacidades de alumbramiento, tanto en el sentido de parto como de llegar a aquellos objetos cuya obviedad les opaca los sentidos y los oculta en la rigidez de las rutinas; no obstante, Tannia los toca con la fuerza de su voz; porque eso es lo que existe en Albo, una voz fuerte, única, aunque impregnada del silencio del padre y de ese aliento que trae noticias en el corredor de la casa; lo cual es otra voz en la poeta.

Lo primero que uno siente al leer Albo es el rigor de cómo fueron escritos cada uno de sus poemas; la claridad de visión que une y mezcla el asombro y la ternura, la celebración y la nostalgia, el orgullo y la nobleza de espíritu; todo expuesto con gracia y equilibrio estético. Veamos cómo el círculo de un anillo que el padre lució en sus manos, luego es el vacío por donde él mismo dejó de sostenerse y ella lo busca:

 

 

ANILLO
Tengo tu anillo padre
el que llevabas en el anular
a mí se me cae del índice
tengo tu anillo        redondo
círculo metálico que brilla más por las noches
lo llevo conmigo
como antes me llevaste tantas veces
tengo tu anillo
padre
y te imagino entre mis manos
que en las tuyas aún serían pequeñas
tus manos  tus grandes manos ahora de piedra lisa
¿a dónde están tus manos?
las busco dentro del anillo y se pierden en el vacío de su circunferencia
inasibles manos
este anillo es una hiedra que busca aferrarse a una pared
de aire
una intención de niebla

 

albo-tannia maruja garcía

Tannia escava con el poema, lo hunde dentro de su realidad, la externa y la interna, saca cosas, saca brumas, oxidaciones, espacios blandos, mandatos, relojes… y deja el mundo con más brillo. Es como si uno estuviera paseando por una galería donde se pueden detallar diferentes cuadros, motivos diversos, y sin embargo están unidos por una voz interior que impone un ritmo, una precipitación de imágenes que, no por poseer un efecto avasallante, de cascada (como en los poemas Fiera, Niña, Monedas, entre otros), carecen de control; y es esto lo fascinante de este poemario (publicado por El Taller Blanco, Colombia, 2021), el modo de cómo su autora suelta y recoge, se extiende y se contrae; por momentos, a uno le parece que la poeta forcejea contra sí misma, se acecha sin ningún pudor, sin ninguna lástima, porque a ella lo que más le importa es la claridad en la ejecución de los movimientos, los cuales están en concordancia con el temple de su espíritu, dado que desde esta pulcritud la luz se dirige hacia el exterior y nos permite ampliar nuestra mirada.

albo-tannia maruja garcía-foto

Pareciera que a Tannia, el Libro de las Mutaciones le susurró al oído que su perseverancia ya le dio ventura, y aunque ella galope el caballo de la poesía y se multiplique como testigo de lo que ocurre, esto no evita que ella mantenga su singularidad, el fuego que se extiende sobre el lago, la veneración y el respeto por la familia.

La lámpara interior de Tannia es un hecho, por eso ella no se preocupa tanto por la intensidad interior, sino por la proyección, que a esta no la perturbe un canto efímero, por eso ella la arroja hacia el duelo y hacia los riesgos. Entonces se puede ver que los lances, los ataques que se dirigen al lector, son movimientos pendulares, van y vienen: al ir, afirman, y al regresar, niegan. ¿Cómo no apreciar esa verdad antes dicha en los poemas que abren el libro, Gestación y Caja? El primero borra la expectativa de aquello que aún no ha nacido y, por tanto, no es mujer ni hombre, solo “una masa de vida” que viaja hacia la luz que crece para que pueda ser fuera de esa vasija–madre cuyas tapas resguardan los otros que fue: el proceso de llegar a ser carne o cuerpo completo. ¿Acaso no es la muerte “un nacimiento al revés?”, cuando el cuerpo de su padre reposa en una caja, la cual no permite el quiebre de las costumbres y la esposa sigue llevándole el café negro sin azúcar, tornando aquella costumbre en un rito de amor más allá del amor mismo.

 

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Una de las constantes poéticas que Tannia trazó en Albo es el juego de opuestos. Empezando por decir que para que exista el alba antes debió haber transcurrido la oscuridad, lo nocturno, es la conciencia en torno a la coexistencia de los contrarios lo que permite la elección, porque la oscuridad no es lo opuesto que separa, sino lo que complementa. Esa constante también puebla la percepción del lector, primero vuela y luego cabalga sin saber cómo pasa de uno a otro ámbito. En fin, Albo, además de ser un homenaje a la memoria del padre, quien está presente en casi todo el poemario, también lo es a la madre, a los espacios de encuentros cotidianos, a la mujer y, por supuesto, a la poesía que habita en su autora, lo cual es clave para entender por qué ella descubre un poema en cada objeto. Y aquí les dejo la clave de su arte poética, escrita por ella misma:

 

POEMA
El poema emerge de mí
de alguna parte de mí
yo emerjo de él
es tránsito o espejo
es fin es también
procesión
hay en cada cosa un poema que brota
en silencio
minúsculo
contemplo
lo que en mí nace al ver lo manifiesto
me hago vehículo          nave
página que invoca un gesto
apenas una hoja que cae de un árbol

 

***

 

Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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