Del Medanal venimos-José David Capielo-EL 19 DE ABRIL-Simón Girán
José David Capielo autor de la columna Del Medanal Venimos

Tal he señalado en mis vivencias, enero es mes especial de afectos desde mi Coro natal, al coincidir la mayoría de las fechas natalicias de mis familiares cercanos en ese terruño. Una de las fechas que más me impacta es el 24 de enero, Día de Nuestra Señora de la Paz y cumpleaños de mi madre, Paz Agustina Valles Capielo (1920-2010).

Motivado en este hecho, dedicaré este trabajo al complejo y urgido tema de la paz y su contrapartida la guerra. Esta realidad entre guerra y paz, nos afecta a todos. Una especial amenaza la tienen nuestros países latinoamericanos y caribeños en sus luchas por un desarrollo independiente, libre del hegemonismo depredador capitalista encabezado por  EEUU.

La paz es algo imprescindible, más aún ante el riesgo de una confrontación nuclear, con la extinción de toda la humanidad incluida. Estos inicios del siglo XXI, según distintos investigadores, se han caracterizado en especial por conflictos, devastación y violencia, en lo que se ha denominado “guerra de espectro completo”, que prácticamente involucra a todos los seres vivos del planeta.

Las guerras se dan en todas las dimensiones de nuestra vida terrenal, donde se combinan armas convencionales y otras “no bélicas”, junto a modalidades guerreristas múltiples, tendientes a ajustarse a los espacios geográficos, históricos y sociales del objetivo a alcanzar. Pueden proponerse como fin doblegar, aniquilar, generar confusión, pánico, caos o cualquier otro fin que le genere utilidad al agresor.

Para esta fundamentada visión de “guerra infinita”, son las grandes potencias neocoloniales dominantes, con EEUU a la cabeza, quienes la practican contra los pueblos del mundo. Implican saqueo y destrucción, en territorios considerados “desafiantes” al orden hegemónico existente.

Es una contradicción que luego de la caída de la URSS (1991), los EEUU, junto a sus aliados, hayan reforzado la acción guerrerista de la OTAN, ya no contra el “fantasma” del comunismo, sino contra todas las naciones emergentes que puedan disputar su dominio mundial. De allí la agresión permanente  contra China, la Federación Rusa, Irán, la Cuba consecuente de siempre y otros países donde se incluye Venezuela. El “delito” principal es pretender crear nuevos polos de desarrollo y/o ampliar alianzas para el beneficio compartido, sin imposiciones, ni distingos.

La industria armamentista colonialista, que necesita y promueve las guerras, es hoy una de las áreas económicas determinantes del gran capital para EEUU, al punto de capitalizar casi un 40% de las exportaciones de armamentos y pertrechos de guerra en todo el mundo.

Entre 2001 y 2021, EEUU aumentó sus exportaciones de armas de $ 5.590 millones de  a $ 10.613 millones. En esa reformulación de las guerras neocoloniales hegemónicas, los EEUU y sus aliados han optado por el uso de mercenarios o “contratistas” privadas de combatientes que le garantizan asumir eficientemente el trabajo sucio de la guerra, con las llamadas “operaciones especiales”. Luego del extraño y publicitado atentado de las Torres Gemelas en EEUU (2001), éste intensificó una ofensiva guerrerista, bajo el pretexto del combate al terrorismo a nivel mundial.

Particularmente en nuestro país, esta guerra del siglo XXI ha sido permanente. Abarca en esta última etapa desde los intentos iniciales, tras el triunfo electoral y la asunción al poder del Comandante Hugo Chávez Frías (1999), el golpe de Estado de 2002 y todas las  acciones destabilizadoras de ese entonces.

Posteriormente a partir de una nueva victoria electoral bolivariana en 2012, junto al agravamiento, posterior muerte del presidente Chávez y la elección de Nicolás Maduro Moros como presidente en 2013, se intensificó una gran ofensiva contra Venezuela dirigida por EEUU con participación de sus agentes políticos locales. Hubo no solo el desconocimiento del triunfo electoral, sino que se inicia la violencia en las calles del país, ante el llamado del candidato opositor a “descargar la arrechera” con un primer saldo de muertos, heridos y daños a propiedades públicas. Posteriormente vendría lo que tildaron de “la salida”, liderada por Leopoldo López y nuevamente violencia y muertes en nuestras calles y regiones.

Luego, en 2015, además del insólito decreto Obama, acusando a Venezuela como “amenaza inusual  y extraordinaria para EEUU” y el posterior triunfo de la derecha extremista en las elecciones parlamentarias, se intensificaron una multiplicidad de acciones golpistas y destructivas que hasta ahora han causado y siguen causando un gran daño al país.

Se han dado despojos de nuestros recursos y afectación al pueblo todo, con deterioro del salario y obstrucción en el acceso a los alimentos y a otras necesidades básicas. Se ha impuesto una guerra económica, financiera y en especial mediática, que fomenta el caos institucional. Han agredido directamente, con ingreso violento (y frustrado) de “ayuda humanitaria”, intentos de invasión con mercenarios, magnicidio frustrado y la afectación al servicio eléctrico, entre otros saboteos.

Especialmente han creado descontento en nuestro pueblo para descalificar al gobierno bolivariano y provocar su derrocamiento. En especial en el gobierno de Donald Trump (2017-2021) esta visión guerrerista se impuso ante cualquier intento de diálogo o convivencia.

Con Joe Biden han existido solo intentos interesados de EEUU por “atenuar” este guerrerismo. En estos últimos años, Washington ha otorgado algunas licencias para adquirir hidrocarburo venezolano ante sus necesidades. Las medidas coercitivas siguen vigentes. Los recursos robados, no han sido recuperados. Se han dado reuniones de diálogo con la oposición extremista y tutelada por EEUU (“Plataforma Unitaria”), en México (agosto, 2021) y Barbados (octubre 2023), con pocos avances.

El diálogo ha sido defendido siempre por el presidente Nicolás Maduro. En su último informe anual ante la Asamblea Nacional (15/01/24), el Jefe de Estado informó de una conspiración derrotada desde el 2023, donde factores vinculados a la CIA y la DEA estadounidense pretendieron desde Colombia atentar contra su persona y el alto gobierno, con grupos de mercenarios, que incluyó a oficiales venezolanos captados para tal fin. La oposición extremista pro EEUU eligió en elecciones internas fraudulentas a una candidata apátrida y neoliberal, inhabilitada políticamente, y ésta está llamando a incendiar el país si niegan su postulación.

 

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El 2024 es significativo tanto por la realización de las presidenciales, como por la disputa territorial por el Esequibo, que está teñida de provocaciones guerreristas de EEUU y del Reino Unido, defensores interesados de Guyana. El referéndum pro Esequibo en Venezuela obligó a Guyana a sentarse a “regañadientes” a conversar.

Guyana y sus aliados aspiran que se ratifique el despojo arbitrario de 1899. La paz también en esa lucha histórica deberá imponerse con la justicia que nos avala. Contra el colonialismo agresor que nos asedia a diario debemos mantener en alto nuestras banderas bolivarianas. ¡Todos con la paz y por el respeto como país libre! ¡Venceremos!

 

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José David Capielo Valles es ingeniero agrónomo y magíster en Desarrollo Rural, egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Campus Maracay. Nacido en Coro, estado Falcón, en 1949. Es docente jubilado de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Núcleo Canoabo (2016). Es locutor, comunicador alternativo y colaborador de Ciudad Valencia desde 2014.

La Universidad Politécnica Territorial de Falcón “Alonso Gamero” (UPTAG) publicó digitalmente, en noviembre de 2023, su libro “Del Medanal Venimos. Un ensayo autobiográfico reflexivo”.

 

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