Para una poeta como yo, una mujer de playa que se ha hecho un camino en la urbe más cercana a su puerto, escuchar de República Dominicana es sinónimo de playa, béisbol y merengue.
Hace poco, el colapso de una edificación se llevó a Rubby Pérez, el merenguero más venezolano que tenía esa isla antillana; y al igual que millones de sus paisanos, una tragedia que lamentamos desde cualquier parte del mundo.
Pero el caso particular del fallecimiento de Rubby, entristeció enormemente a todos los venezolanos porque lo queríamos y escuchábamos mucho. Él también formaba parte de nuestra identidad nacional y fue un bonito homenaje el que lo despidieran con las banderas de Venezuela y de su país natal sobre su ataúd. Siempre escucharemos sus canciones y su voz, pero la cita de hoy es con la poesía.
Pues bien, he tenido la oportunidad de conocer sobre algunos poetas clásicos de ese hermoso territorio que se ha ido ganando mi corazón, República Dominicana, y he seleccionado dos autores para traerles esta muestra: Manuel del Cabral y Pedro Henríquez Ureña. Ha sido un encuentro aleatorio con la poesía, así que espero traiga esa brisa del Caribe que es tan admirada por todos.
El primer poeta a destacar es Don Manuel del Cabral, quien nació en Santiago de los Caballeros en 1907 y falleció en Santo Domingo en 1999. Tuvo una producción increíble, abordando temas sociales y su fina línea del horizonte, entre el mar de sus incertidumbres y el cielo de sus cercanías, crean en cada poema palabras de confrontación.
Palabras que permiten al lector estar en presencia de un poema honesto y, sobre todo, se evidencia una línea discursiva que le da forma a una isla entera. Del Cabral aporta en cada escrito un sentido de identidad con sus orígenes y con quien él fue. De la página de la Fundación Manuel del Cabral rescatamos un poema de su autoría titulado Poesía.


Cuando se tiene un objeto de gran valor, como Del Cabral describe, cuesta incluso mirarlo no vaya a ser que de tanto cuidarlo terminemos dañándolo sin querer. Del libro Compadre Mon, leemos el siguiente poema:
Habla, Compadre Mon
Lo que ayer dije yo
a gritarlo vuelvo ya:
¿tierra en el mar?
no señor,
aquí la isla soy yo.
Algo yo tengo en el cinto
que estoy como está la isla,
rodeada de peligro.
Si, señor, mi cinturón:
ola de pólvora y plomo.
Aquí la isla soy yo.
Cabe, lo que dije ya,
siempre aquí, como le cabe
el día en el pico de ave
¡qué bien me llevan la voz
las balas que sueño yo!
El segundo grandioso autor que destacamos, aunque anterior a él, es Pedro Henríquez Ureña. Con Ureña siento una gran afinidad. Este autor nació en Santo Domingo en 1884 y fallecido en Buenos Aires en 1946, fue también filósofo, y aunque pareciera no haber diferencia entre un poeta y otro que además tenga lecturas sobre el ser, en sus textos hay interrogantes que desde la filosofía se han hecho y que, como vuelo lineal, profundo e infinito, tal vez no consigan respuestas en un posible destino al que llegar, pero vuela, vuela entre las líneas de su poesía.

Su pensamiento crítico le hizo tener una distinción notable en toda América Latina y hasta una universidad lleva su nombre la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU).
Aunado a eso se puede entender que fue un poeta viajero, que aprendió el arte de hacer palabras entendibles para todos, cuando uno vuela, parte de lo que se va se queda y donde se está una parte nunca está de veras; su presencia trascendió las fronteras de la isla, no sólo porque vivió en Argentina, sino porque sus ideas han tenido y tienen gran impacto para muchos lugares de Latinoamérica. Leamos un poco de Henríquez Ureña para seguir esta amena conversación en letras:
Aquí abajo
Aquí abajo las lilas todas mueren,
de las aves los cantos breves son,
¡ay! con estíos que subsisten siempre
soñando voy…
Aquí abajo los labios todos queman
sin de su suavidad nada dejar;
y yo sueño con besos que no sean
crueles jamás…
Aquí abajo los hombres todos lloran
sus perdidos amores y amistad;
yo sueño con amantes que se adoran
eternamente con pasión igual!…
No diré más que expresar que el aquí abajo refiere a que hay un allá arriba, es un poema profundamente ontológico, con apreciación por la vida y, a decir verdad, con una calidad estética muy alta. Prosigamos:
Mi reino es el azul: soy una esfinge
de helado corazón, cual cisne blanca;
odio el gesto que rompe la armonía:
mi faz ni el llanto ni la risa exaltan.
Cuando uno está en presencia de fragmentos como estos, entiende por qué es parada obligatoria conocer a este poeta dominicano Pedro Henríquez Ureña.
Entonces nos quedamos con los fragmentos de poesía de Manuel del Cabral y de Pedro Henríquez Ureña en una selección aleatoria de la poesía de la República Dominicana para irnos haciendo un constructo de este hermoso paisaje que tiene tantas cosas buenas que ofrecernos.
Otros poetas aparecieron en la búsqueda como Pedro Mir, Franklin Mieses Burgos, Salomé Ureña, madre de Pedro y una notable profesora y poeta de la época; Gastón Delinge y Aída Cartagena.
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Dando una demostración de que el sentimiento describe espacios que pueden llegar a todos. Esos espacios se encuentran en cualquier rincón rodeado de mar, vestido de sol y de luna, y a veces, así como emprenden el viaje algunas ráfagas de viento, la brisa trae consigo la historia de las palabras de un lugar tan rico en personas, como cuando estamos conociendo la poesía dominicana por dos de sus clásicos autores.
Referencias:
Del Cabral, M. y Mejía de Casado, G. (2001) Compadre Mon. Editorial Manatí (10ma edición). República Dominicana
Fundación Manuel del Cabral (5 de agosto de 2021). Fotografías de máquina de escribir y poema de Manuel de Cabral. Página de Facebook. República Dominicana. Consultado en (https://www.facebook.com/ permalink.php/?story_fbid= 1735416596647964&id= 221386671384305) el 20 de mayo de 2025.
Isliada: Poesía de República Dominicana. Poemas de Pedro Henríquez Ureña (12 de febrero de 2023). Revista digital. Cuba. Consultado en (https://www.isliada.org/ poetas/pedro-henriquez-urena/) el 20 de mayo de 2025.
Henriquez Ureña, P. (2019). Poesías juveniles. (Rodríguez Demorizi, compilador) Publicación original, 1984. Editora Nacional. República Dominicana
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Mirih Berbin (berbinm@gmail.com) es poeta, traductora, editora, promotora cultural y docente. Magíster en Lectura y Escritura en la Universidad de Carabobo (UC). Es profesora asistente de la UC y de la UAM. Es editora adjunta de la página literaria El Diente Roto. Fue especialista de poesía en el Museo de Arte Valencia con más de cien lecturas de poesía dentro y fuera del país. Ha escrito varios artículos arbitrados sobre la enseñanza del idioma y los aportes filosóficos para la educación.
Su poesía se ha publicado en numerosas revistas, páginas y antologías. Fue columnista de la página cultural semanal del Diario La Costa entre el 2009 y 2011. Ha publicado: Mareas (2009) y Hacerme Templo (2016), e Hilos Nacientes se encuentra en imprenta. Su poesía ha sido traducida al árabe, francés, italiano, catalán e inglés.
Ciudad Valencia / Fotografía de la autora @machmillan












