Mohamed Abí Hassan-taller de cine-Edgar Narváez

Todo comenzó con Cristóbal Colón, según la historia sesgada que nos contaron, impuesta desde los textos escolares mucho antes de lo que hoy día conocemos como historia insurgente o historia no contada, la cual busca irrumpir contra las interpretaciones tradicionales y eurocéntricas, enfocándose en las luchas de los pueblos originarios, los esclavizados, los campesinos y los grupos sociales marginados.

 

Entonces el nombre que salía de la boca prehispánica era acompañado del santo que representaba la orden del sacerdote, o el gusto del soldado para recordar su tierra, sus manes reales. Cientos de pueblos, ciudades y campos poseen estas características en toda la América donde se habla español…

 

Resumen de la geografía de Venezuela, de Agustín Codazzi

 Nos dice Alberto Hernández en Valles de Aragua, la comarca visible, entonces coordinador de la página Contenido de El Periodiquito, diario donde por vez primera publicamos esta y otras crónicas a mediados de la década de los noventa.

Queda como testimonio de la presencia de conquistadores y exploradores en esta tierra de gracia: los Diarios de viajes, de Cristóbal Colón; Elegías de varones ilustres de Indias, de Juan de Castellanos, con sus 150 mil versos; Viajes a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, de Alejandro de Humboldt, y sus Cartas americanas con una correspondencia superior a las 135 mil cartas; y el Resumen de la geografía de Venezuela, de Agustín Codazzi, entre otros. No obstante sus innegables aportes, algunos hicieron las veces de espías de la Corona.

El inventario es largo, tan largo como el olvido. La memoria, frágil, aunque terca como un cuero seco, resistiéndose a la omisión, y no obstante aguardando en algún lugar o cualquier resquicio. Deslizándose por el zaguán, entre los pasillos y el patio de una antiquísima casona colonial o  en el desteñido y curtido mostrador de una pulpería que se resiste a desaparecer.

 

Julio Tovar-General Gómez-Juan Vicente Gómez

 

Despacio vemos aparecer en el mapa imaginario de la aldea la apacible figura de Julio Tovar, tal vez el último descendiente del Conde de Tovar. Así observamos a nuestro personaje mover las manos cual prestidigitador de lo imposible. A la par que junta sus palabras una con otra como en un juego sin fin.

Con sus gestos, su afán y donaire característicos, nuestro personaje nos recuerda que el oficio de escribir es lúdico y placentero, aunque termina imponiendo sus reglas y estableciendo sus pautas. Al final terminamos desconociendo quién manda y quién obedece. La mano que escribe se confunde con la mano que juega; la crónica con el cuento; la historia con la fábula. Queda Julio Tovar con la memoria de la aldea inscrita en el mostrador:

 

Yo me establecí, aquí en Mariara, el 26 de febrero de 1991; estuve 45 años con este negocio. Me vine de El Limón en el año ‘40, como empleado ganaba 30 bolívares mensuales del año ‘30 al ‘40. En esa época esos negocios “gomeros” pasaron a ser de Casanova & Cía. a la muerte del General.
Yo veía pasar al general Juan Vicente Gómez (Hacienda La Mulera, Táchira, 1857-Maracay, 1935) todos los días después de las tres de la tarde frente a la pulpería de la Casa Grande. Pasaba en su carro, un Lincoln, poco a poco, como a veinte kilómetros por hora, por la avenida Caracas de El Limón, hasta el final, a media cuadra donde está la curva. Allí había unos ranchitos que llamaban “El siete”, donde estaban los oficiales y el cuartel. Lo demás era sabana y muchos animales. Gómez se sentaba a ver los chivos, ganado y búfalos.

 

Al respecto, destacamos que Maracay estuvo estrechamente relacionada con Gómez durante su largo gobierno dictatorial, pasando de ser una pequeña ciudad a convertirse temporalmente en la capital de Venezuela y residencia oficial, además de símbolo de su poder autoritario.

 

General Gómez

 

Entonces experimentó un rápido proceso de modernización con la construcción de carreteras, edificios y diferentes obras emblemáticas como el Hotel Jardín, el Hospital Militar, la carretera de Ocumare de la Costa, el Mercado Principal, la Plaza de Toros, la Plaza Bolívar, el Teatro Ateneo, el Parque Zoológico, el Paseo de Las Delicias, el Teatro de la Ópera, entre otros íconos representativos de la ciudad.

Retomando el hilo de la conversa, Julio Tovar gesticula, se lleva sus inquietas manos a la cabeza y con voz trémula nos comunica una de los tantos hechos vividos que revolotean en su imaginario personal:

 

Sobre esa época recuerdo muchas anécdotas y cuentos. Había uno que lo relacionaba a él con los animales. Sus detractores le compusieron una sátira, decían que el general Gómez fue un animal toda su vida porque nació en La Mulera, vivió toda su vida en el zoológico de Las Delicias, con los animales, y el emblema que tiene en el panteón es un águila; por lo tanto seguía siendo un animal. (Risas).

 

–¿Don Julio, ese cuento a quién se lo escuchó?

Bueno, eso se lo escuché a sus detractores. En aquel entonces la gente asociaba todas las coincidencias y ponían su chispa, usted sabe…

 

Julio Tovar-General Gómez-Juan Vicente Gómez

Apuntamos que Julio Tovar fue testigo vivencial de los hechos sucedidos desde el pasado siglo XX hasta los comienzos de esta era. Tal como podemos apreciar, en su conversa campechana no falta la crítica política oportuna, aunada a los recuerdos de su largo trajinar como pulpero, dada su condición de militante de aquella vieja guardia conformada por humildes campesinos que compartían el diálogo fecundo cada día, tras el despuntar de la tarde.

El sabio aldeano prosigue  su trasiego en el tiempo, no hay rémora que se lo impida, sus palabras lo alientan:

 

Fíjese que por aquellos tiempos la gente ganaba de tres reales a dos bolívares diarios en la Hacienda Mariara. Allí en la Casa Grande había un sitio aparte que era conocido como “El Cuarto”, y a un lado estaba la urna de la caridad. Ahí mandaban preso a todo aquel que no iba a trabajar cuatro días a la semana en dicha hacienda, propiedad de Gómez.
Para que no lo arrestaran tenía que mandar a otro a sembrar caña y café. Precisamente aquí (apunta con el dedo índice) de esa parte de la carretera (hoy avenida Bolívar) hasta la laguna, todo eso era una hacienda de café. El kilo valía un bolívar. Yo llegué a comprar el kilo  de maíz “pilao” en un real y lo vendía a 14 centavos [monedas de circulación de la época].
A la Casa grande  la conocían como la Casa de La Hacienda. Servía de referencia cuando los lugareños se encontraban en la capital. Si alguno preguntaba por la dirección de un conocido, entonces le respondían: “Búscalo de la Casa Grande pa´cá (hacia La Fagina), o búscalo  de la Casa Grande pa´llá”…

 

Sus palabras nos remiten a Ezequiel Zamora, quien ejerció el oficio de pulpero antes de llegar a ser el personaje histórico, líder militar de la Guerra Federal, que conocemos. Zamora tuvo una pulpería en Villa de Cura, estado Aragua, donde vendía diversos productos, como artículos para el campo, caballos y mercancías.

Con el paso de los años, esta pulpería se convirtió en un punto de encuentro y  discusión política,  debido al acceso a periódicos y revistas, incluyendo publicaciones socialistas europeas, que influyeron en la conformación de su pensamiento político e ideológico, llevándolo a involucrarse posteriormente en la lucha social y política de su época y a liderar movimientos contra la oligarquía y en defensa del campesinado.

 

Esa casa por dentro y por fuera constaba de muchos corredores y en el medio tenía un “cañón de casa. En aquella época sirvió de botica (farmacia), de dispensario y hasta de cine. Una vez sirvió de refugio de damnificados por las lluvias, y dicen que se encontraron restos de personas cuando se realizaron las excavaciones para construir la sede donde actualmente funcionan las dependencias municipales.
Los viajeros de paso, que venían de lejos, en las noches se quedaban a descansar allí. Las puertas permanecían abiertas de par en par. Los pulperos durante el día habían vendido toda la mercancía.

 

Las crónicas históricas refieren que en dicha casa pernoctó el temible conquistador Diego de Losada, cuando marchaba a la fundación de Caracas en 1567. Fue demolida a mediados del pasado siglo menospreciando su valor histórico cultural y obviando así su posible restauración.

General Gómez-caricatura

Afortunadamente nos quedan los viejos lugareños, suerte de dioses tutelares, salvaguardas del espíritu del lugar, escondidos en sus años para reconstruir el pasado  a través de la literatura oral.

Humildes pulperos con verdadera conciencia histórica, de esa de la que adolece cualquier osado politiquero, suerte de “Mujiquita” de este país. (En la novela Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, “Mujiquita” se refiere a un personaje que encarna la barbarie, la incompetencia, la corrupción y el deterioro social. Valga la burlesca comparación).

 

Aquí mismo, frente a la Casa Grande donde ahora hay una panadería, había una entrada a la Hacienda del gran terrateniente en el que se había convertido Gómez. Cuando llegaban unos motorizados la gente sabía que atrás venía el “Tirano Banderas” venezolano (decimos nosotros).
Había un señor que se llamaba Toribio Gracia, que le improvisaba canciones con un cuatrico y Gómez lo gratificaba con un presente. Recuerdo que los carros de sus escoltas tenían un distintivo en forma de leoncito en la punta del capó. Cualquier carro que portara ese leoncito de distintivo la gente sabía que era “gomero”.

 

Márquez Bustillos

Hay una anécdota que circulaba en la época, de cuando Gómez puso de suplente en la presidencia a un tal Márquez Bustillos (Guanare, 1858-Caracas, 1941). Eso más o menos para que el pueblo no se cansara de tanto verlo en el “coroto”, desde 1908 hasta 1935.
Entonces resulta que va Márquez Bustillos un día por la carretera, no jo’, y en eso va pasando un atado de burros de un lado para otro, entonces en eso le dice el chofer al arriero: “Mire, señor, detenga sus burros que en estos momentos va a pasar el Presidente de la República”. Y el arriero, riendo le responde: “No’jile, ¿y usté cree que yo no conozco al general Gómez?” (Risas).
Todo porque la comitiva presidencial en esa ocasión no llevaba el distintivo del leoncito en el carro, equivalente hoy día a las placas oficiales.

–Maestro, ¿usted tiene algún parentesco con el conde de Tovar?

 

Fíjese que podría ser, porque aquí la gente hace más de medio siglo mayormente era de apellido Tovar. Uno se montaba en los autobuses y el colector leía el listín y todos los pasajeros eran Tovar. Recuerdo que decían: “Bueno, aquí como que se montó toda la familia Tovar”. Según decían, el Conde de Tovar le hacía poner su apellido a toda su descendencia con los colonos. De eso hace ya varios siglos.

 

Ya para finalizar la animada conversa con nuestro amigo nos atrevemos a hacerle otra pregunta:

–Don Julio, ¿acaso no le quedaría por contar otra sátira relacionada con la dictadura gomecista?

 

LEE TAMBIÉN: “El San Juan de Bruna”

 

Claro que sí, mijo. Fíjese que una vez, resulta que en el momento que Gómez hace el simulacro de entregarle el “coroto” a Márquez Bustillos, le dice: “Mire, yo le cedo el poder”, y le pone el machete envainado que hacía las veces de bastón de mando. Enseguida, Márquez Bustillos jala y se queda con la vaina, y el general Gómez jala y se queda con el machete. (Risas).

 

–¿Eso que usted nos cuenta, se lo escuchó a alguien o lo leyó en algún número de Fantoches?

 

No, fíjese que según dicen eso fue así, aunque también puede ser acomodaticio. De todas maneras, como por ese entonces el que tenía el machete tenía el mando, irónicamente la gente  acomodó ese juego de palabras y compuso la crítica mordaz. ¿Usté me entiende, verdad? (Risas).

 

(Continuará). ¡Salud, Poetas!

 

***

 

Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).

Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.

 

Ciudad Valencia