«El tren pasa primero», por Douglas Morales P.

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En su portentosa novela «El tren pasa primero» Elena Poniatowska precisa la importancia de los ferrocarriles en el desarrollo económico cultural de Latinoamérica.

García Márquez, señalando el progreso de Macondo, dispone que un personaje grite, al aproximarse por vez primera el tren: «Es como una cocina gigantesca arrastrando un pueblo».

En Venezuela el ferrocarril llega en el intento modernizador del Gral. Antonio Guzmán Blanco, cuando en el Centenario del nacimiento de Bolívar (1883) se inauguró el tren La Guaira-Caracas.

Valencia verá el tren, primero con la vía Puerto Cabello-Valencia (1885) con llegada a la estación de Camoruco, estación inglesa, actual rectorado de la UC, y segundo en 1894 cuando el Presidente Joaquín Crespo inicia las operaciones del Gran Ferrocarril de Venezuela, Caracas-Valencia, con llegada a la estación San Blas o Alemana.

En la década perezjimenista retoma bríos el plan ferrocarrilero nacional con la construcción del tren Puerto Cabello-Barquisimeto.

Ahora bien, si en todos los países desarrollados del mundo se mantienen los trenes como medio de transporte de carga y pasajeros, incluso los tranvías o «tramue», ¿qué motivó su desmantelamiento, no solo en nuestro país, sino en la mayoría de países latinos?

Tal como lo denuncia Elena Poniatowska (mejicanísima pese al apellido), existe una versión a la cual me acojo y acepto: las grandes transnacionales del automóvil movieron sus poderosas influencias para que, en lugar de modernizar el parque ferrocarrilero y extender las vías férreas, se abandonaran y finalmente se desmantelaran, y en su lugar construyeran costosas y peligrosas autopistas, enarbolando siempre el discurso «del progreso».  Y mientras en Francia, Inglaterra e Italia sus trenes ancianos son orgullo nacional y negocio turístico, los latinos estamos encadenados a los «Infiernos rodantes», autobuses de todo tipo, gandolas, contaminación y congestionamiento.  Ni Hablar del desarrollo europeo de sus metros (el de París comenzó operaciones en 1890).  Los trenes TVY o ultra rápidos superan en tiempo a los vehículos y los del Japón flotan sobre los rieles.

En conclusión, las multinacionales del negocio automotor hicieron el negocio del siglo XX con la complicidad de nuestros gobiernos, dejándonos en la indigencia motriz y de transporte.

Si algo es necesario incluir en las promesas electorales de la venidera campaña electoral debe ser la consigna: «Por el inmediato reinicio del metro y los trenes».

 

Autor: Douglas Morales Pulido

 

 

DEL MISMO AUTOR: «EL DÍA DE LA MADRE»

 

 

Ciudad Valencia – LSFLC