Cuántas veces hemos iniciado una travesía pensando que esa será nuestra única senda a transitar y la vida se ha encargado de hacernos ver que es otra la vía que debemos tomar.
Resulta muy interesante encontrar trayectos y personas diferentes cada día. Agradecer o recrear espacios a veces venidos de la imaginación, a veces sustentados fielmente en nuestras vidas.
Un ejemplo increíble de ello está en los libros que cada autor maravilloso nos ha dado: libros anecdotarios, de romance, de ciencia ficción, de historia, del arte. En cada uno de ellos hay fragmentos de los escritores, parte de sus ideas y pensamientos más profundos. Cada vez que se abre un libro, se abre con ello la sensación de invitarse a tomar un café en la sala de la mente de su autor.
Es necesaria la fuerza de las ideas para que acompañe cada pensamiento sustentado, mientras que el lector se sienta a tomar café y a leer esa historia fascinante que el autor muy gentilmente se ha dispuesto a contar. Les puedo decir que las historias tan geniales que hemos leído son aquellas que el tiempo ha permitido que sobrevivan. Incluso en el mismo espacio, te puedes sentar a leer un poema de miles o cientos de años, y uno escrito hace breves horas, por poner un ejemplo.
A esta hora no se puede poner uno creativo y actuar contrario a la norma, pero en la lectura hay más libertad. Recibimos la invitación con un título interesante, a veces, leemos la contraportada o la sinopsis. A veces nos la jugamos sin saber más nada y nos encontramos con el mundo de las ideas del autor y su propio planteamiento.
Habría que ver si el libro que leemos es el que ha escrito ese autor, o si será acaso el mundo interpretativo que ha surgido a partir de nuestra propia interpretación. Sea de una manera o de la otra, leer una historia es siempre algo encantador y necesario.
En la sala de nuestras vidas, iniciaré la lectura de un poema en solitario escrito por Richard Soriano, luego de su disertación, terminaremos leyendo el fragmento de una novela, que tiene un tono distinto, pero la misma intención de seguir contándonos historias. Los invito a leer el poema Yo puedo sola de Richard Soriano:
Yo puedo sola
He escuchado muchas veces esta frase,
leída y cantada, es más en realidad, nos
hemos preguntado ¿qué hay detrás
de un gran Yo puedo sola?
Detrás, hay un amigo, que sin que
sepas apoyó tus sueños,
hay también una madre, que día a
día te dio un beso,
Detrás hay un amor, que en sus
distintas expresiones,
no te dejó tranquila,
y también nuestro Dios, que nos
regaló la vida.
La vida misma, que según vuestro
concepto,
es dolores, crueldades y angustias,
injusticias y pesares diarios,
y haciendo comentarios de la
crueldad de los humanos,
nos olvidamos del amor que nos
brindan nuestros hermanos.
Detrás estuvo el amor, que tus
familiares te brindaron,
detrás, también el temor de tus
errores pasados,
detrás estuvo sollozando, palabras
que no escuchaste,
aquel gran amor, que tal vez
ignoraste.
y diciendo con dolor, lo difícil del
destino,
camina de forma errante,
maldiciendo el camino,
lejanas, mira sus huellas en la
arena desvanecida,
los recuerdos indelebles de una
vida sufrida.
Soriano, aunque es un autor joven y de este siglo, opta por escribir de manera rimada sus inquietudes. En ella, en su poesía, decanta toda esa compañía que no hemos podido evidenciar cuando se siente la soledad. En ese sentido, se supone que una historia siempre contada es la de ser único y estar solo o sola, porque no hay otras piezas que encajen con uno mismo.
Este poema muestra que no ha sido siempre así, que hay personas a nuestro alrededor ofreciendo el amor en todas sus dimensiones para recordarnos que vivimos en compañía. La tarea es ver cuáles son esas personas que nos acompañan y agradecer su presencia, el tiempo que estén con nosotras. Leamos qué otra historia estamos convencidos de escuchar.
Otra historia que se cuenta es en relatos largos, novelas completas de más de cien páginas en donde hay una trama, una travesía y el viaje del héroe, la transformación y el desenlace. En repetidas ocasiones la mente va completando la información con partes de nosotros mismos, Sin embargo, ese deseo no necesariamente te llega a las mismas conclusiones que ha tenido el autor para darle fin a esa historia. En el trayecto, peleamos con los personajes, nos hacemos cómplices de aventuras, reconocemos el amor incluso antes que los personajes en el relato bien llevado de su autor, y transitamos el camino, del mismo modo, con una suerte de asombro.
Eso quiere decir que las historias, en base a lo dicho, se cuentan de dos en dos (autor-lector) y se vive de uno en uno (relación asincrónica). Cuando leemos una novela, recreamos la travesía de recibir la luz de la mañana y hacer de ese juego de amanecer una vez y todas las que esta existencia nos lo permita, una experiencia compartida.

Imaginemos que de nuestras manos surge una creación, que estamos en presencia de mi yo escritor, y somos como el juego de los legos de mi hijo, que de simples piezas de colores, hacemos tantas formas como mi hijo pueda crear con su lego. Es probable que la primera reacción sea decir que no somos capaces de contarnos historias, que eso se lo dejamos a los escritores consagrados. Acto seguido, le enviamos a nuestros mejores amigos o familiares un audio detallado de todo cuando pensamos sobre una situación específica. El otro lo recibe como el podcast de un famoso y va haciendo una detallada intervención de él. A mi parecer, es lo mismo que se siente cuando nos vamos sentando a leer un libro. Desde luego, vivimos de experiencias propias o compartidas.
Hay una situación que nos acompaña y es la de buscar o perseguir el bienestar, ese donde la angustia no se asoma porque se ha alcanzado un estado de no sobresalto. Particularmente, puedo comentar que estoy a un año de eso, sí, a un año luz, pero a un año. Lo importante es llevar la cuenta. De manera que, una de las historias que contamos es la de los libros escritos para volver a conectar con lo que es importante. El libro «Matar a un ruiseñor» (To kill a mockingbird) de Harper Lee, ha sido de los primeros que he leído del que les dejaré una parte:
LEE TAMBIÉN: “Punto de ebullición”

Y es que lo queramos o no, lo busquemos o no, las historias que nos vamos contando también son un reflejo interior, son la ventana donde se asoma cuáles son nuestros intereses, nuestros gustos, qué perseguimos, qué estamos dispuestos a escuchar y que no, para apropiarnos de la identidad de otros y crear la nuestra.
Entonces, llegados al punto, no resulta descabellado servir un café para uno y acompañarlo con un buen libro, un destacado poema y la conveniencia de darle sentido a las horas porque, después de todo… ¡nos vamos contando historias!
***
Mirih Berbin (berbinm@gmail.com) es poeta, traductora, editora, promotora cultural y docente. Magíster en Lectura y Escritura en la Universidad de Carabobo (UC). Es profesora asistente de la UC y de la UAM. Es editora adjunta de la página literaria El Diente Roto. Fue especialista de poesía en el Museo de Arte Valencia con más de cien lecturas de poesía dentro y fuera del país. Ha escrito varios artículos arbitrados sobre la enseñanza del idioma y los aportes filosóficos para la educación.
Su poesía se ha publicado en numerosas revistas, páginas y antologías. Fue columnista de la página cultural semanal del Diario La Costa entre el 2009 y 2011. Ha publicado: Mareas (2009) y Hacerme Templo (2016), e Hilos Nacientes se encuentra en imprenta. Su poesía ha sido traducida al árabe, francés, italiano, catalán e inglés.
Ciudad Valencia / Fotografía de la autora @machmillan











