Nadie nace herida abierta, algunos llegan al mundo como Rodolfo Santana, con grietas que respiran fuego.
En Guarenas, donde la tierra huele a caña, a infancia y a teatro por venir, apareció un 25 de octubre de 1944. No llegó como hombre, sino como grieta luminosa, verbo en llamas, dramaturgo del asombro.
Murió en Caracas, casi al borde de su cumpleaños, el 21 de octubre de 2012, como si la vida le negara el ciclo completo, como si el telón cayera antes del aplauso final. Pero Rodolfo no murió. Se multiplicó.
Escribió más de ochenta obras, sí, pero no basta con contar. Porque cada una de ellas fue un acto de insurrección contra el silencio, una zanja de papel donde se atrincheraban los desposeídos, los obreros, las putas, los locos, los que no cabían en el teatro de salón ni en la república de los bien hablados. Su teatro no fue espejo, fue puñal. No fue ornamento, fue grito.
DEL MISMO AUTOR: EL HOMBRE QUE SE VISTIÓ DE ESCÁNDALO
Traducido a lenguas que no sabían de nuestras miserias, representado en escenarios que no conocían el olor del Caribe, Santana llevó la rabia y la ternura de Venezuela a Europa y a América Latina. Pero su verdadero escenario fue el país profundo, ese que no sale en las postales: el rancho, la fábrica, la cárcel, la calle.
Sus obras, vivas, mutantes, reescritas una y otra vez como si el tiempo no las dejara en paz, son de las más persistentes de nuestra dramaturgia. Porque Rodolfo no escribía para la eternidad, sino para el presente que arde. Y por eso su palabra sigue incendiando.
Para él, el texto dramático no era una pieza cerrada, sino un organismo vivo, un cuerpo que respiraba al ritmo del país. Cada montaje era una reescritura, cada función una batalla. Su teatro fue un laboratorio de la historia, un espejo roto donde se reflejaban las fracturas de la nación.
Rodolfo Santana fue también director, pedagogo, agitador cultural. Pero, sobre todo, fue un militante de la palabra. No de la palabra bella, sino de la palabra necesaria. Esa que incomoda, que sacude, que obliga a pensar. Esa que no se rinde.
Hoy, cuando el país parece un escenario de Realismo Mágico, su voz resuena como un eco que no se resigna. Porque Rodolfo Santana entendió que el teatro no es un lujo, sino una urgencia. Que la escena es un lugar para decir lo indecible. Que el dramaturgo es, en el fondo, un cronista del alma colectiva.
Y así, en cada actor que grita, en cada espectador que se estremece, en cada palabra que se dice con el cuerpo, Rodolfo Santana sigue escribiendo.
Con tinta de pueblo.
Con sangre de historia.
Con la obstinación de quien sabe que el teatro, como la vida, no se rinde.
Algunas obras de Rodolfo Santana:
Elogio a la tortura, Los Hijos del Iris, La Muerte de Alfredo Gris, El sospechoso suicidio del señor Ostrovich, Algunos en el Islote, El Ordenanza, Moloch, Naufragio, Tarántula, Tiránicus, El Sitio, Los Criminales, Nuestro Padre Drácula, Barbarroja, El Ring de la Seguridad Nacional y otras torturas, La Farra, Las Camas, Babel, El Gran Circo del Sur, Los Ancianos, Nunca entregues tu corazón a una muñeca sueca, El Animador, El Ejecutor, Historias del Barrio, La Horda, La Empresa perdona un momento de locura, Crónicas de la Cárcel Modelo, Gracias José Gregorio Hernández y Virgen de Coromoto por los Favores Recibidos, Fin de Round, Un lugar donde nadie nos mire los zapatos, Encuentro en el Parque Peligroso, Ese Bolero es mío, Rock para una abuela Virgen, Con los Fusibles Volados, Baño de Caballeros, Los ejércitos de Zapata combaten sin reglamentos, Baño de Damas, Mirando al Tendido, Rumba caliente sobre el muro de Berlín, El asesinato múltiple como diversión pública, Ángel Perdido en la Ciudad Hostil, Santa Isabel del Video, Obra para dormir al Público, Asesinas Anónimas, Santa Estrella del Porno, El Hada Azul no tiene Celular, Asalto al Viento, Una tarde poco fastidiosa, Ocho piezas de teatro breve.
“Ana Enriqueta: la maestra que se ocultó en la metáfora” por José Luis Troconis Barazarte
«Encuentro en el Parque Peligroso»
Obra breve en un acto de José Luis Troconis Barazarte
Inspirada en los nombres de las obras de Rodolfo Santana.
Personajes:
• EL EJECUTOR: Hombre de mediana edad, ex funcionario del Estado, con chaqueta militar raída y voz de sentencia.
• LA MUÑECA SUECA: Mujer joven, maquillada como muñeca de vitrina, con tacones rotos y alma vendida.
• EL ANIMADOR: Viejo payaso sin público, con una radio rota colgando del cuello como si fuera un crucifijo.
• EL HIJO DEL IRIS: Adolescente de ojos ausentes, camiseta con la cara de Zapata y alma de profeta extraviado.
Escenografía:
Un parque abandonado, donde los árboles parecen haber olvidado cómo florecer. Un banco oxidado al centro, grafitis en las paredes: “Gracias José Gregorio Hernández y Virgen de Coromoto por los favores recibidos”. Una jaula vacía al fondo. Latas, papeles, y una radio vieja que emite estática y fragmentos de boleros. Oscurece lentamente, como si el sol tuviera miedo de mirar.
Escena única:
(EL EJECUTOR entra. Se sienta en el banco como quien espera un juicio. Mira al cielo, que no responde. Silencio largo. Luego habla, como si hablara con los muertos).
EL EJECUTOR: Aquí no hay sitio. Aquí todo naufraga. Aquí la cárcel no tiene barrotes, pero sí recuerdos. La Seguridad Nacional ya no tortura: simplemente olvida. Y el olvido, créanme, es más cruel que el látigo.
(LA MUÑECA SUECA entra cojeando. Se sienta a su lado sin mirarlo. Su perfume es el de una infancia rota.)
LA MUÑECA SUECA: Nunca entregues tu corazón a una muñeca sueca. Eso me dijo mi madre antes de venderme por un rock para una abuela virgen. ¿Tú crees que la empresa perdona un instante de locura?
EL EJECUTOR: (La mira de reojo, como quien mira una fotografía que duele.) La empresa no perdona ni el silencio. Ni el amor. Ni los zapatos sucios. Ni los sueños que no cotizan en bolsa.
LA MUÑECA SUECA: (Se ríe con amargura) Yo fui secretaria de un ministro que coleccionaba muñecas. Todas rubias. Todas mudas. Todas con fecha de vencimiento.
(EL ANIMADOR aparece desde el fondo, bailando torpemente. La radio cuelga como un relicario maldito.)
EL ANIMADOR: Obra para dormir al público. Eso somos. Un Gran Circo del Sur sin carpa, sin risa, sin público. Yo animé ancianos, criminales, fusibles volados. Ahora solo me queda esta radio y un recuerdo de Santa Isabel del Video, donde los aplausos eran grabados y los niños lloraban en estéreo.
EL EJECUTOR: ¿Y quién te contrató?
EL ANIMADOR: Nadie. Yo nací contratado. Mi madre me parió con un contrato en la mano y una cláusula de olvido.
(EL HIJO DEL IRIS se asoma desde la jaula vacía, como si fuera un espectro que no sabe que está muerto).
EL HIJO DEL IRIS: Yo soy hijo del Iris. Pero aquí no hay colores. Solo tarántulas en las camas, asesinas anónimas en los pasillos, y un ángel perdido en la ciudad hostil que me llama desde Babel, en un idioma que nadie quiere traducir.
LA MUÑECA SUECA: (Lo mira con ternura) ¿Y tú qué buscas?
EL HIJO DEL IRIS: Una revolución que no tenga himnos. Una patria sin fronteras. Un parque donde los árboles hablen.
EL EJECUTOR: (Se levanta, alza el puño como quien invoca una tormenta).
¡Moloch! ¡Tiránicus! ¡Barbarroja! ¡El asesinato múltiple como diversión pública! ¡La farra! ¡Las camas! ¡El ordenanza que nunca llegó! ¡El suicidio sospechoso del señor Ostrovich que nadie investigó!
LA MUÑECA SUECA: (Se quita los tacones como quien se arranca una promesa).
Un lugar donde nadie nos mire los zapatos. Eso quiero. Eso busco. Eso no existe.
EL ANIMADOR: (Se apaga la radio. El silencio es más ruidoso que antes.) Fin de round. Nos vamos. El país ya no tiene telón. Solo viento. Y nosotros, asaltándolo como actores sin libreto.
EL HIJO DEL IRIS: (Se aleja lentamente, como si caminara hacia una revolución que nunca ocurrió.) Los ejércitos de Zapata combaten sin reglamentos. Yo también. Yo también.
(Oscuro. Se escucha un bolero lejano. Nadie aplaude. El parque sigue ahí, esperando otro acto que nunca llegará).
***

José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.
Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.
Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales.
Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación.
Escribe como quien borda, con barro en los pies
cielo en la lengua, fuego en la voz,
con oído de calle y pulso de viento.
Poeta que escucha lo que otros callan
y traduce silencios en tinta viva.
(Reseña de Antonio V. Díaz B.)
Ciudad Valencia / RN













