Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: En el inventario de la iconografía patria venezolana una de las pinturas más icónicas alusivas a la gesta independentista es la obra de Cristóbal Rojas sobre la muerte de Atanasio Girardot; pintura que simboliza el hecho ocurrido en medio de los esfuerzos por sostener la restauración del gobierno republicano en 1813, constituido tras el éxito arrollador de la llamada Campaña Admirable.

El trágico episodio, inmortalizado tanto por la elaboración pictográfica como por las acciones que ordenó Bolívar en su momento para rendir tributo al oficial caído en combate, también da cuenta de los esfuerzos conjuntos realizados entonces para enfrentar al imperio español. Esfuerzos que anidaban en una dimensión en la que Bolívar había comenzado a ser persistente: la unidad como requisito necesario para asegurar la independencia.

 

La unidad como estrategia

La dimensión continental de la guerra de independencia y la concepción unionista impulsada por el Libertador Simón Bolívar no fue, como señalaron sus enemigos políticos de entonces, resultado de delirios de grandeza, ambiciones monárquicas o un desmedido afán de poder estimulado por los consecutivos triunfos militares obtenidos desde 1819 en Boyacá, Carabobo, Bomboná y Pichincha.

 

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Muy por el contrario, era el resultado de una concepción geopolítica de la guerra que fue madurando y ampliándose conforme las vicisitudes políticas y militares presentaban nuevas circunstancias y los avatares de la guerra demandaban nuevos retos. Signos de ese pensamiento pueden rastrearse desde el discurso en la Sociedad Patriótica hasta la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá.

Desde los tiempos de la Sociedad Patriótica Bolívar hablaba de la libertad como la piedra fundamental del proceso independentista Suramericano. En Cartagena, al realizar el balance de las causas que condujeron al colapso del primer ensayo republicano, establecía una correlación entre la suerte de Venezuela y el destino de la “América entera”.

La analogía, propiciada para señalar el impacto que significó no haber enfrentado oportunamente la sublevación de la provincia de Coro, le permitió afirmar que en la “proporción” de los hechos”, “Coro era a Caracas, como Caracas era a la América entera”. Desde entonces tuvo plena conciencia que la lucha por la liberación de España no podía estar circunscrita al ámbito local. La independencia de cada pueblo estaba unida, indisolublemente, al destino de las otras naciones.

Destacar la unidad como un aspecto recurrente al que Bolívar dedicó especial atención y para alcanzarla debió hacer parte de drásticas decisiones —pienso en el polémico caso del fusilamiento de Manuel Piar cuya consecuencia más importante fue evitar la división del ejército— es lo que permite comprender la actuación en tierras venezolanas de personajes neogranadinos como Atanasio Girardot, Antonio Ricaurte, Francisco Antonio Zea e incluso el propio Francisco de Paula Santander, cuyo orgullo resultó herido hacia 1816, al ser desconocida por una asamblea de oficiales su pretensión de comandar el ejército de Apure.

La visión estratégica de la unidad continental como requisito indispensable para alcanzar la independencia de España, es uno de los elementos que permite comprender el traslado de Bolívar a Cartagena a finales de 1812 tras el colapso de la Primera República. Tenía perfecta conciencia de la necesidad de contribuir en la defensa de aquella importante provincia neogranadina que se mantenía libre y en abierta rebelión contra el orden monárquico, contando con un gobierno estable.

Fue bajo las órdenes del gobierno neogranadino que Bolívar obtuvo autorización para emprender, en 1813, la llamada Campaña Admirable de cuyo ejército hizo parte Atanasio Girardot con el grado de coronel y comandante de las tropas de las Provincias Unidas de Nueva Granada.

 

Su nombre alcanzó celebridad

El valiente y destacado héroe neogranadino había nacido en la provincia de Antioquia el 2 de mayo de 1791. Su padre fue el ciudadano de origen francés Luis Girardot y su madre la dama antioqueña Josefa Díaz. Estudió Jurisprudencia Civil en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Santa Fe de Bogotá, donde tuvo como profesores, entre otros, a Camilo Torres y José María del Castillo. Sin embargo, decidió dedicarse a la carrera de las armas incorporándose como teniente del batallón auxiliar del ejército neogranadino.

La valentía e impetuosidad del joven militar pronto le valieron el respeto y reconocimiento entre las tropas y oficialidad. Se incorporó a la causa independentista tras la declaración de independencia de Santa Fe de Bogotá, el 20 de julio de 1810. Su nombre alcanzó celebridad en el combate sobre el río Palacé, cerca de Popayán, en 1811.

En dicha acción, ocurrida el 28 de mayo de ese año, destinada a frenar el avance del jefe español Miguel Tacón y Rosique, las tropas patriotas habían contenido durante varias horas las briosas embestidas del ejército realista.

Según diversas versiones, la acción terminó siendo favorable a los patriotas gracias a la osada acción de Girardot, quien sosteniendo la bandera de su regimiento en alto y al grito de ¡victoria!, encabezó el avance de los soldados sobre el puente, acción que desconcertó al enemigo, produciendo confusión, temor y una fuga desordenada.

Tras su arribo a Cartagena, Bolívar fue destinado a comandar acciones militares en la zona del Magdalena, obteniendo importantes victorias en Tenerife, Zambrano, Mompós, Guamal, Chiriguaná, Tamalameque, que permitieron abrir la navegación del importante río y asegurar la comunicación con Santa Fe de Bogotá y Cartagena de Indias, entre otras ciudades.

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Estos triunfos le permitieron avanzar hacia Cúcuta para enfrentar en Batalla al coronel Ramón Correa a quien venció el 28 de febrero de 1813. En esta ciudad esperó la autorización del gobierno neogranadino para cruzar con ese ejército la frontera e iniciar la liberación de Venezuela. La Campaña Admirable. Atanasio Girardot y Antonio Ricaurte fueron parte de los líderes de la hermana nación que acompañaron a Bolívar.

Tras un recorrido militarmente exitoso de tres meses, Bolívar entró en Caracas el 6 de agosto y anunció la restauración del gobierno y sus instituciones. No obstante, a pesar de las victorias, la amenaza enemiga era real y continuaba latente. Las tropas realista atrincheradas en el castillo de Puerto Cabello, tenían capacidad de movilización marítima, terrestre y la posibilidad de una resistencia prolongada.

Tal situación obligó a Bolívar a sitiar la imponente fortaleza y establecerse en Valencia. La salida de Monteverde lo hizo marchar a su encuentro en la batalla de Bárbula, el 30 de septiembre de 1813. Fue en esta acción militar, en el momento en que intentaba plantar la bandera en lo alto del cerro, que Girardot recibió el mortal disparo.

Ese mismo día El Libertador emitió un decreto para honrar su heroísmo y valentía. El artículo tres señalaba: “su corazón será llevado en triunfo a la catedral de Caracas, donde se le hará recepción de los libertadores y se depositará en un mausoleo que se erigirá en la Catedral Metropolitana”.

Tanto la pintura de Cristóbal Rojas, realizada por encargo del presidente Antonio Guzmán Blanco para festejar el centenario del nacimiento se Simón Bolívar, así como la acción ordenada por éste, han contribuido a sembrar en el imaginario popular el momento cumbre de la vida de este héroe binacional.

 

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"La Campaña de Oriente de 1813", por Ángel Omar García

Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

Ciudad Valencia/RN