Casi todos los medicamentos traen en su empaque la advertencia –a la cual, por cierto, bien poco caso se hace: “Producto de uso delicado que sólo debe ser administrado bajo estricta vigilancia médica”. Algo similar debería advertirse respecto a la palabra de hoy: ¡palabra de uso delicado que debe mantenerse fuera del alcance de personas de carácter violento! Lo decimos porque se trata de la peliaguda palabra polémica.
La definición que de ella nos da el Diccionario de la Real Academia en su tercera acepción no puede ser más inocente e incolora: “Controversia por escrito sobre materias teológicas, políticas o cualesquiera otras”. Sin embargo, bien sabemos que pese a tan elegante definición, no pocas veces una polémica puede ser algo más que una controversia y terminar a pescozones, cuchilladas y hasta tiros. Lo cual no deja de tener su lógica habida cuenta de la etimología del vocablo.
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Polémica, femenino del adjetivo polémico, viene del griego polemikos, que además de “referente a la guerra” significa belicoso y pendenciero. El sustantivo de donde se deriva este adjetivo no es otro que polemos, guerra. Otro término interesante derivado de polemos es Polemarca, nombre que recibía en los primeros tiempos de Grecia uno de los nueve magistrados que gobernaban a Atenas, llamados Arcontes. El Polemarca era una especie de Ministro de la Guerra que comandaba el ejército.
Los principales derivados de polémica son polemista y polemizar. Cuando un escritor o un político publica un artículo de prensa que comienza: “Sin ánimo de polemizar…”, hay que prepararse porque a lo mejor por ahí viene una polémica que puede durar meses.
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Tomado del libro “La palabra de hoy / Programa radial” (Cenal, 2014)
Autor: Aníbal Nazoa González (Caracas, 12 de septiembre de 1928 – Ibíd., 18 de agosto de 2001) poeta, periodista y humorista, considerado «uno de los escritores venezolanos que mejor retrató el siglo XX».
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