La relación de los escritores de mayor renombre con otras tendencias del arte siempre genera interés entre sus asiduos lectores. En lo concerniente a la música, protagonista de esta página, algunos han expresado su afinidad con ella y cómo la conciben.

Expresaba el escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez (El Gabo, Premio Nobel de Literatura 1982) que le gustaba más la Música que la Literatura y que estaba consciente de esa paradoja. Era el Vallenato su género predilecto.
También afirmaba que, si hay algo más importante que escuchar música es hablar de música. Hay dos canciones de Salsa por la cual demostró El Gabo su gusto: “Pedro Navaja” de Rubén Blades y “Juanito Alimaña” de Tite Curet Alonso, cantada por Héctor Lavoe.

Por otra parte, el no menos famoso escritor argentino Jorge Luis Borges definía a este Arte Mayor (la Música) como “una misteriosa forma del tiempo”, puesto que es verdad que la música nos hace viajar de manera inmediata y logra que no se perciba el paso del tiempo por lo amena que resulta y las evocaciones que despierta.
También llegó a afirmar El Gabo que, en el caso de la música, los mejores o más destacados de sus nombres iniciaban con la letra B, mencionando como referencia a Beethoven, Bach y The Beatles.
Otro ilustre argentino, quien soñó con ser jazzista y se atrevió a sacarle unas cuantas notas a un instrumento tan complejo como la trompeta, además de ser un devoto tangófilo, fue Julio Cortázar, quien siempre puso en evidencia su admiración y gusto por los jazzistas estadounidenses, entre los que figuraban el saxofonista Charlie Parker, el trompetista Miles Davis y el pianista y compositor Thelonious Monk (a quien dedicó el escrito «La vuelta al piano de Thelonious Monk»).

También dedicó Cortázar un artículo a su siempre admirado trompetista y cantante Louis Armstrong, incluido en su libro La vuelta al día en ochenta mundos, titulado “Louis, enormísimo cronopio”. En uno de sus libros póstumos (“Papeles inesperados”) está incluido un artículo dedicado a su admirada Tata Rinaldi, figura indiscutible del Tango. También se sumaba a sus preferencias musicales la ópera, las cuales nutrieron su infancia desde el fonógrafo y también en conciertos en El Teatro Colón bonaerense.
El escritor venezolano José Napoleón Oropeza (fallecido recientemente) fue uno de los escritores y críticos literarios más respetados, quien residía en Valencia, Venezuela, y fue profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de Carabobo, en su mención de Lengua y Literatura.

Recuerdo que siendo yo uno de sus alumnos en esta mención y en la materia Análisis Literario I, una vez se tomó la licencia de contarnos parte de su experiencia cuando vivía en Londres y hacía su tesis doctoral. Tenía él como hábito levantarse todos los días entre 4 am y 5 am para escribir, pero lo que nos sorprendió a todos en ese momento fue cuando nos dijo que prendía su equipo de sonido y escuchaba a fuerte volumen a Los Corraleros de Majagual de Colombia mientras escribía.
Yo fui uno de los que pensó que mencionaría a Bach, Schubert, Vivaldi, Beethoven o cualquiera de las luminarias de la música clásica, esto sin desmeritar en lo absoluto nuestra música afro-caribeña. La gracia expresada en la narración del profesor Oropeza ponía de manifiesto su conciencia del contraste entre la hora, el lugar y el tipo de música. Por otra parte, su gran admiración por el cantante venezolano Felipe Pirela (“El Bolerista de América”) lo inspiró a escribir una obra en su honor titulada “Entre el oro y la carne”.

Siguiendo con escritores del patio, es decir, de Venezuela, hay una escritora que, hasta donde sé no está casada con un estilo de música en especial, por el contrario, se mueve en la diversidad, una especie de diletante musical, así parece ser Laura Antillano, Premio Nacional de Cultura 2015, mención Literatura, pues gusta del Jazz, de la Salsa, disfruta las producciones de Fito Páez, Joaquín Sabinas, Joan Manuel Serrat, Hevia (gran representante de la Gaita española) a quien descubrió por los altavoces del aeropuerto de Madrid en una ocasión; también disfruta del fado de la portuguesa María Rodríguez, y de las canciones de la cantante africana de habla portuguesa Cesaria Évora (de Cabo Verde), así como también la música clásica (recuerdo, por ejemplo, cómo disfrutó aquellos conciertos de Los Tres Tenores Pavarotti-Domingo-Carreras).
Pues es notorio el buen y amplio gusto de nuestra laureada Laura quien, además, con su presencia honra al periódico Ciudad Valencia y al equipo de escritores colaboradores al incorporarse con su columna “La Palmera Luminosa”.

Si hay un escritor que siempre manifestó una estrecha relación con la música fue el poeta cubano Nicolás Guillén, “El poeta de la Negritud”, como lo apodaban. Su vínculo con el Son, el Bolero, el Guaguancó, entre otros géneros musicales, se percibe en su poesía asociada a lo folclórico, lo cotidiano, lo popular, lo social y cultural de su natal Cuba, destacando la intensidad, repercusión y trascendencia que ha tenido esa inyección africana en nuestros pueblos.
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Uno de los temas musicales de mayor éxito en la Salsa, cantado por el boricua Héctor Lavoe, fue “Sóngoro consongo”, incluido en la producción “Comedia” (1978) con arreglo musical de Edwin Rodríguez. Este tema está basado en el poema de Nicolás guillén titulado “Si tú supieras”.
Por otra parte, los invito a leer también el poema de Guillén “La canción del bongó” en el cual se puede apreciar su sentido del humor, su conexión con la música y su mensaje cargado de crítica. Posteriormente presentaré a otros escritores y su estrecha relación con la música.
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Ramón Emilio Toro Martínez (Caracas-Venezuela, 1966) es licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC) en 1993. Es también Productor Nacional Independiente y locutor con experiencia en el desarrollo de programas radiales sobre música afrocaribeña en la ciudad de Valencia, estado Carabobo: Ciento por ciento Natural, por Lago 91.5 FM; Letras y Notas, por Salsera 96.3 FM, y Óyelo que te conviene, por RNV Región Central 90.5 FM. Es autor del libro «Letras y Notas sobre la Música del Caribe» (2020), presentado en la FILVEN Caracas 2020 (Casona Cultural Aquiles Nazoa) como el único proyecto editorial independiente de ese año.
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