Feliz Cumpleaños Ciudad Valencia

Cada 28 de julio y la memoria vuelve sobre sus propios pasos para encontrarnos en este lugar de encuentro, en este territorio hecho de palabras, pantallas y sensibilidades compartidas. Este julio cumplió nueve años la versión digital del Diario Ciudad Valencia y la fecha no pasa como una simple cifra en el calendario, sino como la confirmación de una permanencia, de un hábito luminoso que insistimos en nombrar.

A lo largo de este tiempo, el portal ha sido esa ventana abierta donde la ciudad se mira a sí misma, donde los silencios de la calle encuentran voz y el pulso cotidiano se vuelve poesía o reflexión. Sentirme parte del equipo de escritores de este maravilloso diario es un motivo profundo de orgullo y gratitud. Tener un espacio propio en estas páginas digitales me llena el alma, pues sé que la palabra escrita sigue siendo ese puente invisible que nos conecta con el lector atento.

Ya son más de cincuenta semanas consecutivas dándole vida a esta entrega. Cincuenta semanas que se dicen fácil en un suspiro, pero que exigen la disciplina diaria del asombro, la búsqueda constante de la frase precisa y el rigor de quien no quiere fallarle a la hoja en blanco. Mi vida como escritor gira hoy totalmente en torno a esta columna, Ciudad en verso y prosa, que se ha convertido en mi centro de gravedad, en mi respiración y en el cauce por donde vierto mis vivencias, mis versos y mi mirada sobre el mundo.

Celebrar estos nueve años del diario en su formato digital es también celebrar la terquedad del arte y del periodismo sensible. Que sigan sumándose los años, las lecturas y las entregas, porque mientras exista una ciudad que nos habite, habrá siempre una línea dispuesta a deletrearla en verso y en prosa.

 

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Poesía

Aquí la noche

aquí la luz que inventas

en la pantalla.

nueve años son

el agua que pasa

sin hacer ruido,

la palabra que busca

su casa en el aire.

ciudad de vidrio,

ciudad de texto

donde la calle no duerme

y la memoria

guarda la sed.

alguien lee.

alguien espera el poema

como quien espera el alba

detrás del cerro.

la línea sigue limpia.

el tiempo no pesa

cuando la voz se queda.

 

Cuento

El 28 de julio, exactamente a las doce de la noche, las pantallas de todos los teléfonos y computadoras de la ciudad dejaron de emitir su habitual brillo frío y comenzaron a desprender un leve olor a tinta fresca y matas de mango. No importaba que el portal fuera digital; esa noche, la página web de Ciudad Valencia cumplió nueve años y la tecnología, doblegada por la persistencia de las palabras, decidió volverse materia viva.

Dicen que todo comenzó hace casi un siglo de días, cuando el primer clic de la plataforma hizo germinar una enredadera de letras que corrió por los cables subterráneos de la avenida Bolívar. Durante nueve años exactos, las crónicas no solo informaron, sino que alteraron la física de la región. Si la columna de poesía publicaba un verso sobre la lluvia, una llovizna con sabor a papel periódico caía exclusivamente sobre las calles del casco central. Si un reportaje hablaba sobre el calor, el procesador de los computadores hervía suavemente como una taza de café recién colada.

Al llegar la novena velada, los archivos digitales del diario comenzaron a materializarse. De la pantalla de un viejo monitor abandonado en la plaza Bolívar salieron volando pequeños pájaros hechos de tipografía times new roman, cuyas alas sonaban como el tecleo apurado de un redactor a medianoche. Un anciano que leía una nota sobre el viaducto vio cómo de la pantalla de su teléfono caían gotas de agua del río Cabriales, remojando la mesa de su cocina con una corriente que traía pequeños peces dorados marcados con el logo del medio.

En la redacción digital, donde los periodistas llevaban nueve años atrapados en un bucle de inspiración divina, las computadoras no necesitaban electricidad. Funcionaban con el entusiasmo de los lectores. Por cada persona que entraba al portal a leer un relato o un verso, las teclas se hundían solas en el aire, escribiendo la historia de una ciudad que solo existía porque alguien la estaba redactando en tiempo real.

Esa noche, al celebrar casi una década de existencia invisible y palpable a la vez, el diario no ofreció una fiesta común. Los editores enviaron una notificación a todos los suscriptores. Quienes la abrieron no vieron texto, sino una puerta diminuta que se abría en el centro del cristal. Al asomarse con un solo ojo, los valencianos pudieron verse a sí mismos caminando por sus propias calles, convertidos para siempre en los personajes inmortales de una crónica digital que nunca termina de escribirse.

 

José Luis Troconis Barazarte.

 

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José Luis Troconis Barazarte 1

José Luis Troconis Barazarte: El sembrador de lenguajes

Artista, ceramista, narrador y docente, José Luis Troconis Barazarte ha hecho de la interdisciplina su firma. Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca y la Bircham International University, con maestría en Artes Visuales y Escénicas (Strayer College, D.C.), su rigor académico se funde con la pasión de quien vive el arte como destino.

Su huella institucional destaca como exdirector de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador en la Alianza Francesa de Valencia. Al frente de CEINFOLEIM, convierte la enseñanza de siete idiomas, la música y la literatura en un rito de creación permanente, impulsando movimientos de vanguardia como Cacao Tekisuto y Talicre. En este diario, Ciudad Valencia, da vida semanalmente a su columna «Ciudad en Verso y Prosa«, un espacio que define su presente creativo.

Reconocido con la Bienal Internacional Vicente Gerbasi (2017) y distinguido en Atenas como Mejor Escritor del Año 2024-2025 por el Ministerio de Cultura de Grecia, su obra honra una herencia mediterránea que trasciende fronteras. Autor de títulos como EmpáticosCartas a la Soledad y El Evangelio de Caperucita, prepara para este 2026 una ambiciosa serie editorial que incluye Yo sí creo en DiosOm Seti y Lilith.

Médico internista, intérprete de lengua de señas, pianista y director coral, Troconis entiende la sanación y el arte como un mismo gesto de revelación.

“Escribe como quien borda: con barro en los pies, cielo en la lengua y fuego en la voz. Es el poeta que escucha lo que otros callan y traduce el silencio en tinta viva.”

 

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Ciudad Valencia/RM