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Ángel Omar García González: autor de la columna de Ciudad Valencia "Historia y Memoria"

Independencia, democracia y soberanía… Amigas y amigos constructores de sueños, forjadores de esperanzas: El proceso de conformación de la nación que hoy llamamos Venezuela ha sido un camino largo y complejo que puede ser analizado desde diversas perspectivas. Una mirada atenta a nuestro devenir histórico podría advertirnos sobre el esfuerzo que como pueblo hemos realizado para alcanzar tres metas u objetivos que han sido asumidas como prioritarias en distintos momentos a lo largo de los últimos dos siglos, ellos son: la lucha por la independencia, la democracia y la soberanía.

 

Independencia no emancipación:

Los sucesos del 19 de abril de 1810 han sido asumidos por la historiografía patria como la fecha de inicio de nuestra gesta independentista, un proceso acelerado en su momento por la contingencia suscitada en la metrópolis respecto de las abdicaciones de Bayona y la invasión francesa al territorio español, así como por la vieja aspiración del mantuanaje criollo de acceder a cargos de dirección política (Capitanes Generales, Gobernadores, integrantes de la Real Audiencia, entre otros); privilegio destinado a los peninsulares.

Aunque la noción de Independencia podría tener diversos significados dependiendo del grupo social al que nos refiramos: para los esclavos representaba la libertad frente a los amos; para los pardos,  igualdad de derechos frente a los blancos; para los indígenas, respeto a su cultura, tradiciones y posesión de sus tierras; y para los blancos criollos acceso al poder político; la lucha por la independencia entendida como la ruptura con el nexo español tomó mayor auge y consistencia después de 1815.

Con el triunfo obtenido en la batalla de Carabobo, reforzado dos años después con las victorias alcanzadas en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo y la Toma y Liberación de Puerto Cabello, ambas en 1823, se consolidó la independencia, esto es, se logró romper con la dominación colonial impuestas desde el arribo de los españoles a estos territorios a finales del siglo XV.

Pero no logramos alcanzar la emancipación, ya que las antiguas formas de dominación fueron sustituidas en el ámbito de la política exterior, tras la disolución de Colombia la Grande, en 1830, por sutiles y a veces manifiestas formas de coerción ejercida principalmente por la corona británica, país que aspiraba llenar el vacío dejado tras la derrota española en América. Su principal objetivo era monopolizar el comercio para acceder de forma segura y barata a las materias primas que requería su pujante y poderoso sector industrial.

La evidencia más notoria de coerción y amenaza en el caso venezolano fue la progresiva invasión del territorio Esequibo, maniobra que contó, a mediados del siglo XIX, con el respaldo de familias de la oligarquía criolla, quienes propusieron la entrega del territorio venezolano a cambio de alianzas comerciales que favorecieran sus particulares intereses de clase. Visto así, el antiguo colonialismo español fue reemplazado por el neocolonialismo inglés en el siglo XIX y norteamericano en el XX.

 

Las modernas teorías sociales:

La llagada de un nuevo siglo que progresivamente introdujo cambios económicos, sociales y culturales, así como el control político y militar implantado por la llamada hegemonía andina, principalmente Castro y Gómez; contribuyeron a sumergir a la sociedad venezolana en un letargo político durante las tres primeras décadas del siglo pasado. Esa tranquilidad fue alterada por la irrupción de la protesta promovida por los estudiantes de la UCV en 1928, quienes posteriormente, apoyados en modernas teorías sociales, principalmente el marxismo, realizaron análisis sociopolíticos y socio-históricos de la sociedad venezolana (el Plan de Barranquilla uno de ellos) que los condujeron a levantar las banderas de lucha en favor de la democracia como herramienta para combatir el personalismo, la corrupción y progresiva entrega de los recursos naturales al capital transnacional; rasgos que caracterizaban la tiranía gomecista.

 

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La muerte de Gómez en diciembre de 1935 y la masiva e inesperada protesta de los habitantes de Caracas el 14 de febrero de 1936, revelaron la voluntad de cambio del pueblo venezolano. La lucha por la democracia se convirtió, con el transcurso de los años, en la principal aspiración política de los venezolanos, una aspiración que se manifestó en la masiva concurrencia para elegir a los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente de 1946 y en la elección directa y secreta de presidente de la República en 1947, así como en la constante participación electoral en el puntofijismo y durante la Quinta República. La lucha por la democracia fue, así, la gran bandera política del siglo XX.

 

El legítimo depositario:

La llegada de Hugo Chávez a la Primera Magistratura fue de la mano de una oferta electoral que proponía refundar la República, esto implicaba demoler el viejo Estado creado durante el régimen gomecista y la forma de gobierno establecida durante el régimen puntofijista. Por eso su principal oferta electoral en 1998 fue la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que transformara el Estado y perfeccionara el ejercicio democrático otorgándole un carácter participativo y protagónico. Una concepción que se oponía a la democracia liberal representativa del mundo occidental.

La segunda bandera levantada por Chávez fue la defensa de la soberanía popular y la soberanía nacional. La primera implicaba la profundización de la democracia que avanzaba de un carácter representativo a uno participativo y protagónico plasmado meridianamente en el artículo 5 de la Constitución. La segunda significaba, entre otros aspectos, tener un gobierno capaz de tomar sus propias decisiones sin injerencia de potencias extranjeras. Este principio, apuntalado en el pueblo como su legítimo depositario de la soberanía, posibilitó las transformaciones jurídico-políticas establecidas en la Carta Magna de 1999.

Hoy la defensa de la soberanía nacional es la bandera que respaldan la mayoría de los venezolanos, independientemente de su posición política, para exigir el cese de la agresión política y económica que se ejerce contra la patria, así como demandar el derecho a vivir en paz y tener el gobierno que decidan los venezolanos. La defensa de la soberanía nacional es la gran bandera del siglo XXI.

 

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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

Ciudad Valencia