Amigas y amigos, constructores de sueños y forjadores de esperanzas. Uno de los objetivos que procuraban lograr los gobiernos y Estados surgidos en el continente al calor de la contienda emancipadora fue alcanzar el reconocimiento político de la Comunidad de Naciones, hecho que traería importantes consecuencias para el establecimiento de relaciones diplomáticas, la adquisición de préstamo, la normalización del comercio y la delimitación territorial, entre otros factores.
Desde los propios inicios del proceso independentista Venezuela procuró alcanzar ese objetivo y convertirlo en instrumento que contribuyera a afianzar la ruptura con el nexo español. Disuelta la República de Colombia (la grande) en 1830, los esfuerzos para lograr reconocimiento político se intensificaron. En el caso de la Metrópolis, España terminó reconociendo la independencia venezolana en 1845, tras un largo y complejo proceso.
Integración Mirandina
El 15 de febrero de 1819, el Libertador leyó ante el Congreso reunido en Angostura su famoso discurso con el que dejaba formalmente instalado el Poder Legislativo y sometía su autoridad a las decisiones que tomaran los representantes de la Soberanía Nacional. Este fue un paso importante en el proceso de institucionalización y reconocimiento de su autoridad política y militar.
Allí Bolívar propuso la creación del Poder Moral, señaló la importancia de la educación popular como un pilar fundamental de la República, defendió la tesis de un gobierno centralista, imploró la abolición de la esclavitud, presentó su proyecto de Constitución y propuso la creación de Colombia, una nueva República que integraría en una sola unidad político-territorial a Nueva Granada, Venezuela y posteriormente Guayaquil y Quito.
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Esta supranación daría los primeros pasos hacia su conformación tras la promulgación de la Ley Fundamental de Colombia, el 17 de diciembre del mismo año, instrumento legal que sentó las bases al proceso de integración; que más tarde, en mayo de 1821, sería ratificado con la instalación del Congreso de la Unión en la población de la Villa del Rosario, en Cúcuta.
Nacía así Colombia, una idea que hacía honor a la visión de integración Mirandina y que los historiadores comenzarían a llamar la Gran Colombia para diferenciarla de la actual República.
La visión integracionista promovida por Miranda y Bolívar no solo era una concepción novedosa que procuraba sacar provecho de las ventajas comparativas y competitivas–como dirían hoy los economistas—derivadas de sus comunes condiciones: un territorio de inmensas potencialidades económicas derivadas de la abundancia de recursos naturales, un proceso histórico signado por el dominio español durante tres siglos, un mismo idioma, religión y aspectos culturales similares.
Con tales características la integración de los pueblos de la región en una unidad política y territorial la convertiría en un polo de desarrollo y factor de primer orden en el concierto de naciones. Un aspecto fundamental para enfrentar el colonialismo que pretendían continuar ejerciendo las potencias europeas, que no dudaban en deponer sus intereses individuales cuando la defensa de un fin superior lo requería.
Ejemplo de ello fue la creación de la llamada Santa Alianza, coalición inicialmente conformada por las monarquías de Rusia, Austria y Prusia, cuyo propósito fundamental era detener el avance del liberalismo en el Viejo Continente; pues sus postulados contradecían, radicalmente, la existencia del orden monárquico.
Desde la Misión Diplomática
Desde el comienzo del proceso independentista Venezuela estuvo en la búsqueda de reconocimiento político y apoyo militar. Este fue el propósito de las Misiones Diplomáticas enviadas por la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, tanto a Londres como a Estados Unidos, en 1810 y 1811. La primera integrada por Simón Bolívar, Andrés Bello y Luis López Méndez; la segunda conformada por Juan Vicente Bolívar—hermano de Simón—Telesforo Orea y José Rafael Revenga.
La creación de Colombia, en 1819, abría el camino para lograr ese reconocimiento pues se trataba de un país de gran extensión territorial, con abundancia de recursos naturales y estratégica posición geopolítica, con amplias potencialidades para el intercambio comercial, que había afianzado su organización jurídico-política con la instalación de sus Poderes Públicos.
A pesar de esta realidad política e institucional, el gobierno de las Trece Colonias persistió en su falsa política de neutralidad, posición que mantuvo a pesar del avance que venía experimentando la causa patriota: la instalación del Congreso en Angostura y el triunfo en la Batalla de Boyacá, en 1819; la rebelión del comandante Rafael del Riego en España que condujo a admitir la existencia de un gobierno republicano en Venezuela, la firma del Armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra con el general Pablo Morillo en 1820; y el triunfo militar en Carabobo en 1821.
Dos perecen ser los motivos que permiten comprender la posición del gobierno norteamericano: esperar el desenlace de la guerra en el hemisferio evaluando las ventajas que para sus intereses comerciales se derivarían de tal situación y, afianzar su aspiración de expansión territorial, lo cual lograron con la venta por parte de España de la isla de Amelia en la península de Florida, una posesión que favorecía su posición geopolítica y con el tiempo facilitaría el despojo del territorio mexicano y su pretensión de apoderarse la isla de Cuba.
Pese a todo, el reconocimiento de Colombia como nación independiente por parte del gobierno de las Trece Colonias ocurrió el 8 de marzo de 1822. Las razones que influyeron en tal decisión habrían sido el curso favorable que la guerra estaba teniendo para la causa patriota, la cual se vería confirmada con el triunfo militar en las batallas de Bomboná, el 7 de abril, y Pichincha, el 24 de mayo del mismo año; así como los planes de integración continental que el Libertador venía planteando desde el año 1817, entre otros, a Juan Manuel Pueyrrendón, para entonces Director Supremo de las Provincias Unidas del Rio de la Plata y José de San Martín, el Libertador de Argentina y Chile; propuesta que años más tarde concretaría en la Convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá.
El reconocimiento norteamericano de Colombia habría sido parte de una estrategia dirigida a seguir más de cerca la política exterior de la nueva República y favorecer el ejercicio de una diplomacia contraria a la orientación integracionista bolivariana.
En el fondo se trataba de dos modelos distintos: la visión colonialista y expansionista monroista promovida abiertamente a partir de 1823, y la integracionista enarbolada por Bolívar desde Jamaica, ratificada en Angostura, y concretada en la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá en 1824.
Que el reconocimiento político no significaba intereses comunes, quedó evidenciado en el papel que jugó la cancillería del Potomac durante la convocatoria y desarrollo del referido Congreso, en 1826.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
Ciudad Valencia/RN













