La Máquina Cultural

Moldear al ser humano es una función de la ideología, Marx la situaría en la superestructura de una formación económica social que, en términos más conocidos, es lo que llamamos sistema educativo, tanto formal como informal. El molde se inserta en una cadena de producción en serie de personalidades, es causa y consecuencia de los diferentes tipos de aprendizajes; por tanto, son múltiples los moldes que el modo de producción capitalista produce y reproduce de manera constante. En la película Tiempos modernos, hay un acercamiento a este tema; pero en la novela 1984 (que también se encuentra en película) se puede palpar con más crudeza.

Creemos que solo las mercancías son producidas en cadenas interminables, sustituyéndose a sí mismas, alcanzando máximos niveles de consumo, ramificándose en cuantas redes de publicidad puedan ser inventadas; los seres humanos también. Existen moldes prefabricados donde el sistema educativo nos vierte para darnos formas, todas estas formas, físicas, morales, éticas, laborales, emocionales, mentales… son cónsonas con el sistema que las creó. El molde perfecto es aquel desde donde una persona piensa: este orden de cosas es universal y eterno; no se puede modificar. Si son múltiples los moldes, son múltiples las series.

La «moldealidad» distribuye la serialidad, y esta reproduce a los moldes y a todo el sistema, a toda la cultura. Un molde determinado se acopla a una serie que le es específica, y esta le otorga sentido histórico y enmarca y justifica sus producciones imaginarias, paradójicamente, estas producciones casi siempre están basadas en no aceptar el molde. Podemos afirmar que la clase socialmente dominante de una época impone un molde de subjetividad, así como su producción. Pero la serialidad puede verse afectada, alterada y hasta interrumpida, por otro discurso que acarree un aprendizaje opuesto o contrario al que generó el molde. Es entonces cuando la maquinaria cultural pone en marcha una gran cantidad de contra-mensajes, de asimilación de lo opuesto e intenta convertirlo en mercancía también.

 

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Según Lacan, discurso es aquello que permite la formación de enlaces entre los hablantes seres, aquello que forma cadenas, nos permitimos agregar que en estas cadenas cada sujeto constituye un eslabón ya sea para la continuidad del proceso o para la ruptura del mismo. De cada molde se desprenden cables discursivos que empalman con otros cables y otros moldes, y todos se determinan entre sí, se confirman y fortalecen. La serialidad supone una marcha, un movimiento que diagnóstica la eficacia del molde. El molde procura que la subjetividad a él adaptada, que se comporten como series sin posibilidad de ruptura. Pero esto no es posible, porque cada discurso posee un ámbito de autoconciencia, de saber o darse cuenta de la posición que se ocupa en la estructura social.

Lo antes descrito funciona en cada subsistema y modalidad del sistema educativo formal; pero también en los aprendizajes al interior de los hogares y en el resto del sistema educativo informal, plagado por mensajes publicitarios de todo tipo. Dentro del hogar se imponen moldes de lo que la sociedad espera que los sujetos deben ser. Desde el punto de vista del psicoanálisis esto podría ser moldes de ideales del yo, a través del discurso del superyó cultural o gran otro; es decir, esa superestructura ideológica donde se encuentra la suma de mandamientos y leyes que rigen y forjan las personalidades. Es preciso entonces que desde los hogares exista conectividad precisa y eficaz con la formación económica y social, con otros ámbitos de la superestructura, para que el sistema educativo en general cumpla con su función de creador de moldes y series.

Dentro de los hogares circula el discurso del poder, los padres son portadores de tal discurso, desde allí se extienden moldes de identificación que se concretan en las figuras paternas, pero que pronto los abandonan para proyectarse en otros moldes que existen más como ideales, como expectativas de lo que se puede llegar a ser y, por contraste, de lo que no se es. En el discurso siempre hay implícito una salida del orden y una entrada en otro. Funciona en las culturas y no solo por la producción de subculturas o contraculturas, las cuales generan conflictos y posibles soluciones; sino también por otros grupos e individuos que intentan anclarse a modos de vida tradicionales y con ello preservar sus subjetividades y sus sentidos de vida. Esto sucede cuando algunos discursos vulneran espacios culturales ya conquistados. Edgar Morin analiza esas formas de pérdidas y conquistas de identidades en su libro Tierra Patria.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)

 

Ciudad Valencia / RM