En estos días post-navideños, se ponen de moda los camellos, ya que fueron el medio de transporte de los conocidos Reyes Magos que viajaron hasta Belén.
El camello suscita leyendas en Asia y el norte de África, desde hace más de 6 mil años, cuando aparecieron las tres especies de él que hoy se conocen: el salvaje, el bactriano o doméstico –ambos con doble joroba–, y el dromedario, que solo posee una.
Cuarenta millones de años atrás, hubo en las regiones mencionadas camellos gigantes, de mayor tamaño que los elefantes, que dieron origen a los actuales.
Su importancia en los países con abundantes territorios desérticos es que no existe otro animal como él para atravesarlos, bajo el sol abrasador, sometido a vientos cálidos cargados de arena y llevando sobre sí a personas y objetos pesados (sí, la frase incluye tanto a personas obesas, como a individuos impertinentes).

Esta capacidad, más su extraordinaria resistencia para soportar la sed, han hecho que los grupos humanos que tradicionalmente lo han usado como medio de transporte le dieran el sobrenombre de La Nave del Desierto.
Y es que el camello puede resistir hasta quince días sin beber agua. Durante mucho tiempo se creyó que esa capacidad se debía a la existencia de unos depósitos naturales de agua junto al estómago.
Hoy se sabe que dichas reservas existen y las constituyen sus jorobas. En estas se conservan hasta 50 litros de grasa que el complejo organismo del camello puede transformar en igual cantidad de agua, solo si la necesita.
También lo ayuda el vellón muy grueso que lo recubre, el cual le impide recalentarse y perder humedad corporal.

Por otra parte, el camello casi no suda, incluso si está sometido a temperaturas por encima de los 40 grados centígrados. Además, la temperatura de su cuerpo se adapta a la del ambiente y oscila entre 40 o 41 grados en el día y 34 en la noche.
A eso se suma el que apenas respire unas ocho veces por minuto y que nunca abra la boca cuando tiene calor, como hacen todos los animales en esas circunstancias, pues con ambas cosas evita la salida de una gran cantidad de vapor de agua, a través de la nariz y la boca.
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Ahora bien, cuando puede, el camello es capaz de beber entre 180 y 200 litros de agua de una vez.
Según han demostrado estudios zoológicos recientes, la capacidad de vivir sin tomar líquidos ni comer no es exclusiva de los camellos, sino también de otros animales propios del continente africano, como la jirafa y algunas especies de antílopes, ninguna de las cuales, por cierto, tiene jorobas.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / Foto del autor: José Antonio Rosales












