Estoy harto de escuchar a cada rato la frase hecha de uso excesivamente común: Yo aporté mi granito de arena o Esperamos que cada quien aporte su granito de arena.
Hay quienes la refieren sacando el pecho, como quien recita un poema en voz alta o como a quien el orgullo por su acción le esponja el tronco, como ocurre con algunas aves cantoras.
Nadie se detiene a pensar en cuan inexacta es la imagen, que alguna vez fue literaria, dados los múltiples contextos en que la emplean.
Para lo único que se podría aportar un granito de arena sería para construir o retocar una playa, hacer una cancha de volibol de playa o reunir la cantidad de arena necesaria para construir una edificación o remendarla.
DEL MISMO AUTOR: VOCALES QUE SE REPITEN
En cualquiera de los casos anteriores se requieren millones de partículas de arena para alcanzar el objetivo trazado. Dichas partículas se componen, principalmente, de elementos biológicos como conchas de moluscos o algas coralinas, pacientemente molidas por el oleaje continuo y la acción del clima, durante milenios. Hay en la arena, además, fragmentos minúsculos de rocas también pulverizados por la acción del mar.
El otro día escuché decir en la televisión a un líder progresista que esperaba que cada quien aportara su consabido granito para sacar adelante la revolución. Habría que exclamar: ¡Claro, por eso es que demoramos tanto en dejar atrás los vicios que corroen nuestra sociedad!

¿Sabe usted, amigo líder, cuántos miles de años le toma a la naturaleza formar una playa? El proceso demora, aproximadamente, unas cuatrocientas generaciones. Calculando que cada una de estas se sucede de veinticinco en veinticinco años, tenemos un total aproximado de diez mil años.
¡Casi el tiempo transcurrido desde la invención de la agricultura hasta la fecha!
La agricultura supuso el hito histórico al que los historiadores han dado el nombre de Revolución Neolítica. Fue bautizado de ese modo porque estableció el paso de la humanidad de sociedades nómadas, dependientes de la recolección y la caza, a pueblos asentados permanentemente, capaces de domesticar tanto plantas como animales.
Para que lo sepan quienes niegan la participación creativa de las mujeres en nuestro mundo, la agricultura fue una invención inobjetablemente femenina.
Volviendo al granito de arena, cabe señalar que el uso de tal expresión demuestra pereza mental, falta de imaginación e incluso una carencia de autoestima galopante.
Cierto que la misma trata de conferirle un toque de colectividad y solidaridad a lo que queremos decir, pero tómese en cuenta que la aportación de granos de arena a una acción o una causa representa una demora que deja para los aficionados a las promovidas por la burocracia.
¿No es acaso mejor decir “¡He realizado mi aporte!” o “¡Haré mi aporte!”, que pretender puntualizar lo del granito de sedimento sólido?
Como esta infortunada expresión hay muchas en el habla cotidiana, la mayoría tan inexacta como ella. Dos ejemplos: quedarse de piedra y andar con pies de plomo. Ambas, si bien forman parte del habla popular y transmiten las ideas que pretenden representar, se han repetido tanto que han desgastado su significado: quedarse de piedra supondría más que una sorpresa, la muerte. Tener pies de plomo no expresa cautela, sino la imposibilidad de caminar.
Sería saludable detenerse un momento a pensar, antes de apelar a tales expresiones, si lo que queremos decir se corresponde con lo que decimos.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / RN / Foto del autor Gerardo Rosales













