En el siglo XVIII, la única ciruela que se conocía en Europa era la lencina negra, una fruta pequeña y amarga que crecía silvestre en los bosques. Varios tipos de ciruela cultivados anteriormente habían desaparecido, pues los horticultores perdieron el interés por ellos.
Sin embargo, en otras regiones del mundo, particularmente en la parte occidental de Asia y en Oriente Medio, se mantuvo desde la antigüedad el cultivo de múltiples variedades de la fruta, todas obtenidas mediante cruzamientos.
La ciruela japonesa fue una de las más populares. Se le llamó japonesa, aunque en realidad se originó y desarrolló en China, donde se pensaba que procedía de las orejas cortadas de un dragón.
De China, el cultivo se extendió a Japón y allí se le sembró en grandes jardines, en los que se organizaban fiestas en honor a la Luna. Posteriormente, fue tal su incidencia en la vida cotidiana que la floración del primer ciruelo anunciaba la llegada del Año Nuevo.

Más tarde, los griegos cultivaron en pequeña escala una especie de ciruela, pero fueron los romanos los que desarrollaron nuevas variedades y técnicas de propagación.
Con la caída del Imperio decayó el interés por su cultivo y, en la Edad Media, apenas se le sembró en los monasterios, la mayoría de las veces como planta ornamental. Solo a fines del siglo XVII, cuando los horticultores europeos decidieron importar desde Asia algunas especies de ese continente, se reinició la producción y creación de nuevas variedades, más grandes, más jugosas y de mejor sabor y aroma.
La mayoría de esas variedades también ha ido desapareciendo, para dar paso a las múltiples especies que hoy conocemos, todas las cuales –con excepción de la encina negra–, fueron logradas en los últimos doscientos años, mediante cruzamientos.

Actualmente, las más conocidas variedades de ciruela provienen de cruces logrados a partir de la ciruela japonesa. Tales cruces han producido los melocotones, los damascos, los albaricoques y los duraznos. También se han hecho populares otras tres ciruelas: la de Agen (Francia) –la cual, una vez desecada, deviene en la dulcísima ciruela pasa–; la Claudia y la Victoria, esta última, una variedad amarilla y roja, considerada como la mejor ciruela para postre.
Puede decirse que la ciruela es la fruta de la civilización, pues ha evolucionado a la par de esta como ninguna otra.
En Venezuela se cultiva la ciruela de huesito. Un fruto pequeño de color rojo púrpura o amarillo, con una semilla que ocupa la mayor parte de ella. A dicha semilla se le da el nombre de hueso o, mejor dicho, huesito, por su tamaño.
Esta ciruela, muy popular en nuestro país entre marzo y mayo –al punto de que se le vende en los semáforos y a orillas de las carreteras–, posee una pulpa comestible delgada, de color amarillo, con sabor y olor agridulce, que es bastante jugosa.
LEE TAMBIÉN: “Las primeras mujeres aeronautas”
La ciruela de huesito –cuyo nombre científico es Spondias purpurea, no proviene ni de Asia ni de Europa. Es nativa de México y del norte de Centroamérica. En tiempos precolombinos se extendió hacia América del Sur.
Los indígenas mexicanos la llamaron xocotl que significa fruta. Este nombre se transformó en jocote, que es como hoy se le conoce en sus latitudes originales.
Algunos conquistadores españoles la llevaron al continente africano e incluso a Filipinas, donde también se le cultiva y se le considera una planta nativa.
La voz popular para nombrar esta deliciosa fruta es la del título: cirgüela de güesito.
***
Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia










