La herida es el lugar por donde entra la luz.
Rumi
Visité a mi hijo César en su casa para pasar unos días juntos. El lugar se llama «La Neblina» y en realidad merece llevar ese nombre, dado que hay ocasiones en las que no es posible ver tu mano frente a tu cara. Es un lugar único para escribir, y eso era lo que en todo momento hacía cuando estaba allá.
De esta manera estuve varios cuando mi hijo llegó y me halló en la cama con un intenso dolor en las dos rodillas, pero los venezolanos somos una maravilla, improvisadores, y tenemos la costumbre de automedicarnos. Yo ya había tomado un relajante muscular y después él me aplicó calor en las dos rodillas, aunque necesité reposar acostada, así que tuve que interrumpir la escritura.
DE LA MISMA AUTORA: ¿CUÁNTOS AÑOS TIENE USTED, SEÑORA?
Como él tenía que trabajar al otro día, le dijo a la señora de la bodega de abajo que me llamara y viera qué quería comer, y yo iba cojeando a buscar el almuerzo. El dolor era insoportable.
Así pasaron dos días hasta que nos dimos cuenta de que no era asunto de remedios caseros. Buscó a un traumatólogo e hizo cita para el día siguiente.
Llegué apoyada sobre su hombro al consultorio. Luego de la consulta me mandaron a hacer rayos X.
A los dos días regresamos.
—Hola, Carmen, ¿cómo se ha sentido?
—¡Con dolor, doctor! —le contesté.
—Veo que tienes inflamados los ligamentos y los meniscos en ambas rodillas; así que sugiero infiltración.
—¿Cuántas serían, doctor? —preguntó mi hijo.
—Unas cinco cesiones interdiarias. Si están de acuerdo, sugiero comenzar mañana a las diez.
—¡Aquí estaremos, doctor!
—¡Perfecto! Este es récipe para comprar el medicamento.
Antes de salir, me acerqué al doctor y le comenté:
—Doctor, yo soy escritora y me gustaría hacerle una propuesta: me aterran las infiltraciones, por lo que durante las cinco cesiones le relataré diez cuentos navideños y le garantizo que así estaré más tranquila, ¿le parece?
Él volteó a ver a mi hijo algo confundido y dijo:
—Trato hecho. Tendrá cinco sesiones para contarme esos cuentos navideños… —y se sonrió.
Fue así que a cada infiltración, dos de los secretos jamás contados de diez amigos en una noche de Navidad se iban deslizando cual aquel medicamento en mis rodillas. En cada cesión, el doctor se sentaba en un banco y, en el momento en que acercaba ese monstruo de aguja, yo cerraba los ojos, apretaba el culo y comenzaba a narrar: “Ahora le toca a Milagros… Pasa al centro y cuéntanos tu secreto, amiga”…
Así siguieron mis visitas al médico hasta que llegó el día en que faltaban solo dos relatos y dos infiltraciones. Entonces el médico me dijo:
—¡No te imaginas —ya nos hablábamos de tú— lo mucho que anhelo que llegue pasado mañana para escuchar las últimas confidencias de esos amigos!
—Le adelantaré algo de las confidencias más recientes de pasado mañana —le dije—, pero, por favor, ¡no mueva esa jeringa en mi rodilla!:
Los amigos no se dieron cuenta de que algunos vecinos de al lado, desde hacía un buen rato, los estaban escuchando. Al igual que en cualquier representación teatral, ellos, los vecinos, aguardaban el acto final. Sabían que faltaban dos secretos y ya conocían los ocho anteriores, así que recargaron sus tragos y buscaron pasapalos para no perderse detalles del final.
—Listo —le dije de sopetón.
El médico levantó la vista y comentó:
—¡Eso no se vale!, quedé más picado de lo que estaba. Nos veremos pasado mañana para saber el final de esa reunión. Lamentablemente, termina tu tratamiento. ¿Te has sentido mejor, verdad?…
Nos despedimos con la seguridad de vernos en dos días para terminar el relato de aquellos diez amigos alrededor de una fogata…
¿Y la infiltración?, pues, quedó en segundo plano.
***
DISFRUTA TAMBIÉN:
***

Carmen Beatriz Pacheco (Caracas, 1951) es cronista, dibujante y aficionada al haikú y al microrrelato. Ha participado en el Taller de Lectura y Escritura Creativa del Museo de Arte Valencia (MUVA) con el Prof. Ramón Núñez. También formó parte del grupo CEINFOLEIM, dirigido por el escritor José Luis Troconis Barazarte.
Integra el Laboratorio Narrativo Zuaas en cuyo libro colectivo «Relatos de lluvia (historias que caen del cielo)» (2025) interviene con tres relatos breves. También integra la Escuela Virtual «Historias en Yo Mayor» de la Fundación FahrenHeit 451 (Colombia).
Ciudad Valencia / RN













