Estimado amigo Arnaldo Jiménez, aprovecho la celebración del día del escritor para dedicarte estas cortas y sinceras líneas, que espero sean de provecho para tu espíritu. No sé si recuerdas aquella tarde en la que de manera espontánea afrontamos el tema de la escritura, un tema que siempre habíamos evadido o apenas rozado en anteriores encuentros.
Es que tú acostumbras a convertir en chistes asuntos que hay que conversar con seriedad y con mucha honestidad, no te gusta que te tomen como centro de conversación o como ejemplo, eso lo entiendo hasta cierto punto. Porque, como tú sueles decir, ¿para qué tanto aspaviento por ser leído?, si las editoriales apenas lanzan al “mercado” treinta libros, y estamos hablando de una cifra agradable; pues, quiero decirte entonces que esa misma razón es válida para que conversemos del hecho de escribir, total, nadie se va a enterar.
Los escritores se conocen, en parte, y se pagan y se dan el vuelto. Por otro lado, existe una gran cantidad de poetas y escritores que por más que intentan manipular las redes del ciberespacio terminan enredados y el esfuerzo no se traduce en un aumento de lectores. Pero miento, sí aumenta, pero es muy lento y el promedio sería algo así como cinco lectores anuales, con la certeza de que muchos no te seguirán, haciendo que la estadística no sea confiable.
Pero no quiero seguir hablando de las apariencias del acto de escribir, todo ese merodeo que sé que tiene mucha tela para cortar, es para pedirte permiso y transcribir aquí, en el espacio que me has cedido, aquellas ideas que de nuestra conversación se desprendieron y que me parecen pertinentes hacer públicas en este momento:
Algo que me impresionó de nuestro debate fue el hecho de que los dos coincidimos en admitir en que nadie en el planeta ni en el país, ni en tu estado ni siquiera en tu municipio, por no llegar hasta la familia, nadie, pero absolutamente nadie, está esperando que salga a la venta un libro tuyo. Ninguna persona necesita de la escritura de algún autor para ser feliz o mejor persona, esto lo pueden lograr, con más eficiencia, por alguna otra vía, hay muchísimas. De igual modo, ninguna editorial, ningún lector, está en deuda contigo; y no solo me refiero a ti, Arnaldo, esto es válido para cualquier escritor.
Que tú pasaste 15 años escribiendo una novela o un libro de cuentos y tú consideras que es un gran libro, pues, eso no está mal, lo que está muy mal es que creas que esas razones son suficientes para que ganes un premio importante o te llenes de dinero por libros vendidos o que alguna editorial recompense tu esfuerzo. No. De ninguna manera. Tu libro puede ser rechazado, vilipendiado, ofendido, negado, y esto solo es motivo para que continúes en el forcejeo en busca de la calidad necesaria.
En primera instancia, acordamos, la literatura puede ser un medio de crecimiento espiritual, moral, ético, emocional… sobre todo para ti, para el escritor. La literatura te aporta esa posibilidad, pero es muy difícil que tú le aportes algo a ella. Eres uno más que escribe, uno más entre millones de seres con igual derecho a las ilusiones y frustraciones. Pero me gustaría aclarar algo que sé que te debe estar incomodando: cuando digo crecimiento espiritual no me refiero a libros que tienen esa finalidad expresa, esa intencionalidad objetivada en miles de ventas, no, me refiero a la escritura trabajada por neuróticos y ansiosos, por deprimidos y obsesivos, ellos sí pueden lograr ese crecimiento, porque están partiendo desde sus asquerosidades, desde sus zonas purulentas y emprenden un viaje hacia sí mismos que podría generar alguna complicidad, un acompañamiento por similares caminos a esos seres extraños y anónimos que llamamos lectores.
Eres uno más, no el mejor ni el único; tus textos tocan temas y/o crean personajes que ya otros han tocado y han creado, seguramente con más tino y elegancia que tú. No estuviste de acuerdo con la apreciación anterior, pero me diste luz verde para que lo dijera, te agradezco el gesto. En todo caso, lo que se puede admirar en un escritor es su osadía, su valentía en proponerse edificar una obra cuando ya sabe que en el panorama mundial de la escritura existen monstruos como J. L. Borges, Cervantes, Cortázar, Uslar Pietri, Alfredo Armas Alfonso, Saramago, García Márquez, Juan Rulfo, Doris Lessing, Han Kang, Bryce Echenique, Oriana Falacci y pare usted de contar.
Pero bueno, las cervezas avanzaban su torrente en nuestro sistema sanguíneo y fuimos dejando atrás tantos puntos de vista negativos y convenimos en considerar que sí existe una posibilidad de que tus escritos, los de cualquier escritor, puedan tener un fundamento de autenticidad, esto ocurre casi siempre cuando la fuente de la escritura corre desde la vida hacia ti y desde ti hacia el teclado o lo que uses para escribir.
Es obvio, los textos mezclan emociones, lecturas, experiencias propias y ajenas; pero si de esa mezcla surge un “producto” acabado, que está dirigido al alma de las personas, entonces no se trata de un acto de engreimiento, sino de humildad y hasta de timidez. Y también es obvio que, si ese “producto” es auténtico, esto debe generarle a otra persona un modo de compañía o un aprendizaje.
En ese tiempo yo estaba interesado en incursionar como escritor, entonces, de aquella conversación entendí varios asuntos que en ese momento no me dijeron casi nada, o los vi como manías de un escritor; pero ahora entiendo que estaban dedicados a concebir la escritura como un compromiso de vida. Veamos:
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* Si no eres un lector, de libros y de la vida misma, y quieres escribir, ¿cómo puedes llevar a cabo esta incoherencia?
* No te compares con los demás, ellos encontraron un camino y los autores solo son sus maestros o sus compañeros de viaje.
* La soberbia y el egocentrismo no son buenos consejeros.
* En función de tu compromiso serán los resultados que obtengas.
* ¿Desde cuál actitud quieres escribir?
* ¿Qué deseas conseguir con la escritura?
* ¿Qué tienes para ofrecer y cómo lo vas a ofrecer?
* Tú eres tu lector, tu jurado, tu juez, tu crítico. Esto no excluye la sinceridad de los amigos.
* No te subestimes como para empezar a escribir malas canciones, ni tampoco te sobrevalores como para empezar escribiendo novelas de 300 páginas.
* No eres europeo ni asiático, no menosprecies tu realidad inmediata de vida. Bucea en ella y hallarás riqueza en el dolor ajeno, hallarás grandes seres humanos derrotados y en lucha.
* Ser riguroso e inconforme.
* Todo pasa, todo es efímero. Tus libros no serán la excepción, también morirán.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).
(Tomado de eldienteroto.org)
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